En el alambre, la vida

13 diciembre, 2014

GUILLERMO BUSUTIL

LA REALIDAD NO ES LA MISMA REALIDAD SEGÚN QUIÉN LA VIVA. La mayoría de la gente se mueve por ella sin advertir demasiado sus sombras, los pasadizos que la conducen a otros ámbitos. Todo el mundo admite que la realidad es una rutina y un vértigo. Pocos reconocen que también es un trabajo y una forma de violencia. Los escritores lo saben. Aquellos con trayectoria que parten de su territorio o lo deconstruyen para crear literatura al aguafuerte o una abstracción americana de la realidad, y los que empiezan recurriendo a ella para adiestrar la mirada y la voz, componiendo la acuarela de una historia. Igual que ha hecho Santi Fernández Patón en Grietas, XIX Premio Lengua de Trapo. Una novela que transcurre en la calle, en la piel de los días que nos cercan y nos convierten en productos de una crisis. Ese viejo consejo de escribir acerca de lo que se conoce, de lo que se ha vivido, de aquello que a uno lo rodea: los movimientos sociales, el trabajo basura, las empresas de trabajo temporal, el paro, las dificultades de comunicación, las cargas, el museo Reina Sofía y una exposición sobre Artaud, los McDonalds, los muros de facebook, las fantasías sexuales, las urbanizaciones fantasmales de la Costa del Sol.

CADA UNA DE ESTAS COSAS forman parte del graffiti de la realidad social. Fernández Patón dibuja su crítica a color, pero exenta de carga de profundidad, de una mirada más allá de esa violencia de la realidad que retrata con sinceridad y una actitud de compromiso que se queda en gesto. Son más bien piezas informativas, partes bien colocadas como atrezzo en la historia rebelde sobre el capitalismo como patriarcado de la maternidad, de las enfermedad emocional, de la crisis. Sin duda que podría haberle sacado más partido. Explorar sus abismos, sus aristas. Está claro que en un futuro cercano lo hará porque Fernández Patón tiene mirada y pulso.

GRIETAS ES EL RETRATO CONTEMPORÁNEAO de un hombre común a través de las mujeres. Un hombre que entra en la madurez con varias cicatrices y el sueño en construcción de ser escritor. Helga, Raquel, Lucía, Sonia. Dos examantes que lo van enfrentando a sus sombras, a buscarse en Latinoamérica, a encontrarse de repente como padre a solas de una hija. Dos mujeres en las que el amor ha sido un vacío, una equivocación, la derrota de un hombre desarraigado de afecto. Y otras dos mujeres que le  proporcionan el autoconocimiento, la fragilidad del amor y en cierto modo una especie de redención. Una, Lucía, la principal, lo arrastra a una relación tóxica de dependencia a tres. Y le permite al autor diseccionar la anorexia como enfermedad. No sólo alimenticia, también la emocional que envuelve a una madre que renuncia a su cuerpo y a su hija; a otra que se niega la posibilidad de ser feliz. Al hombre víctima de sus fracturas emocionales.

ESTE TIPO DE ANOREXIA, junto con la soledad, el sentimiento de culpa y la familia, son los pilares con los que Santi Fernández Patón ha construido una novela realistacon aciertos cuando aborda la orfandad emocional, la culpa y las heridas familiares y las formas de su desestructuración. También cuando se acerca al análisis de la enfermedad con sus mentiras y sus bucles, y sobre todo a la mentira en la que se mueven los personajes, lo mismo que en su inseguridad emocional. Sin embargo se echan en falta más fondo y aristas en los protagonistas que son más bien arquetipos. Se hace imprescindible, por ejemplo,  conocer más a fondo la verdad interior de las mujeres. Son grietas por las que la historia pierde fuerza. No obstante no ponen en peligro la buena construcción de la trama que, a pesar de demandar mayor profundidad indagatoria, está narrada con un lenguaje sobrio y serio, aunque pendiente de una mayor exigencia e intensidad que se intuye en este escritor con futuro que mira con criterio, en el alambre la vida en la que desatacará lo que escriba.

Grietas, de Santiago Fernández Pató

FICHA
Grietas
SANTI FERNÁNDEZ PATÓN
LENGUA DE TRAPO
17 €

Hace algunas décadas aprendimos que lo personal es político o, dicho de otro modo, que lo individual no se entiende sin lo colectivo. Solo de esta manera el narrador de esta novela podría comprender su paternidad forzosa; solo así Lucía, el personaje principal, comprendería la extensión de su cruel enfermedad: la anorexia. Tal vez también lleguen a entender algo sobre el encuentro con los otros.

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