El envés del destino

13 febrero, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

EL HOMBRE TIENE MIL PLANES para sí mismo. El azar, sólo uno para cada uno. La sentencia del Mencio, un filósofo chino discípulo de Confucio, podría definir perfectamente la poética de los veintiséis relatos del último libro de Juan Cobos Wilkins, La soledad del azar, editado por Almuzara. Con este libro, el autor de las novelas El corazón de la tierra y El mar invisible y de los poemarios Escritura o Paraíso y Biografía impura entre otros títulos, vuelve a demostrar su talento para vestir su prosa con inteligente humor, con ecos de la experiencia, con una mirada a la realidad paralela de la cotidianidad y con un enriquecedor pespunte lírico que le da más brillantez al lenguaje y a la trama de estas historias divididas en el haz y el envés. La coartada literaria con la que Cobos Wilkins prolonga el final abierto de los relatos, ofreciendo otra perspectiva de los hechos, la voz de un testigo oculto que observa lo narrado en la sección del haz y termina en el envés descifrando lo invisible, la clave de un detalle aparentemente insignificante, el reverso de lo considerado meramente fortuito. El otro lado o el ángulo muerto que supone la propuesta de una nueva historia que complementa, redondea y da pie al inicio de otra historia. No se trata de un juego de muñecas rusas, sino más bien de un juego de espejos en el que cada reflejo es la resolución de un misterio, la resolución de una metamorfosis.

EN LA SOLEDAD DEL AZAR, LOS LECTORES encontrarán personajes solitarios que son un relámpago fugaz en las vidas de otros, criaturas que ignoran que su destino está más cerca de lo que piensan, personas que terminan convirtiéndose en aquel que se esconde en su interior o cuyas vidas sólo pueden explicarse a través de las vidas con las que se rozan o no aciertan a ver que están a su lado. Todos son protagonistas de paso, en movimiento, inmersos en la rutina en una huida o sorprendidos por el extrañamiento cortazariano de lo cotidiano, que se irán cruzando con tigres ciegos, ángeles de la guarda y ángeles en crisis existencial, con cedés que ocultan un posible amor o un alma siamesa. Unos serán víctimas de tatuajes que cobran vida y despiertan el deseo de los hombres, otros cambiarán de vida en una tienda de caramelos en las que habita la edad de la infancia, algunos serán capaces de hacer desaparecer playas y unos pocos serán salvados por pinturas que se enfrentan a la nieve. Cada una de estas vidas se verán afectadas por un secreto código y por la inevitable como mágica irrupción del azar en los acontecimientos que se narran.

EN ESTE CONJUNTO DE EXCELENTES Y PRECISAS piezas de relojería hay sobresalientes relatos borgianos como el del hombre que años después de viajar a una ciudad vuelve para llamar a una puerta y encontrarse consigo mismo en otro tiempo; ecos que recuerdan a Rafael Pérez Estrada en la vida del mago que vuela palabras recortadas en papel; la ternura y el halo poético presente en la entrañable historia de amor tatuada en el árbol de una fotografía de Juan Ramón Jiménez; el quiebro sorpresivo de la sensual pasajera de un avión cuyo viaje terminará con la muerte de su padre; el homenaje al espionaje protagonizado por un cadáver convertido en el héroe de una misión secreta que cambió el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Cuentos pespuntados de exquisita sensibilidad, de referencias artísticas, literarias y cinematográficas que ajustan la información, encierran guiños autobiográficos y crean un fascinante universo de historias con pasadizos que abordan con humanidad el miedo, la indefensión, los malos tratos, el amor, la maternidad, la muerte, los sueños. Los temas, las emociones que Juan Cobos Wilkins convierte en naipes de dos caras en este estupendo libro de prestidigitación que sólo podría haber escrito un mago.

FICHA

La soledad del azar
JUAN COBO WILKINS
ALMUZARA
17,95 €Las historias aquí engarzadas son de luz y sombras, y por eso se plantean desde su haz y su envés, y deben leerse según las pautas de su narrador. La nueva vuelta de tuerca de cada relato siempre hace aparecer, destripa o añade la otra cara de lo aparente.

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