El poeta y las sombras

22 julio, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

Dejarse ir con las nubes. Lo escribe Antonio Luis Ginés un libro de ensayo y de bolsillo. Páginas que podrían resultar de un flaneur armado de un moleskine para diálogos espontáneos consigo mismo, con su oficio o con los géneros de la literatura y de la vida con los que se cruza. Igualmente, y teniendo en cuenta el título, que me gusta tanto que lo mismo un día se lo pido prestado, no sería descabellado que el lector pensase que se trata de un breviario de horas. Sus hojas son instantes de tiempos en los que el autor reflexiona acerca de la aspereza de lo cotidiano, de la luz que nos define, de las sombras que nos llevan a otras sombras, o de aprender a interiorizar el paisaje como fragmento y como todo. Ensayo, dietario o estaciones de las secuencias del día, el libro que nos ofrece a la venta para llevar dentro del bolsillo es una delicia. Diría que es poesía en prosa, en pregunta y búsqueda de todo aquello a lo que un escritor interpela en su exploración de la fragilidad, de los deslumbramientos, de la dejadez del alma, de las múltiples maneras de intentar darle orden a la realidad. Al conjunto lo cita bajo la llamada impresa de Seres de un día, y en la contraportada de su edición en La isla de Sistolá José Manuel Martín Portales lo define como la experiencia poética de tiempo y ser. También nos vale esta aproximación a la lectura de esta escritura íntima con la que Antonio Luis Ginés se interroga hacia sí mismo y hacia fuera compone un personaje que no es otro que el poeta y su sombra. El trazo que le viene del inteligente libro Una poética del límite de su amigo, mío y de todos los poetas que lo trataron como generosa persona al igual que como filósofo y poeta, Eduardo García prematuramente muerto en su mejor momento creativo. No sólo su huella sobresale, tampoco esconde el autor sus preferencias de Bachelad y de Deleuze en las páginas de este yo desnudo en la escritura. Un yo del poema que debe exponerse si pretende ser creído, y que su voz no se limite a crear ambiente, a darle un punto de sutura a las emociones, y a encontrar otra perspectiva.

trata antonio luis ginés en su libro de visillos en torno a la escritura y su oficio, de hacer visible en el poema lo que no se ve, lo invisible en lo real que decía Bernard Noël, y perseguir lo que no se cierra, lo que se abre. Hay en todo este viaje a través de las dudas del lenguaje alrededor del personaje, del tono, del estilo, restos de muchas batallas y encuentros con hallazgos y miedos, y el lector va encontrando reflexiones con fondo en el intento de aprehender el desencanto, la duda, el peligro o no de volcarse demasiado en la poesía y en su obra, las pérdidas de tiempo, las intermitencias, el detalle, y en cambio sentirse excluido, sin peso. Lo mismo que la constancia de seguir despierto frente a una sola hoja mientras la familia y lo cotidiano suceden. Es en esos momentos cuando todo poeta se busca en el espejo y en el cielo como una nube de lluvia, una que se deshace y otra lenticular y aquellas que confirman la idea de que «recordar es como un pensamiento que se ha debilitado. En cambio, la evocación y la percepción diferente de cada uno nos sitúan en otro plano de realidad y de lenguaje». Quizás sea el momento preciso en el que uno se pregunta lo de escribir ¿para quién? ¿Para uno, para los demás? Prefiere salvarse Antonio Luis Ginés, me parece loable, y responde que prefiere descubrir hacia qué tipo de lector irá el poema.

Las dudas, el silencio, la soledad, el dolor, la melancolía como ausencia, mirar sin que nada quede sin atravesarse, la poesía como representación del alma, conllevan experiencia. Son la cicatriz de nuestra historia. De ellas nos cuenta la poesía a la vez que nos protege, y nos procura el disfrute de este libro sencillo, generoso, que resume de manera hermosa el ser de la poesía y el arrebato de su misterio y de su fuerza.

FICHA
Seres de un día
ANTONIO LUIS GINÉS
LA ISLA DE SILTOLÁ
9,50 €

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