El arte de los pies a la cabeza

14 marzo, 2016
El cineasta Werner Herzog, con la plaqueta en la mano.

El cineasta Werner Herzog, con la plaqueta en la mano.

LUCAS MARTÍN

La editorial Gallo Nero publica la odisea emprendida por el cineasta alemán, que en 1974 documentó su caminata entre París y Munich; quería salvar a su amiga enferma

Caminar, siempre que sea a solas, es una actividad genuina del espíritu. Eso, en su condición abaratada de apotegma, lo saben, y desde hace tiempo, ya todos; desde el maestro Thoreau a los seminaristas de provincias que recorrían a diario las avenidas melancólicas de Madrid o de Granada, aunque sin ser ni la mitad de místicos que el loco de Herisau, que decidió salir a pasear y acabó empastado en la nieve. Caminar, terciaría Machado, es cosa consuetudinaria, pero cada vez son menos los que convierten el ejercicio en una empresa poética. Desde mucho antes de plantarse en la selva y batirse a duelo por entregas con Klaus Kimski, el cineasta Werner Herzog se desempeña con éxito como caminante. Y es tan bueno en la materia que, incluso, camina cuando no camina y está frente a la cámara, entendiendo por sus virtudes lo que todos los teóricos, desde los clásicos a Debord, relacionan con el arte de la caminata: la ruptura del ritmo frenético y de la distracción funcional, la contemplación bañada de intropescción y un sentido agudo de la reflexión sobre los accidentes humanos y naturales del paisaje.

Todas estas cualidades, sin perjuicio de otras, se dan en  Del caminar sobre hielo (Gallo Nero). En 1974, y en mitad del invierno, el director decidió completar a pie los ochocientos kilómetros que separan a Munich de París. Iba armado únicamente de una brújula, una tienda y un cuaderno. Su intención tenía una dimensión utópica parecida a la de Fitzcarraldo, sólo que, esta vez no había compañía ni ningún barco que empujar por la montaña. El cineasta viajaba para visitar a una amiga enferma, la historiadora y crítica de cine Lotte Eisner. Estaba convencido de que si conseguía completar su epopeya, Eisner, una especie de Balcells para el arte alemán de su generación, lograría salvarse. El propósito, ya de por sí encuadernable, sirve para desatar el que quizá sea el mayor talento del autor de Nosferatu. Herzog, que siempre se consideró mejor prosista que director, ha dejado páginas de alta literatura como las compiladas en La conquista de lo inútil, que comparten con este travelogue heterodoxo lo mismo que la mayoría de sus documentales: una profunda humanidad, no carente de escepticismo, que le lleva a preguntarse por todo lo que encuentra en el camino. En este caso, desde intensas reflexiones sobre la soledad, a carreteras desoladas y personajes espectrales. En su marcha, el escritor documenta lo que ve, narra su desaliento, se encuentra sucío y con frío en casas abandonadas, parece participar de la verdad apodíctica entre géneros, que el mejor ensayo se escribe en movimiento y el mejor movimiento se hace a veces a través del ensayo. Su imagen, su maestría, sale fortalecida de este libro que trae Gallo Nero; ahí está en plena avanzadilla personal el hombre que mira sin dejar de lado la parte sagrada y la mundana, buscando la belleza y a la vez sin perder oído –qué oído- para el caos y la destrucción que crece en todas partes. La mochila no lo es todo, pero mucho escritor de laboratorio debería de vez en cuando echarse algo ligero al hombro y salir afuera. Volver, con modernidad aplastante, al punto de partida: la observación, los pies; la poesía se basta.

Del caminar sobre hielo de Werner Herzog

FICHA
Del caminar sobre hielo
WERNER HERZOG
GALLO NERO
12 €

En el invierno de 1974 el cineasta Werner Herzog emprende un viaje en solitario de Múnich a París donde lo espera Lotte Eisner, historiadora y crítica de cine. Un acto de amor que, según Herzog, serviría para mantener con vida a su gran amiga Lotte, gravemente enferma.

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