El paraíso perdido

16 febrero, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

MACONDO, YOKNAPARAWPHA, COMALA, CELAMA, REGIÓN, son algunos de los míticos territorios creados por escritores como García Márquez, Faulkner, Rulfo, Luis Mateo Díez y Juan Benet para escenificar en ellos la geografía de su poética, la atmósfera emocional que pespunta las vidas y los fantasmas de sus personajes y de sus historias. Este juego de las falsas geografías literarias ha ido adquiriendo protagonismo a lo largo de la literatura porque su papel espacial no sólo sirve para enmarcar la ficción o el realismo, sino también el carácter mitológico y épico que encierra la narración. Cada uno de estos territorios representa el tono, la fuerza psicológica, la raíz del relato. Sin ellos la historia, los personajes, no se entenderían.

A ESTOS ESPACIOS, HACE AÑOS QUE TOMÁS VAL (Palabras de madera, El secreto del agua, Los cuentos de nunca más) añadió su propia geografía literaria: Marcillo. Un pueblo vinculado a su memoria sentimental que va despoblándose de vivos, de muertos y de fantasmas, a lo largo de sus libros, igual que sucede en los últimos cuentos cuyas puertas acaba de abrir al paisaje de Marcillo en Cuentos del desamparo, publicado por Menoscuarto. Diez piezas magistrales, de una sequedad poética ajustada a la supervivencia de unos personajes resistentes al abandono, al invierno permanente de la soledad, a un destino que despuebla su entorno y sus existencias que vienen a ser una agonía prolongada, la memoria de un pasado que elimina el futuro. Marcillo es el paraíso oprimido por una fatalidad ineludible pero también es la raíz sin la que no se puede vivir. Por eso los vivos y los muertos de estos cuentos, al igual que los que pueblan y vagan por las páginas de los anteriores libros de Tomás Val ubicados en Marcillo, comparten la misma niebla, la amargura curtida y descreída, la sabiduría de los que aprendieron a morirse a tiempo y la negación de los fantasmas a irse y dejar solos a sus seres queridos, incapaces tal vez de salir adelante.

HA EN ESTOS CUENTOS EL MEJOR POSO literario de Rulfo y de Delibes, el homenaje culto y la escondida épica de la infancia del autor, tanto en la descripción precisa, telúrica y seca del paisaje –que es un entorno inválido y también el alma viva de sus gentes– como en la humanidad callosa con la que registra el carácter, la resignación y la lucha sigilosa de quiénes nacieron en un pueblo y conocen el valor de la tierra como identidad. Hombres y mujeres que miran de frente las tormentas y leen los signos; que conjuran el fantasma de otro holandés errante que perdió a su hijo y vaga por las llanuras; que a primeros de mes, cada año, reciben una carta con remite de Londres y matasellos de Almería escrita con nostalgia y futuro por un vecino que logró marcharse; que imaginan su entierro o esperan la liberación de la muerte; que se despiden de las sombras del pueblo entre sigilosas presencias y evocan lo que no supieron valorar en su momento. Cada uno de estos personajes es un árbol, un riachuelo seco, una vida que no deja de luchar contra la pérdida y el destino, y a los que Tomás Val dota de corporeidad, de emoción sostenida, de imperfecciones, de un lenguaje que busca amparo en el lenguaje de sus vecinos.

ESTAS CUALIDADES HACEN QUE ESTOS excelentes cuentos sean una coreografía de existencias cansadas, detenidas en el tiempo, de voces que son la misma voz o sus ecos, bajo las que respiran la comprensión del dolor y el antídoto de la ternura. Al lector le entrarán ganas de adentrarse en su casas, en sus vidas, en ese Marcillo como marco, como lenguaje, como una caracola de tierra adentro que a la noche susurra historias eternas.

FICHA
Cuentos del desamparo
TOMÁS VAL
MENOSCUARTO
13 € Tomás Val desnuda la existencia en diez relatos certeros que constituyen todo un descubrimiento literario. A través de sus protagonistas, héroes vencidos de antemano, este libro nos coloca una decena de trampas para capturar vidas desprevenidas, alejar el desaliento y conjurar las decepciones.

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