Dolores Redondo: “Volverá Amaia Salazar, porque tengo muchas historias de ella”

13 diciembre, 2014
Dolores Redondo presentó esta semana en Málaga la  tercera novela de su  trilogía del Baztán

Dolores Redondo presentó esta semana en Málaga la tercera novela de su trilogía del Baztán

RAQUEL ESPEJO

Dolores Redondo estuvo el pasado miércoles presentando su tercera parte de la trilogía del Valle del Baztán Ofrenda a la tormenta. Nada más intercambiar unos saludos, comentando lo bien que está funcionando su tercer libro editado por Destino reconoce que «el lector siempre nota cuando el autor sabe de lo que habla, lo reconoce y lo premia, o lo castiga cuando hablas de algo que no sabes» aunque está convencida de que el éxito le ha llegado casi por una red conformada por lectores que poco a poco ha ido extendiéndose y cuya base, según ha comprobado ella misma durante las firmas de ejemplares, se basa en el boca a boca.

Leer la reseña de ‘Ofrenda a la tormenta’

Dolores entiendo por tus aclaraciones al final de la novela que la trilogía estaba predeterminada antes de empezar ¿Me equivoco?
Sí, la trilogía estaba preconcebida. La primera novela es mucho más lineal, la segunda son dos círculos concéntricos, dos casos diferentes que al final se unen y la tercera es el círculo final que encierra a todos. Era importante para mí que el lector llegase a ese razonamiento él solo. Yo le doy una historia que parece algo fantástico, luego lo voy introduciendo más y luego le cuento que en base a cosas tan fantásticas como ésas hay gente capaz de vivir y también hay gente capaz de matar. Y eso es al final el tema de la novela, la pura transgresión, la gente que es capaz de traspasar la frontera de ir más allá en su afán de tener una pervivencia, de no acabarse con la muerte, de tener una parte divina, por un lado algo bueno que nos ha hecho crecer como especie pero también tiene un lado negativo, cuando traspasas la frontera y pierdes el respeto por la vida de los demás. La trilogía se podría comparar a la estructura de un iceberg, la primera novela era una punta de lanza, una información muy contundente de lo que estaba ocurriendo, la segunda contenía muchísima información que sería el cuerpo medio y la tercera es todo lo que había debajo del iceberg.

¿Qué personaje te ha costado más? ¿Por qué?
No me ha costado ninguno especialmente, en todo caso momentos de la historia más que personajes. Todos los vivo bien y los acepto bien haciéndolos míos, pero las circunstancias de algunos personajes, sí, como con Jonan Etxaide y algún encuentro con el juez Markina. Escenas complicadas por querer captar esas situaciones que ofrecen literariamente una complicación al buscar la originalidad y no volver a caer en las mismas palabras.

La naturaleza y su fuerza está presente desde la primera novela hasta la última, no sólo con fenómenos meteorológicos sino como el personaje Mari a quien terminas dedicándole y agradeciéndole el libro, la Dueña.
De la naturaleza te puedo decir muchas cosas. Que el personaje principal es el paisaje creo que queda de manifiesto, también como influencia en cada uno de los personajes, algo que se aprecia perfectamente cuando vas allí y lo sientes. Un valle, cerrado, que por su configuración, preserva algunos aspectos de sus costumbres, de su modo de vida y la naturaleza está tan marcada allí… con esas nieblas, esas lluvias, ese frío, esa humedad constante y el rumor del río, resonando todo el tiempo, que no cesa, ni de día ni de noche, ese rumor que lo tienes en la cabeza y que te hace comprender perfectamente que cuando hace 200 años no había luz eléctrica allí, la vida tenía que ser durísima. Es normal que los habitantes de la zona antes de que llegase el cristianismo pidiese protección a quien se la podía dar: a las fuerzas de la naturaleza, a ese río que este mismo año en el mes de julio se ha vuelto a desbordar y se ha vuelto a llevar medio pueblo por delante y ellos limpian y siguen ahí, pegados al río, porque es su naturaleza, como indica el propio nombre del pueblo, Elizondo, «junto al río».

