El cubo de Rubik

3 octubre, 2014

GUILLERMO BUSUTIL

UN ESCRITOR SUEÑA QUE FUE NIÑO en una playa donde el agua le golpea el aire de los pulmones. En la orilla del juego, en la que la espuma escribe el destino, sin que sus padres se den cuenta de que la muerte es un descuido, el niño descubre que sin aire no es posible respirar libros ni escribir sobre lo que uno lleva dentro y desconoce. Un escritor alcanza el éxito y se olvida de sí mismo. No deja rastro. Tan sólo el eco que sueña un escritor que es un chico con una hermana loca con nombre de canción romántica, de tejedora de un amor que regresa tarde y convertido en otro. Un escritor que busca sus huellas en Goldberg Variationen de Bach interpretada por Glen Gould y en Wish you were here de Pink Floyd un universo secreto, una palabra cifrada para abordar el misterio y el abismo de escribir. Cada uno de ellos es un personaje y todos son el mismo. Porque Rodrigo Fresán construye un caleidoscopio sobre el universo literario, la travesía por el proceso de la escritura, la pregunta de cómo se le ocurrió a él, a los personajes, a usted, la idea de ser escritor.

LA PARTE INVENTADA BUSCA RESPUESTAS a esa pregunta. La parte inventada es el making off de la escritura que se desdobla, que se interroga, que se convierte en un obsesión, que se rebela y deja constancia que la escritura y su lenguaje no es un conjunto de piezas de IKEA que se montan, y como mucho sobra un clavo chejoviano del que no se cuelga nada. También puede que sobre un adjetivo, un verbo, una metáfora y el lector se termine preguntando si no serán la pieza suelta de un best sellers. Incluso el lector tiene la opción de volver a abrir este libro de Fresán para constatar que La parte inventada se persigue a sí misma en los libros de Nabokov, de Faulkner, de Foster Wallace, de Norman Maclean. Y sobre todo de Suave es la noche de Scott Fitzgerald que le susurra en el tiempo a Rodrigo Fresán que toda buena prosa es nadar bajo el agua y aguantar la respiración. Fresán lo escucha mientras le da cuerda al libro que también es un juguete. Digamos que uno parecido a un cubo de Rubik. Lo escucha y sigue a lo suyo que es el vértigo, la memoria, la radiación, la incertidumbre, la adicción, el backstage, el feng-shui de la literatura y un hombre solo enfrentado al esfuerzo, a la extrañeza de preguntarse por qué, para qué, para quién se escribe. Si el niño quiere encontrar al Salinger que sueña cerca de los bordes de un barranco. Si el escritor que se perdió en otro milenio quiere reaparecer en una pantalla electrónica. La parte inventada es una colmena. Está llena de abejas literarias. Hay miel y también aguijones. Hay zánganos que mueren después de fecundar un detalle, una palabra, una cita subrayable. Y hay celdillas que se comunican entre sí. Igual que los libros de Fresán que dialogan con este libro: Jardines de Kensington y La velocidad de las cosas. Lo mismo que los vivos conversan con los muertos. Unas buena manera de hacer esto es moviendo continuamente el dial de una radio de otro siglo, cruzando por frecuencias que son lecturas, radares, algunas cosas que se te ocurren cuando sólo deseas que nada te ocurra. Rodrigo Fresán lo hace y lo consigue. Los escritores no poseen más conciencia que la literatura. Lo dice Cheever. Lo escribe Fresán. Los lectores se miran las manos en las que ha estado abierto este libro y se preguntan sobre La parte inventada. Unos recomendarán con fervor el viaje por sus páginas, el placer de bucear entre líneas o más abajo, en las aguas donde Fresán esconde el tiempo desconectado de un escritor, el secreto de una sombra. Otros no entenderán nada y ante ese momento en blanco dirán que lo que más le ha gustado es que dentro se escuchaba a Bruce Springsteen, a U2, a DJ Thomas Pincho, a Bob Dylan o que se han sentido flotar sobre el lenguaje como si fuesen un barco de papel a la deriva. También habrá lectores que se indignen e incendien de ira las redes sociales o los blogs en los que a veces triunfan microuniversos. Pero todos, de un modo u otro, son los fantasmas de carne y hueso, de aire y agua, que nacen en la cabeza de un escritor que se pregunta qué sucede en su mente mientras escribe.

Canciones de amor y de lluvia, de Sergi Pàmies

FICHA
La parte inventada
RODRIGO FRESÁN
MODADADORI
22,90€

El escritor, alguien que juguetea con la s posibilidades narrativa s de diferentes tramas y personajes pero que también posee –o al menos eso cree él– un juguete o talismán cuyo uso puede cambiar el destino de su persona y de sus personajes de forma radical. En la línea de La contravida de Philip Roth, este libro habla de las posibilidades de la ficción, o más bien de la imposibilidad de la realidad siempre acechada por esa «bacteria» lista para transformarla en otra cosa y, tal vez, quién sabe, mejorarla.

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