El futuro viaja en platillos volantes

14 febrero, 2013

JOSÉ LUIS G. GÓMEZ

El andaluz Pablo Ríos debuta en la novela gráfica con Azul y pálido, publicada por Entrecomics, una ambiciosa y certera indagación en el alma humana a través de las dudosas experiencias de abducidos por alienígenas.

Algunos parecen querer matar de aburrimiento y trascendencia al tebeo, muchas veces apenas algo más que un travestido tímido cuando lo disfrazan de novela gráfica. Unas pocas obras, tanto foráneas como nacionales, legitiman esta transformación contemporánea y le dan sentido, al tiempo que nos alimentan un hambre creciente. Es la talla de esas últimas la que viste Azul y pálido (Entrecomics Cómics, 2012), el ambicioso debut -¡a todo color!- del andaluz Pablo Ríos. Y aquí no falta trascendencia, que lo que Ríos se ha propuesto es nada menos que indagar en el alma humana, en su soledad y sus ficciones; pero emprender esa tarea de héroe a través de las dudosas experiencias de abducidos por alienígenas creo que aclara que nos encontramos ante una creación original, diferente.

Con Carl Sagan como presentador y epiloguista, Azul y pálido recorre un viaje por la fragilidad de los sueños y esperanzas alucinadas del hombre a través del testimonio directo e indirecto de nueve supuestos contactados y abducidos por alienígenas. Todas las historias son reales, entendido aquí como real que verdaderamente esas almas solitarias existieron y afirmaron lo que Pablo Ríos nos cuenta. Esta es una de las premisas fundamentales de este libro: el rigor. Ríos ha dedicado un tremendo esfuerzo en la labor de documentación. Eso sí, lejos de la grisura burocrática, el tono es maduro, vital, lírico y humanista. Y aún más, desde la dura realidad documentada, Pablo Ríos coge impulso para volar, porque el principal mérito de estas páginas es el derroche creativo que este narrador nato ha aplicado a cada una de las nueve historias -con cada relectura, y este tebeo las pide, Sixto Paz, el matrimonio Hill, Billy Meier o el españolísimo Ummo muestran matices más profundos y diferentes-.

Desde una cuadrícula de nueve viñetas por página –a la que es fiel salvo para ser fiel a Jack Kirby, quizá en el capítulo más cósmico y triposo de la novela-, Pablo Ríos despliega su amor por los tebeos en el más fascinante puzzle de cabezas parlantes que se haya visto por aquí en mucho tiempo. Pocas veces antes una estructura tan rígida había sido tan flexible, emotiva e imaginativa. Cada viñeta se abre a un universo de interpretaciones que acompaña un discurso oral tan sorprendente como las imágenes que lo ilustran. La narrativa es fluida y musical, siendo las imágenes un fondo colorista, complejo y mutante por el que se desliza la melodía, resultado de unas voces que se dan la vez sin saberse unidas por su soledad.

Al pasar las páginas de Azul y pálido hay que esforzarse en recordar que se trata de un debut –¿el mejor de 2012?-. Quizá el dibujo se muestre aún titubeante, aunque se percibe que está en un estado de expansión, pero el uso magistral del color lo eleva por encima de su trazo imperfecto. Aquí, como en las grandes obras, ésta lo es, la suma de las partes es lo que importa. Y no es una parte menor del conjunto que también sea debutante la editorial, la jovencísima Entrecomics Cómics. Tanto la editorial como sus autores son apasionados y parecen estar dispuestos a poner patas arriba el tebeo: ha llegado el momento de que la novela gráfica deje de postularse como una creación adulta, ya lo es. Ahora podemos divertirnos y emocionarnos, y sin necesidad de mirarle el ombligo a nadie. ¡Es la hora de las tortas!

FICHA
Azul y pálido
PABLO RÍOS
ENTRECOMICS CÓMICS
12  €

Un punto azul pálido es el título de una fotografía que la sonda Voyager 1 tomó de la Tierra, vista desde millones de kilómetros. Carl Sagan escribió un libro con el mismo nombre, donde reflexionaba sobre la humanidad y su lugar en el cosmos, que ya es reflexionar. Así que el título es un homenaje sincero a Sagan y a su trabajo.

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