El oficio de volar

13 junio, 2012

El periodista sevillano fue uno de los grandes cronistas de su época.

ALFONSO VÁZQUEZ

La resurrección literaria del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944) es una de las más llamativas y detalladas del panorama editorial español de la última década. Su producción está siendo rescatada con minuciosidad, de ahí que conozcamos su labor como brillante escritor de cuentos en la inmejorable A sangre y fuego, una obra maestra sobre la Guerra Civil; sus dotes para la biografía, especialmente gracias a Juan Belmonte, matador de toros, sin olvidar las crónicas del exilio (La agonía de Francia). También cuenta Manuel Chaves Nogales con una reciente biografía, El oficio de contar, de María Isabel Cintas Guillén, una de las máximas responsables de esta vuelta al ruedo literario del maestro sevillano.

Libros del Asteroide publica ahora La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja, que recoge las crónicas publicadas en 1928 por el periodista en El Heraldo de Madrid, del que era redactor jefe, en las que narra su viaje de 16.000 kilómetros por Europa y Rusia, para contar la marcha de la revolución soviética, 11 años después de su estallido.

En el contexto de la época, la de Chaves Nogales fue una verdadera gesta periodística no realizada hasta entonces en la prensa española. Y es que el autor, además de periodista, se convierte también en un pionero de la aviación, todavía muy poco desarrollada en España. Desde ese punto de vista, muchas de las crónicas de Chaves Nogales están centradas en el viaje en sí, en la magia de poder desplazarse en el aire por una decena de países, acortando en días y semanas los viajes terrestres de antaño. Subido en lo que hoy nos parecen primitivos aeroplanos, equipados en los extremos de las alas con dos paquetes de magnesio para iluminar la noche, descubre a los lectores españoles otra visión de la realidad: «Las cosas son de otro modo desde arriba, y nadie ha dicho todavía cómo sean», afirma, y aventura que esta misma visión empujará a construir ciudades «en vertical», mientras confiesa que Madrid, a vista de pájaro, es fea, «este millón de manchegos apelotonados en la llanura da una impresión poco grata».

Los desplazamientos aéreos de Chaves Nogales le sirven para constatar lo que encontrará al aterrizar: el contraste entre la España reseca y despoblada y la campiña francesa, que ya muestra el secreto de la grandeza de Francia, esa «campiña exuberante», fruto «del esfuerzo de estos millones de aldeanos». El periodista otea el poderío industrial de Alemania, la pobreza de la naciente Checoslovaquia, la enormidad de Rusia («volar por el territorio ruso es como seguir una ruta con el dedo sobre el mapa»), a pesar de su extensión, una nación atrasada en la que se observan cientos de isbas tan desvencijadas como desperdigadas.

Desde el aire, el autor recuerda mucho a Julio Camba por sus frases ingeniosas y ese afán, nada más tocar tierra, por retratar a pueblos enteros: «El suizo no acaba de serme simpático. Se parece demasiado a sus encinas (…) Tienen esa inmovilidad y esa firmeza de los viejos troncos».

Los aires literarios quedan en un segundo plano una vez que aterriza, pues entra en escena el periodista. El propio autor asegura en el prólogo que la función de su profesión es «contar y andar», y Chaves anda, husmea, entrevista, toma nota y saca sus propias conclusiones, desdeñando las estadísticas y la propaganda oficial de la nueva Rusia que está conociendo, desde la aristocrática Petrogrado al Cáucaso salvaje: «Me interesa la realidad, la obra viva, la que en realidad pueda haber llegado hasta el fondo de estos valles y a la cima de estas montañas», sostiene mientras viaja por Georgia.

El periodista realiza en ese mes de travesías por Rusia un retrato en el que a través de mujiks, popes, jóvenes comunistas del Komsomol, comerciantes e incluso un anarquista español exiliado –uno de los asesinos de Eduardo Dato– refleja un país en el que la revolución comunista está plenamente consolidada aunque llena de fallos.

A este respecto, el periodista sevillano, que recalca no ser comunista, da buena cuenta de los abusos de poder del aparato político («ser comunista en Rusia es como pertenecer a una clase aristocrática»), la persecución estalinista a los seguidores de Trotsky, la persistencia de grandes desigualdades sociales y del nacionalismo, pero también sabe ver los grandes cambios sociales. Por eso, a la hora de resumir tantas horas de vuelo, resalta que en Rusia «no hay más tiranía que una clase social sobre las otras, y dominándolo todo, los instrumentos de esta tiranía: el Ejército Rojo y la Policía política del GPU», una situación, asegura, que cree temporal, tal y como lo vio Carlos Marx a la hora de anunciar la dictadura del proletariado, una dictadura que, estima, no puede equipararse a la de un gobierno dictatorial «de los países burgueses», análisis que aunque bienintencionado, luego se vería erróneo. En esta línea, el autor deja profundas reflexiones sobre el poderío alemán y su adoración por la técnica, confiando en una consolidación republicana que nunca se produjo.

Conclusiones que son hijas de su tiempo y de un testigo tenaz pero fugaz de unos pocos meses de 1928. El tiempo ha pasado, la aviación es hoy el pan de cada día y el comunismo ruso, para el que el autor anunciaba un sólido porvenir, ya no existe. Perviven la buena pluma y la sagacidad de este reportero y de esta crónicas, convertidas ya en un clásico del periodismo. La edición viene acompañada por la reproducción de algunas páginas de El Heraldo de Madrid, con un desplegable de este viaje aéreo, inolvidable, de un gran periodista por la Rusia roja.

FICHA
La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja
MANUEL CHAVES NOGALES
LIBROS DEL ASTEROIDE
18,95 €

En agosto de 1928, Manuel Chaves se embarca en un viaje en avión por Europa con la finalidad de escribir una serie de reportajes para el periódico del que es redactor jefe, El Heraldo de Madrid. De Madrid a Bakú, pasando por Berlín y Leningrado: del Mediterráneo al Caspio. Chaves fue pionero en utilizar los adelantos técnicos de la época, como el avión, para ofrecer a sus lectores testimonios de primera mano sobre la situación política y social de algunos de los principales países europeos.

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