Edna O’Brien y Mary Lavin | Mujeres libres de Irlanda

16 abril, 2018

JAVIER GARCÍA RECIO

Una, Edna O’Brien con una brillante trayectoria; la otra, Mary Lavin, es un descubrimiento asombroso. En ambos casos ha sido el trabajo de Errata Naturae el que hace posible leer en español a estas dos grandes mujeres irlandesas

Una, Edna O’Brien, creció en la asfixiante atmósfera del nacionalcatolicismo irlandés de los años cuarenta; la otra Mary Lavin, se instaló en Irlanda a los diez años, cuando sus padres, unos de los miles de emigrantes irlandeses a EEUU, volvieron a la tierra madre, la verde Erin. La literatura ha sido la herramienta que ha permitido a estos dos mujeres liberarse de un cerco opresivo que marcó la infancia y primera juventud de la primera y rescató de la dulce prisión familiar a la segunda.

De la primera, Edna O’Brien ya sabíamos. Fue la joven terrible de la literatura irlandesa cuando en la oprimente década de los sesenta lanzó Las chicas de campo y conmocionó a la Iglesia Católica y deslumbró al universo literario con una obra que sigue viva, como ella misma. De la segunda, Mary Lavin, sorprendentemente el mundo literario español, que tan ingenuamente presume de cosmopolita, no sabía nada. Ha habido que esperar más de veinte años tras su muerte para descubrir a una escritora colosal, con un inmenso poder para describir lo elemental y elevarlo a sublime.
En ambos casos ha sido el trabajo impagable de la editorial Errata Naturae la que ha propiciado la edición puntual y certera de la mayoría de los relatos de O’Brien en cuidadas ediciones y traducciones y la que ha permitido descubrir la maravillosa escritura de Mary Lavin, incompresiblemente desconocida hasta ahora en España.

Su primera novela, Las chicas de campo, que Errata Naturae vuelve a editar ahora, conmocionó la Irlanda rural y recalcitrantemente católica de hace cincuenta años. A raíz de su publicación, O’Brien fue señalada como enemiga de Irlanda por la Iglesia Católica. Tal como cuentan los editores de Errata Naturae, el párroco de la iglesia de St. Cronin, en la aldea de Tuamgraney, recorrió los treinta y cuatro kilómetros que distan hasta la pequeña ciudad de Limerick y allí en una librería provinciana y pacata encontrara tres copias de la supuestamente escandalosa novela que entonces causaba sensación en Londres y Nueva York, firmada por una tal O’ Brien, lo que le obligó a comprar las tres copias con el dinero del cepillo de los domingos llevárselas de vuelta a la aldea y quemarlas públicamente en la plaza frente a la iglesia donde la autora había pasado su infancia.

La novela le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil.

Ahora, sobrepasados ya los 85 años, O’Brien ha publicado sus memorias, en español, también en Errata Naturae y como un guiño resuelto y reivindicativo, como un mensaje de que sigo siendo la misma, las ha titulado Las chicas de campo. En ellas recuerda su infancia en «un pueblo de mala muerte, había 27 pubs, tres ultramarinos, una pañería, una farmacia, cero cines y cero bibliotecas». Después su marcha a Dublín y de allí a Londres. Pero las memorias de Edna O’Brien revelan a una mujer valiente, bella y en ocasiones indefensa en su viaje desde la represión a la libertad creativa. Los escritores irlandeses tienen un manejo inusitado del lenguaje (Joyce, Yeats, Wilde…) y O’Brien es el resultado de toda una tradición literaria basada en eso. Es innovadora a más no poder y su prosa es extraordinariamente bella.

Tras Las chicas de campo, escribe La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas, que conforman una trilogía y más adelante Un lugar pagano. Ella dice que si sólo hubiera que leer una novela suya, sería Un lugar pagano, así que háganle caso.

 

A la izquierda, foto de juventud de Edna OBrien. A la derecha Mary Lavin.

A la izquierda, foto de juventud de Edna O’Brien. A la derecha Mary Lavin.

Y ahora el enorme descubrimiento de Mary Lavin. Más de veinte años después de su muerte, Errata Naturae edita En un café, con 16 relatos que descubren a una escritora magistral. Descubrimos el inmenso poder con el que describe la vida interior de las mujeres, especialmente las madres y las viudas, mujeres que no tienen ningún motivo para ser más que honestas consigo mismas sobre las realidades de su situación.

Lavin fue la autora de 19 colecciones de cuentos y tres novelas. Ella ganó tres becas Guggenheim y varios premios literarios, incluido el Premio Katherine Mansfield, en 1961. Sus historias aparecieron regularmente en The New Yorker.

En ellas, Lavin recurrió a su propia experiencia. Sus historias, las que podemos leer En un café, exploran y reflejan los patrones de su vida: el regreso de la pequeña niña de América a la extraña y puritana sociedad de la gente de su madre en el oeste de Irlanda. Son cuentos sobre los conflictos en los corazones de sus compatriotas, hombres y mujeres irlandeses que trascienden las meras historias de vida en Irlanda. Por eso son historias asociadas con las tierras medias de Irlanda, ya que su ficción transformó ese lugar en algo rebosante de universalidad incipiente, rica en matices, a la vez armónica y agudamente inteligente.

Mary Lavin murió un lunes 26 de marzo de 1996 en un asilo de ancianos. Tenía 83 años. Su muerte fue noticia de primera plana en The Irish Times.

FICHA
Las chicas del campo
EDNA O’BRIEN
ERRATA NATURAE
23,90 €
FICHA
Un lugar pagano
EDNA O’BRIEN
ERRATA NATURAE
17,50 €
FICHA
En un café
MARY LAVIN
ERRATA NATURAE
22 €

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