El cristal de la felicidad

3 agosto, 2015

La ganzúa de la curiosidad. Un número de teléfono. La moneda ciega del I Ching. Unas gafas para escuchar mejor. La franqueza. El secreto. Un miedo, todos los miedos. Hawking y Dios. Un hombre con una bata azul. La mujer que susurra un grito de ayuda. Un gato muerto. Cada imagen en su sitio. Cada pieza en su cuento. Una familia que no envejece; un amante que miente para seducir; una alumna que encuentra en sus estudios la ciencia que pone en crisis la fe; un profesor que necesita creer aquello que ataca en cada una de sus clases; una madre protectora. Cada personaje en su trama y en todos los cuentos donde la felicidad se escurre entre los dedos y se pierde en el aire, antes de que caiga al suelo y se rompa, o que salta en cristales en posición horizontal cuando el sexo. Un momento de felicidad puede devenir en algo horroroso.

El eje de cada una de las historias de Una felicidad repulsiva con las que Guillermo Martínez reflexiona acerca de cómo vemos la felicidad de los otros, cómo se juzga a los demás, cómo la interpretamos. Historias al alcance de cualquiera. Espejos donde mirarse en medio de atmósferas envolventes –uno de los dominios de la literatura del escritor argentino– donde su voz narra lo enigmático en las relaciones de amistad o de amor, lo querido y próximo que se vuelve extraño, lo que se roza al tocar fondo. Aquello que sucede al mirar detrás o dentro de la realidad de lo cotidiano, y entonces lo aparentemente oculto surge, brota, se desvela como una sombra inquietante que conduce a la locura. Incluso, a la muerte.

En cada uno de los once relatos de Guillermo Martínez brilla la risa de lo absurdo, de lo grotesco, de lo incomprensible del ser humano. Un enfoque que tiene que ver con el lenguaje, con las palabras que el escritor elige para que no existan trampas ni equivocaciones en la relación emocional y sus trastornos entre el lector y el corazón de cada cuento. A Martínez no le interesa tanto la sorpresa como el suspense, el misterio como el extrañamiento. Esa es su mirada, su magia, su posición, el naipe que oculta y prestidigita en cada cuento. Ves la carta, ahora no la ves. Un chico se pregunta cómo es posible que sus vecinos sean tan felices y se obsesiona con desenmascararlos, olvidándose de su propia vida; o como el titulado El sumidero de Dios donde la física se convierte en el tragadero donde la negación es la única respuesta.

La pasión por la ciencia, la filosofía y las matemáticas del autor influyen constantemente en las reflexiones y el desarrollo de algunas historias. En otras, es el dolor por la pérdida de un familiar, la aversión por lo perfecto, la curiosidad por el género opuesto o el insomnio provocado por un gato de una vecina. Son los cebos que acercan al lector  a un universo literario de manera suave y limpia, sin que advierta lo que está a punto de explotar, cómo en ocasiones, posiblemente en muchas, la magia y el surrealismo se convierten en los protagonistas de nuestras vidas.

Guillermo Martínez nos explora al explorar las obsesiones humanas y los miedos. Igual que si fuese Poe pero menos gótico, más liberado de dramatismo en negro. Aunque hay en el libro cuentos de horror. Y también relatos familiares, como una pequeña saga que se puede leer; cuentos eróticos o sexuales; hay uno que se fija en lo político, es imposible no hacerlo en las últimas décadas, y hay un cuento que es casi de ciencia ficción. Hay cuentos que admiten ramificaciones, y otros que se cierran más rápidamente. Todos componen un excelente conjunto con el que el autor de Los crímenes imperceptibles, llevado al cine con el título Los crímenes de Oxford, regresa al cuento por la puerta grande. Este nuevo libro obtuvo el I Premio Hispanoamericano de cuento García Márquez. Una felicidad nada repulsiva.

Una felicidad repulsiva, de Guillermo Martínez

FICHA
Una felicidad repulsiva
GUILLERMO MARTÍNEZ
DESTINO
17,10 €

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