El reconstructor del tiempo

1 mayo, 2016
Juan Marsé renueva su compromiso con el tiempo recobrado.

Juan Marsé renueva su compromiso con el tiempo recobrado.

Marsé vuelve, de la mano de Lumen con Esa puta tan distinguida donde, como en todo el historial narrativo de Marsé, la memoria cobra su protagonismo, e incluso la convierte en puta distinguida. Como viene ocurriendo, el escritor usa su escritura contagiosa para convertir su novela en un libro necesario, en una historia de lectura obligada

JAVIER GARCÍA RECIO

Cuando allá por 1970 o 71, a la altura de mis 18 años de entonces, leí Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé descubrí en aquella España, que en la literatura española no todo era gris y fantasmal, que, por encima de los falseamientos y los dobleces (de las «pupurrutas imperiales», diría él), la realidad de aquella España –que no el realismo– tenía testigos que querían y sabían desnudarla. Sin panfletos, con la alta calidad literaria de este autor. Marsé escribía para contar, para rescatar del olvido, y a base de hacerlo nosotros sabemos por sus libros mucho más de nosotros mismos.

Su carrera ha ido creciendo con una obra narrativa que discurre obsesivamente en los mismos escenarios, la misma ciudad, (Barcelona); el mismo barrio, (El Guinardó); las mismas calles o las mismas salas de cine, y que cuenta siempre con el mismo puñado de héroes y de heroínas.

Todo eso es y está en Esa puta tan distinguida, su último trabajo que acaba de publicar Lumen. Estamos en 1982, con la transición política ya en estado de casi madurez, con los socialistas a punto de hacerse con las riendas políticas de todo. Es entonces cuando el escritor es requerido por un ilustre director del cine español antifranquista para que se encargue de escribir el esbozo de un guion de cine y el escritor acepta. A partir de ahí entran en escena los demonios que mejor sabe exorcizar la literatura de Marsé: el guion versa sobre un asesinato cometido en la cabina de proyección del cine Delicias, en su barrio, una tarde de lluvia de enero de 1949. La víctima, una prostituta que tenía por amante a un falangista; el homicida Fermín Sicart, el proyectista y también amante, que estrangula a su víctima con un trozo desechado de la película Gilda, que se proyectaba en el momento del crimen. Más de treinta años después, el homicida accede a recontar el crimen. Recuerda muy bien como estranguló a su amiga prostituta, pero se le ha borrado, o le han borrado, de la memoria el por qué.

Y ahí se renueva el envite constante de Juan Marsé. El cometido de la novela es asumir la reconstrucción de un tiempo o su representación imaginativa y de enlace con la experiencia personal. Marsé lo asume y además desde una conciencia intransferible. Su trabajo en estos más de cincuenta años de ejercicio narrativo ha sido un empeño constante en apresar la memoria, (que es la puta distinguida) captar su fugacidad y reparar a la vez en las dificultades de retenerla.

En Esa puta tan distinguida, la memoria cobra su protagonismo, pero Marsé le recorta, o le añade un criterio paradójico, es una memoria sin culpa, desprovista de los elementos que la convierten en distinguida. El criminal no recordará nunca qué motivos le impulsaron a apretar con el celuloide el cuello de una prostituta que se había convertido en un ser querido para él. Eso es lo que le permite, más de treinta años después y con su pena carcelaria ya pagada, moverse sin sentimiento de culpa.
Marsé es un maestro en esto de perseguir la memoria por eso constituye la materia más pura de su ficción, que no es otra que las tribulaciones de los perdedores, las fantasías que despiertan los programas de los cines, las portadas de las novelas baratas, o sus llamados aventis y películas que se cuentan entre sí los niños hambrientos de la posguerra; toda ese material ilusorio, cotidiano del que están hechos los sueños de los débiles. Y su maestría, su enorme aportación a la narrativa española es haber sabido llevar a su plenitud con pasión y solvencia las mejores posibilidades de esa forma narrativa, sus mecanismos de invención y representación del mundo.

Esa puta tan distinguida habla de todo eso y, en consecuencia, habla también de todos nosotros, usa su escritura contagiosa, para hacer lo que hacen todos los libros necesarios: inventarse a las personas que los leen, contarles sus propios recuerdos, aquellos que son del acerbo común de toda una generación, unos recuerdos corrompidos, que nacieron ya sin fortuna por culpa de quienes los mancillaron.

Esa puta tan distinguida, de Juan Marsé

FICHA
Esa puta tan distinguida
JUAN MARSÉ
LUMEN
21,90 €

Una tarde de enero de 1949. Carol se acerca caminando con desgana al cine Delicias. Lleva tacón alto, medias negras y una gabardina a medio abrochar. La platea está abarrotada: en los carteles se anuncia la reposición de Gilda; hay cola para disfrutar ese cuerpo de mujer. A Carol eso poco le importa. En vez de unirse al público sube a la cabina de proyección.

No hay comentarios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: