El antihéroe de la infancia

16 abril, 2016

GUILLERMO BUSUTIL

Es Jesús Aguado un poeta fugitivo, incansable viajero por el interior de los silencios, las emboscadas de los adjetivos y las huellas con las que marcan territorios los verbos. Una voz en permanente metamorfosis a la que no le gusta echar raíces en ningún libro, y cuya brillante cualidad es hacer levitar el lenguaje sobre el peso de sus significados, consiguiendo que cada palabra tenga la levedad del aire, las ondas del agua, la profundidad de la noche, sea cual sea la emoción que aborde y desnude. Es siempre preciso y existencial su lenguaje trazado como un pie de paso en la arena húmeda donde se ahonda y se desvanece pero permanece el recuerdo de su huella en fuga.  Es Jesús Aguado un poeta de auto ficciones, un yo investido de personaje que transforma en ofrendas lo cotidiano y sus cosas: un cubo de playa, un billar, un cómic de Astérix, una aceituna, un tejado, una gamba, unos caramelos de menta, en su malabarismo de encontrar en cada gesto un símbolo, el sedimento de una verdad atrapada por el anzuelo del tiempo y la necesidad de la catarsis. Una metáfora con la que este poeta nos anuda a la historia que nos cuenta con cada poema, y también a la memoria de su vida. A su voz confidencial de lo bello y de lo oscuro, de lo que se viaja hacia fuera y hacia dentro se viaja, de lo que se olvida y de lo que se perdona. Igual que hace en Carta al padre, su último poemario publicado por la Fundación José Manuel Lara.

Ha escrito Aguado un desgarro susurrándonos una serena reflexión, insumisa y en paz en cuyas conmovedoras páginas hay cromos de infancia, lágrimas a solas, silencios que gotean como grifos defectuosos, y un moribundo que huele a tabaco y pañuelos sucios. Páginas como casillas de un tablero de ajedrez con el corazón en jaque y en orfandad emocional. Es Jesús Aguado, en este libro descarnado y honesto, la voz íntima de la que nos libera ese fuego, arraigadamente más humano en cada uno de los poemas en los que teje y desteje el dolor y sus cenizas, el olvido y el deseo, el duelo en duelo del hijo con el padre inalcanzable al que se ama por encima del desengaño. Un diálogo valiente en lo personal y cirujano en lo literario en ese laberinto, círculo implacable, en el que cada uno fragua su relación con su padre, su relación con el hijo. Y con el espejo de la vida en el que todos somos dobles y una isla a la que a veces no rodea el azul del amor o su muestra en forma de oleaje.

Construye Jesús Aguado con pedazos de loza, caparazones de escarabajos y margaritas negras, una nave espacial de la infancia en cuyo interior se refugia a salvo para inventarse las historias resbaladizas de un padre que lo acaricia como quién lo olvida o se busca a sí mismo. Un padre que lo abandona a sus miedos y no sabe estar a más de un metro de altura de sus emociones ni de su oficio de padre. Tampoco en la vida ni cuando sucede la muerte y las palabras son peces que boquean fuera de un cubo. Nos confiesa al oído y la corazón Aguado, pequeños microrrelatos que nos congelan la sonrisa y nos descalzan la felicidad. Lo hace suave, como quién juega a la rayuela y salta de un vacío a una ausencia, de una sombra a una nube, del dolor a su huella gastada. Nos enseña Aguado que nadie es un padre como el hijo que fue de su padre. Y que nadie puede decir en alto que nunca buscó en su padre el deseo de otros padres, el nido diferente de las exigencias, la mitificación del héroe, la caída de ese ángel de la guarda que todo lo sabe. El abrazo a tientas de la última despedida, cuando ya padre e hijo son dos hombres que miran la oscuridad y su eco, con ojos azules uno, con gafas el otro, apátridas de un afecto intraducible en una despedida a la que nunca se volverá a regresar a solas.

Un libro breve pero intenso con el que Jesús Aguado, con un  turbante blanco y a orillas de un río, nos pone delante las piezas de un puzle en el que tenemos que descubrir, imitando a Cortázar, todos los padres, el padre.

Carta al padre, de Jesús Aguado.

FICHA
Carta al padre
JESÚS AGUADO
FUNDACIÓN JOSÉ MANUEL LARA
11,90 €

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