El sueño del sexo

19 junio, 2015

GUILLERMO BUSUTIL

LA BELLA DURMIENTE. El deseo de unos labios que respiran ausentes, un cuerpo que despierta dentro de un sueño abierto con un beso. ¿Qué siente la joven?, ¿qué vida secreta esconde? Kawabata indagó en ese estado catatónico de la belleza que sólo puede poseerse imaginariamente, sin tocarse, sin aprehender la placidez que aguarda la excitación. Sus bellas durmientes japonesas eran la visión narcótica del más sublime e imposible de los deseos. No sé si Perrault primero y los Hermanos Grimm después escondieron en este cuento de iniciación una trampa psicológica, el sendero de un jardín que se bifurca entre el sexo y el onanismo, la sumisión y la reivindicación de la igualdad. En cualquier caso su misterio, la atracción de la bella durmiente abre jugosas posibilidades a la narrativa que la explore. Igual que ha hecho Antonella Cilento en Lisario o el placer infinito de las mujeres, una novela traducida por Carlos Gumpert en cuyas páginas el erotismo, la reivindicación de lo femenino y el poder de la comunicación son las sábanas de una singular novela histórica, envolvente y deliciosa que no pretende ser un fresco de época, sino un divertimento que plantea qué sucede después de consumar el sexo. En qué consiste el misterio del goce que se posee y qué universo engloba el placer femenino cuando se libera. Excelentes preguntas que han impregnado no pocas novelas y ensayos desde Bocaccio, el Marqués de Sade y Bataille hasta muchos de los títulos de aquel premio, La Sonrisa Vertical, como Historia de O, cuyos labios dejaron un día de tener éxito editorial.

UNA JOVEN, BELISARIA MORALES, a la que un cirujano en su niñez la deja sin lengua con cierto beneplácito de un padre al que poco importa lo que ella piense o sea capaz de escribir a solas, se desvanece dormida en un voluntario fingimiento frente a su concertada boda con un hombre anciano. El gesto rebelde, el del desmayo, que recuerda el fenómeno de la histeria muy refutado por la pintura y la literatura del XIX en torno al hospital parisino de la Salpêtrière en el XIX y a los estudios de Charcort acerca de la histeria. La joven duerme y encarna el misterio del intenso placer que aterra a quién lo contempla, especialmente si es hombre. Nadie es capaz de descubrir lo que padece la joven, hasta que la familia recurre a joven médico, Avicente Iguelmano, que cura a sus pacientes con píldoras de azúcar y se desvanece si ve una gota de sangre. Él será quien consiga despertarla, no con un beso enamorado, sino con toqueteos de íntimas yemas cada vez más intensos. Su éxito provoca que los padres de Lisario se la ofrezcan como recompensa al médico. A partir de ese instante, la estimulación del marido se transforma en un estudio frío, sin afecto alguno, acerca de qué se esconde en el deseo de la mujer cuando es ella la que se se procura placer a sí misma. Un misterio que le obsesiona y lo aleja de cualquier comunicación con Lisario. Una soledad que contrasta con el bullicio de la peligrosa Nápoles del Seiscientos, bajo el Virreinado español, en la que la historia de la joven se entrecruza con la del pintor francés Jacques Colmar, y la del holandés Michael de Sweerts, perseguido por su pasado. Tramas que sirven de excusa para situar al lector en la vida de la ciudad que amó Caravaggio y como atmósfera de fondo a la protagonista femenina que en secreto lee las Novelas Ejemplares de Cervantes, escribe y traza epístolas a la Virgen como si fuese la psicoanalista a la que confesar lo que su mudez impide en palabras.

SENSUAL Y ÁGIL HISTORIA de Antonella Cilento sobre los límites del deseo y la libertad femenina mucho más interesante en el tono, en la aspiración literaria y en la trama que la célebre novela, en película también, causante de tanto revuelo.

FICHA
Lisario o el placer infinito de las mujeres
ANTONELLA CILENTO
ALFAGUARA

18,90€

La protagonista de esta historia es una joven súbdita de noble cuna del Virreinato español. Muda desde la infancia a causa de una torpe intervención quirúrgica, lee a escondidas a Cervantes y escribe cartas a la Virgen para aliviar la soledad de su silencio. Solo es una niña cuando sus padres le proponen que se case con un anciano de aspecto repulsivo: para substraerse a la obligación, ella decide dormirse y no volver a despertar.

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