El precio de la revolución

30 noviembre, 2015

GUILLERMO BUSUTIL

No es fácil alzarse moralmente contra cualquier clase de injusticia. Los ideales suelen ser víctimas fáciles. Una canción incomprendida, un gesto de valor derrotado. El fantasma que nos espera dentro del último sueño a solas. Sin embargo ese valor, ese gesto, es por lo que merece la pena la vida y la memoria. Y también la escritura que los rescata como una forma de reconocimiento que tiene mucho de victoria. Es lo que ha hecho Clara Usón en su última novela. Un desgarro de coraje en tres tiempos que enhebran la supervivencia de tres sueños, tres fracasos, tres estados de conciencia en el tiempo. El primero el de Fermin Galán, un militar condecorado en la guerra de África, sublevado en armas en Jaca a favor de la República de 1930. Su fracaso lo ennobleció entregándose con honor al enemigo, gritando su ideal político con la mirada de frente y hacia el fuego. El tiempo lo convierte en una huella ajusticiada en los libros de Historia de una adolescente que odia a su madre y desconfía de su padre. Él es un político corrupto al que le gustaría que ella siguiese su ejemplo, y su madre es la que le exige que no suspenda y se aplique, lo mismo que ella se aplicó en la venta de preferentes en el banco levantino del que es directora. Sus vidas son otro de los tiempos que se cruzan en la novela. Igual que un eco de conciencia en la penumbra. Tal vez el tiempo, la historia que mejor todo lo representa sea la del cura franciscano, croata y filo nazi, cuyo monólogo a puertas de la muerte es una deuda de horror en la II Guerra Mundial: 700.000 serbios, judíos, gitanos, comunistas, homosexuales, exterminados en el campo de concentración de Jasenovac con métodos salvajes en los que participó. Religión y ejército, sombras de una misma culpa disfrazada de Verdad Suprema a refugio en España pero temerosa de los fantasmas que dejó bajo el barro y la destrucción. Fermín Galán, Ante Palevic, Mati, la niña que sueña con ser gogó y el libanés que baila en las playas de invierno de Benidorm. Cada uno representa un pasado que se oculta, un ideal que se emborrona, una pregunta acerca del valor de salvarse de la esclavitud y de la soberbia, de las contradicciones de la moral. La necesidad de ser o hacer una revolución.

Valor es una novela compleja. Participa del cuento y del periodismo también. Clara Usón la teje cruzando episodios y personajes, acciones y sombras, como si cada personaje fuese el reflejo de los otros en un espejo, a veces negro como el de Goya y en ocasiones valleinclanescamente deformante, igual que si sus conductas se hilvanasen en una misma trama que ella teje con cuidado y soltura, dejándoles conciencia real de personajes independientes y a la vez fondo y forma de una historia colectiva. Se nota su pulso chejoviano en las voces y atmósferas. Tiene también cada una de ellas el sesgo del periodismo narrativo, tanto por la parte documental que subyace y que interviene a modo de referentes escénicos y morales, al menos en lo concerniente a la crítica social y humana, como en la estructuración a veces del mismo lenguaje como bisturí que disecciona y también restaña. Ambas cosas las equilibra bien la escritora catalana. No deja de que se le vayan las historias, unas por encima de las otras. Al contrario se complementan y se embridan. Y en gran parte es por el acertado tono con el que indaga en el horror, en la desesperanza, en la mentira, en las heridas de una Historia de la que no aprendemos.

Hacen falta en el panorama narrativo español novelas como Valor. Historias que enseñen a mirar los tiempos del pasado que tiemblan dentro de los  del presente, que conmuevan por la tragedia que desentierran y analizan, y que envuelvan con la carnalidad de piel de la historia y del lenguaje que la cuenta. Valor es un buen ejemplo. Es conveniente, es sano recordarnos que el horror lo llevamos dentro, lo producimos, lo sufrimos, y sólo contándolo tal vez terminemos por conjurarlo.

FICHA
Valor
CLARA USÓN
SEIX BARRAL
18,05 €

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