El amor tiene tacones de aguja

23 abril, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

CUANDO SE HABLA O SE ESCRIBE sobre literatura erótica, la memoria descorre enseguida las cortinas turquesas del Marqués de Sade; se adentra por la penumbra roja del Decamerón hasta llegar al bosque de El amante de lady Chatterley; viaja al castillo de Historia de O o a la Indochina de El amante, entre otros títulos. Cuando se escribe o se habla sobre literatura erótica, la memoria desempolva párrafos e imágenes donde el sexo se desnuda, se voltea, se suda, se huele y se unta con un deseo que se tensa a través del lenguaje, mediante palabras que se ondulan y buscan excitar los sentidos del lector, convertirlo en un voyeur elegante, en el tercer vértice del triángulo del placer. Pero la verdadera literatura erótica es menos explícita y su objetivo primordial es indagar en las sombras, en la profundidad, en la complejidad del deseo y sus abismos. Esto último es lo que hace Luisgé Martín en su última novela, La mujer de sombra, publicada por Anagrama. Una novela tórrida, no en la piel del lenguaje como tampoco en las descripciones limpias, naturales, asequibles, sino en la manera con la que aborda el deseo como tormento, como esclavitud a la fantasía de un misterio, al descubrimiento del yo más escondido, como liberación de un sentimiento obsesivo y casi destructivo.

LA MUJER DE SOMBRA SE CENTRA se centra en la historia de un fotógrafo, Eusebio, fotógrafo, escéptico con respecto al amor, al que su amigo Guillermo, felizmente casado con Nicole y a quien rebautiza como Olivia, le confiesa que está enganchado a las sesiones clandestinas de sadomasoquismo con Marcia. Cuando Guillermo se convierte en padre, se aleja de su dominatrix y se entrega a convertir a su hijo en un precoz filósofo, hasta que un accidente se cobra su vida. En ese momento, a Eusebio se le despierta el fantasma de un deseo: encontrar a Marcia y contarle que su cliente ha muerto, encontrar a Marcia para encontrarse él, igual que Guillermo se encontró a sí mismo con ella. Su intento lo conducirá hasta Julia, una mujer que lo enamora con ternura, con la complicidad del afecto más suave, más generoso y entregado, en lugar de someterlo a la esclavitud de su deseo, de una humillación como forma de placer.

EN ESE INSTANTE, LA HISTORIA desvela su verdaderos pozos de ambición: ¿por qué se siente la necesidad de huir de la respiración sofocada del amor?, ¿se puede amar a un fantasma?, ¿cuales son los límites del deseo?, ¿cómo se puede escapar de las ataduras y de los secretos de la identidad?. Luisgé Martín viste, desviste, confronta, tensa y descarna, cada una de estas cuestiones a través del viaje al infierno de Eusebio, deslizando con dominio y pulcritud la raíz y las aristas de estos interrogantes, al igual que plantea una sutil búsqueda de respuestas sobre la fragilidad de los afectos y sus rutinas, sobre el peligro de la obsesión que conduce al protagonista a su propia degradación, a una sofisticada violencia con la que va vulnerando la intimidad de Julia, decidido a desenmascararla, a una locura que explica los resortes de la conducta humana víctima del instinto de la pasión. En medio de esta trama, Luisgé Martín introduce interesantes veneros, como la historia de la niña prostituta de Bangkok, la tierna y dramática traición conyugal de un calcetín roto (símbolo de la importancia de zurcir el amor) o la relación entre Alfonso y Dorian. Afluentes que alimentan y enriquecen una descarnada novela que explora con elegante atrevimiento el envés del deseo y sus abismos, la infelicidad, la sumisión del amor a una obsesión convertida en fetiche de la imaginación y de la insatisfacción existencial. Una novela que desnudará los ropajes morales del lector y lo asomará a la oscuridad de ese lugar más adentro de la piel: allí donde nace el deseo y también sus monstruos.

FICHA
La mujer de sombra
LUISGÉ MARTÍN
ANAGRAMA
16,90 €

Pocos días antes de morir en un accidente, Guillermo le confiesa a su amigo Eusebio que mantiene relaciones sexuales sadomasoquistas con una misteriosa mujer. Eusebio decide buscar a esa mujer para contarle que Guillermo ha muerto. Y cuando la encuentra se queda hechizado por ella. No se atreve a decirle nada para no tener que desvelar los secretos que conoce, para no ahuyentarla. Poco a poco se van enamorando. Eusebio espera que ella le pegue, le humille y le maltrate sexualmente como hacía con Guillermo, pero Julia sólo le da caricias y ternura. Ése es el principio de la terrible duda: ¿una y otra son la misma mujer?

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