El amor indefenso

6 febrero, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

RAYMOND CARVER Y JOHN CHEEVER representan los dos grandes pilares sobre los que se ha construido el relato norteamericano contemporáneo. Los dos compartieron también un carácter difícil y una desmesurada afición al alcohol que, durante una parte de sus vidas, los colocó al frente del abismo. Aunque su forma de ahogar sus angustias en la bebida puede que explique la manera con la que ambos autores desarrollaron un lenguaje sobrio, cortante, ácido en ocasiones, igual que si su escritura fuese el símbolo de la resaca; algo parecido al aliento amargo del que se siente culpable después de que el alcohol le enseñase su infierno interior. Quizá la anécdota contribuya a explicar la mirada de los dos sobre el amor y las relaciones afectivas y familiares. Una mirada enrojecida y desinhibida a la vez, dura en su proyección y en los hallazgos que desvelan. Característica muy presente en su obra y también en la de los posteriores escritores que se amamantaron con su minimalismo. Entre esos discípulos se encuentra también Tess Gallagher (Washington, 1943), la tercera esposa de Carver, responsable de que el escritor abandonase la bebida y autora de libros como el espléndido poemario El puente que cruzó la luna, en cuyas páginas transforma el duelo por la muerte del escritor en unos maravillosos versos acerca de la felicidad de las cosas pequeñas y de diálogo con su esposo, o de Carver y yo. A ella se le debe igualmente la edición de los cuentos inéditos del Chejov norteamericano Si me necesitas, llámame, aunque ninguno de estos datos debería oscurecer a fuerza de su primer libro de relatos El amante de los caballos, editado en Anagrama.

DOCE RELATOS DE FILTRADO ESPÍRITU CARVESIANO y en los que Tess Gallagher despliega su brillantez y su talento para abordar la fragilidad de las emociones, los silencios y grietas invisibles de las parejas, el desarraigo, el peso del pasado y la profundidad del secreto mundo interior de las personas cuando la edad es el final de un camino o el sendero en el que uno se detiene para mirar hacia atrás. Se nota en ellos su pasión por la poesía, su dominio de la prosa naturalista, limpia, que sujeta y conduce la narración de unas historias de finales abiertos, insinuados hacia un horizonte misterioso al que el lector debe buscar la turbación del final amargo o el rescatador happy end. En esta línea introspectiva que desnuda el alma de sus personajes destacan varias piezas como la que da título al libro y donde una niña que se niega a hablar justifica el enamoramiento de su abuelo por un caballo o la pasión de su padre por las cartas, tras los que se esconde un problema de desafectos e incomunicación. Lo mismo ocurre en Aguarrás y en Indefensos, los cuentos en los que una vendedora de Avon le descubre a una esposa que escucha a todo el mundo que no existe futuro con su marido a pesar de la aparente felicidad que los une, mientras que en el otro cuento es la inseguridad de una mujer frente a la posibilidad de que la ex esposa de su pareja pueda volver a su casa la que hace romper la relación. Me quedo también con la ternura de El pelele, la historia de un matrimonio en el que la esposa descubrirá –a causa de una crisis familiar– que su marido, al que ha despreciado y sometido, es en realidad un hombre pacífico, bueno y con interesantes virtudes. Y finalmente destacar Chicas, repleto de melancolía y de reflexión sobre la memoria emocional protagonizado por una mujer que busca a su amiga cuarenta y tres años después y aunque ésta no la reconoce ambas reencontrarán la paz. El resultado es un libro humano que insiste en el juego de Carver de cruzar vidas y de indagar en las cosas que esconde la cotidianidad de la vida.


FICHA
El amante de los caballos
TESS GALLAGHER
ANAGRAMA
18,50 €En 1978, con treinta y cinco años y dos libros de poesía, Gallagher conoció a Raymond Carver, que fue su tercer marido y la animó a escribir ficción en prosa. ‘El amante de los caballos’ (1987), que reúne doce cuentos de la autora, fue el primer fruto de aquel estímulo. El conjunto de los cuentos forma una extraña unidad, en todos vemos el diálogo entre el pasado y el presente, el tema del desarraigo, el familiar muerto o desaparecido.

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