Un entorno así debe moldear a las personas y a sus comportamientos.
Esto les marca el carácter y se comprende que pidieran protección cuando había grandes hambrunas, cuando hubo plagas o cuando hubo una tos ferina que se llevó a las tres cuartas partes de la población infantil. Pero ellos siguen allí viviendo en comunión con esa fuerza de la naturaleza y la respetan. Esa fuerza, la madre tierra, a la que piden y agradecen fue durante muchos años la religión del lugar que convivió un tiempo con el cristianismo hasta que llegó la Inquisición y empezó a decir que esas prácticas de llevar piedras a una gruta o ofrecer leche o queso en una piedra, era satanismo. Afortunadamente hubo un señor inquisidor, Salazar, que tuvo la cabeza fría de irse allí y permaneció un año y medio en esa población, se entrevistó con muchísima gente y aún recibiendo muchísimas autoinculpaciones de brujería, llegó a entender que allí ni mucho menos estaba el demonio. Cuando regresó a Logroño, lo explicó a los otros señores inquisidores, les dijo que sí que había algo, pero no era el demonio, era otra fuerza, una potencia, algo especial.

¿Cómo ves el mercado de la novela negra española, crees que ha salido del entorno underground?
Lo veo ilusionante, sobre todo yo que la veo desde las bases, porque aunque estoy teniendo éxito ahora, llevo mucho tiempo intentándolo y conozco muchos autores que están ahí, pujando. Veo muchísimo talento, gente con muy buenas ideas, gente que hace negra pura, negra mestiza parecida a la mía o similar, con otros aspectos, que explora otros conceptos. Tiene una razón que haya salido del underground, como dices, y es que hubo unos años que la novela negra triunfaba en los EEUU o en el Reino Unido y que aquí no se podía dar porque en el régimen político que teníamos no se podía hablar de corrupción, prostitución o crímenes, no estaba bien hablar de esas cosas y si se hacía un poco de novela negra se hacía un poco como para hacernos reír de nuestras cosas. Pero lo cierto es que hay una novela negra que viene, muy interesante.

Tiene la suerte de encontrarte con un montón de seguidores de tus novelas, que se han publicado en 32 países, 400.000 seguidores de la primera novela, un cómic, una serie con los productores de Millenium. ¿Le da vértigo?
Muchísimo. Cuando escribí esta novela llevaba mucho tiempo intentándolo, he publicado anteriormente pequeñas cosas, tenía una novela con una recorrido pequeñito me esperaba una trayectoria similar, un poquito mejor, pero desde luego, no esto.

¿Tiene proyectos en marcha o ahora mismo disfruta de la promoción?
Estoy disfrutando de la promoción, me hacía mucha ilusión venir a Málaga porque vengo a veranear a Benalmádena, donde tengo familia, y tenía muchas ganas de llegar aquí y encontrarme con los lectores, con personas comprometidas desde el principio, que me siguen en Twitter.

¿Volverá Amaia Salazar a deslizarse entre nuestras lecturas?
Sí volverá Amaia… porque sería absurdo dejarla aquí cuando tengo tantas historias que contar de ella. En el proceso de escribir esta novela ha habido otras ideas que han ido surgiendo y que me apetecía contar, pero no podía porque había un camino trazado, una ruta a seguir… desde otros delitos a otros personajes, profundizar aún más en algunos, que además es un reto que tenía desde el principio, el que los personajes que son satélite del investigador, cobrasen más fuerza y el lector ha dicho que sí, que le gustaban, de hecho hay lectores que me escriben preguntándome en concreto por algún personaje, como la tía Engrasi, Zabalza o Iriarte y esto me produce una gran satisfacción: saber que el lector quiere conocer más de ellos y que comprende que los personajes no son blancos ni negros, que todos tienen como las personas reales, matices, que los buenos no son del todo buenos ni los malos son del todo malos y que todo el mundo tiene una justificación, un dolor o una traición, algo que les ha marcado su vida, algo que les lleva y que les mueve y que hace a estos personajes que se hagan reales. Volveré con ella porque después de tanto trabajo hay situaciones que me gustaría explorar más.

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