El ruedo del doble

18 enero, 2016

GUILLERMO BUSUTIL

Ser otro. El que se sueña ser en otra piel o el que se empareja con un rostro que le suena en el espejo. Los ojos, los labios, la frente, el gesto, la imagen de alguien al que nos parecemos tanto que podemos suplantarlo. No se trata de ser gemelos. Más bien es ser un desdoblamiento que se convierte en un arte de  la impostura. Lo saben bien esos dobles de célebres dictadores a los que nadie reconocía como falsos, excepto sus íntimos al tanto de un gesto cómplice. He conocido también tipos a los que han confundido con personajes famosos, y ellos han jugado a enredar el juego. Ser el otro es más fácil que ser Otro. No hay que inventar un personaje, simplemente exige esmerarse en parecerse a un primer plano, en los gustos, en los gestos, en las peripecias. Un oficio de pícaro que ejerció José Sáez, un joven buscavidas de 18 años que sueña en su Jaén natal con ser matador con un clavel rojo entre los labios. Tiene talento pero sobre todo un increíble parecido físico con Manuel Benítez El Cordobés. El punto de inflexión, el motor que lo lleva a torear en la España de los sesenta haciéndose llamar El Otro. Este es el cauce por el que transita la docunovela de Berta Vias, ganadora del XXVI Premio Torrente Ballester.

El engaño como salida y como búsqueda en la época pop de un país funambulista entre el desarrollo, el hambre y una política gris que destensaba la vieja y férrea red de la posguerra. Circunstancias ideales para la máscara y la impostura, para sacarle lustre a la antigua picaresca del ADN español. Ser torero y ser el Otro tiene en sí mismo un estigma borgiano y un guiño berlanguiano a la vez. Lo filosófico del absurdo y la parodia amarga. Lo  normal es que Sáez se hubiese apodado con un adjetivo heroico, propio del oficio o un gentilicio patrio como denominación patanegra. En cambio fue siempre el Otro. El reflejo ilegítimo del original. Toda una declaración de principios a la hora de lidiar con amores, con el miedo, la fama, los negocios, el ruedo de la vida en cuyas arenas se dirime el éxito y el fracaso, la supervivencia y las heridas. La condición humana frente al poder omnívoro de la fama que también devora a sus hijos. Son los temas en los que Berta Vias indaga con la habilidad de enfrentar las dos caras de la moneda de una historia y su eco. El Cordobés y El  Otro. Y entre ambos el salto de la rana y los zarandeos del destino. También el mismo puente: el del trabajo de construirse una vida con la que escapar ambos del otro al que por clase social estaban condenados a haber sido.

¿Qué significa el deseo de ser el que no se es?, ¿cómo se sobrevive a la mediocridad?, ¿somos nuestra propia ficción?, ¿qué es el fraude?, ¿qué escalón separa la gloria del descenso?, ¿en qué momento uno decide seguir en fuga o retirarse para reencontrarse? Berta Vias desmenuza, tensa y propone entre estas preguntas y sus posibles respuestas. Lo  hace con una prosa aséptica y literaria, sensible y personal en su lenguaje, a que juega a la falsa crónica y al relato, al reportaje de investigación y al biopic lúdico. No es Carrère pero lo recuerda, y al igual que el francés en lo hondo lo que subyace es la culpa, la redención, la identidad, la locura, la inmortalidad, los sueños y las trampas de todo espejismo. Uno solo y desnudo frente al espejo de sí mismo y sus sombras. Y lo hace Vias consiguiendo que aflore lo humano, cierta ternura triste, la vieja épica del fracaso y su elegancia –no puede Berta Vias dejar de  lado su impronta camusiana, presente en sus libros-. Tampoco la sutileza casi poética de sus narraciones, aunque presente la coartada de haber buscado, hallado y conversado con el sujeto de su historia. Al final, su vida en la cuerda floja le otorgó una valiente identidad. Más anónima pero más cercana al heroísmo de la ingenuidad.

FICHA
Yo soy El Otro
BERTA VIAS
ACANTILADO
17,10 €

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