‘Praga mortal’: un asesinato en el corazón del régimen nazi

28 septiembre, 2012

El escritor escocés Philip Kerr. FOTO: PHIL WILKINSON / TSPL

El escritor escocés Philip Kerr. FOTO: PHIL WILKINSON / TSPL

JOSE VICENTE RODRÍGUEZ

Bernie Gunther, el detective más cínico de la novela negra –aparte por supuesto de Philip Marlowe– regresa en un caso de misterio digno de Agatha Christie. El protagonista de la célebre saga Berlín negro acude en esta ocasión a la Praga de 1941, dominada por los nazis bajo el terror que desplegaba Reinhard Heydrich, uno de los más ominosos lugartenientes de Hitler.

Con Praga mortal –el octavo título de una serie literaria que arrancaba en 1992–, el escocés Philip Kerr ha querido exprimir al máximo las neuronas y el ingenio de Bernie, enfrentándolo a una fórmula clásica: un crimen cometido en una habitación cerrada y del que son posibles sospechosos todos y cada uno del grupo de jerarcas nazis que han sido invitados a pasar el fin de semana en la mansión de Heydrich en Praga. Kerr ofrece además en esta ocasión un relato enteramente lineal, sin esos saltos temporales en la vida del detective Gunther tan habituales en anteriores novelas.

La omnipresencia de Heydrich en Praga Mortal –aunque ya había aparecido como secundario en otras entregas– es un aliciente añadido en el libro, dada la mórbida fascinación que siempre ha destilado el repugnante individuo. Heydrich era apodado, entre otras lindezas, «la bestia rubia», «el carnicero» o «el verdugo», y era el hombre de confianza de Himmler y Hitler. Además, fue el ideólogo de la solución final para acabar con el «problema» judío. No hacen falta más comentarios. Su muerte en atentado cuando circulaba por las calles de Praga en su Mercedes descapotable acabó, por fortuna, con su prometedora carrera en el Tercer Reich.

Kerr demuestra en Praga mortal que sigue igual de mordaz que siempre, dotando a sus relatos de una inusitada profundidad histórica que ofrecen muchos detalles esclarecedores. Por un lado, los estragos que empezaba a sufrir la población berlinesa en forma de racionamiento y carestía de productos básicos mientras los altos cargos del partido nazi, entre ellos Heydrich y su cuadrilla nadaban en la abundancia. Por otro, el compadreo del que gozaban los norteamericanos residentes en la capital germana antes todavía de que su país entrara en la guerra.

El autor pone en boca de su detective todo el sarcasmo del mundo para diseccionar un régimen nazi corrupto hasta la médula, desde su propio planteamiento vital y político hasta la deslealtad que demostraron hacia el propio pueblo alemán, al que manejaron como marionetas. De hecho, Bernie Gunther es el único al que Heydrich permite que le cante las cuarenta sin mandarlo fusilar, sabedor de que el detective es tan lenguaraz como eficaz en su trabajo. Descubrir al asesino del oficial Kuttner, un tipo al parecer con el que todos tenían cuentas pendientes, será la misión de Gunther. Los interrogatorios a los que someterá a los miembros del partido servirán al lector, de paso, para comprobar la decrepitud del régimen de Hitler, formado por advenedizos ideológicos, corruptos profesionales y sádicos vocacionales.

El magnífico relato se completa con un imponente telón de fondo de espionaje y contraespionaje. Heydrich estaba obsesionado por encontrar al capitán Yaclav Moravek, el último de los denominados «tres reyes» que lideraban la resistencia checa, y al mismo tiempo sabía que alguien de su entorno era un espía que suministraba información a la Inglaterra de Churchill. Un canal de información que, en parte, fue el que propició la organización del atentado que en 1942 le costaría la vida a Heydrich.

Kerr especula incluso con alguna tesis audaz en torno a la muerte del nazi, ya que murió en el hospital de forma sorpresiva cuando empezaba a recuperarse de sus heridas. Intriga e historia servidas en una combinación casi perfecta.


FICHA
Praga mortal
PHILIP KERR
RBA
19 €

Berlín, septiembre de 1941. El detective Bernie Gunther debe abandonar todas sus ocupaciones en Homicidios para atender un asunto de mayor envergadura: pasar un fin de semana en la casa de campo que su antiguo jefe en el SD tiene en Praga. Lo que en principio se presenta como una soporífera reunión en compañía de los más detestables oficiales de las SS y el SD, se convierte de repente en una prueba de fuego para la reputación de Gunther como investigador: deberá descubrir cómo alguien ha podido ser asesinado en una habitación cerrada por dentro. Lo que hay en juego podría llegar a repercutir en las más altas esferas del Reich.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: