Desoír al flautista

26 septiembre, 2014
Un fotograma de la película Jules et Jim de François Truffaut.

Un fotograma de la película Jules et Jim de François Truffaut.

JOSÉ LUIS DE JUAN

Quienes ya leyeron Romance en Paris volverán a encontrar aquí la voz dulce, casi femenina, de Hessel, el alemán nacido «para escuchar y consolar».

En sus últimos años de los sesenta y uno que vivió, a Hessel se le puso cara de Buda, con los ojos muy abiertos y una boca grande que sonreía sin esfuerzo. Quizá fue su actitud fraternal hacia las mujeres la que al final premiaría sus desvelos existenciales con una suerte de nirvana. Gran parte de su juventud el escritor acompañó, escuchó y consoló a toda clase de mujeres, en Berlín, en Múnich, en París y en algunas ciudades de Italia, mujeres de las que ni siquiera se permitía estar enamorado, y a las que llegaba a respetar hasta el punto de entretener a sus amantes mientras ellas se entregaban al boudoir.

Seguramente para escuchar y consolar de un modo más profundo, se casó con Helen Grund, la misma que fotografió Man Ray desnuda en una playa, y hasta tuvo dos hijos con ella. Helen necesitaba más consuelo que el que podía procurarle Franz, de modo que se arrimó al amigo francés de su marido, Henri-Pierre Roché, un seductor a la antigua usanza, de genio y figura. Jules y Jim fue el resultado, que explotó más tarde Truffaut. Si la vida es sólo una parte de la literatura, y desde luego no la más importante, Berlín secreto destila esa parte con un alambicado entramado verbal.

Hessel fue discípulo del poeta más influyente de su generación, Stefan George. De modo que esta novela, que Walter Benjamin califica de «comedia musical alejandrina», debería leerse en voz alta para captar sus menos evidentes secretos, que son puras inflexiones vocales, lánguidas pausas orquestadas por el «sentido del espacio».

Y en esa arquitectura clásica suspendida en un ritmo musical Fancy, Karola, Oda y Margot son las cariátides. Todas las mujeres de esta novela adoran a Wendelin, el joven atento y vagamente enamoradizo que va de diván en diván para acariciar con extrema delicadeza los pies de sus diosas del Olimpo berlinés. Él desearía fugarse con Karola, casada con Clemens, un profesor cínico, para quien «los celos son la sombra del amor, que al mediodía se reduce al mínimo». Todavía no ha aprendido que «las mujeres excitan las pasiones como los agents provocateurs excitan al pueblo». Y pocas veces Wendelin consigue estar solo con ellas, pues las cariátides, pilares de la sólida arquitectura femenina, nunca están realmente solas: a su alrededor hay niños, bonnes, banqueros. Los jóvenes poetas como él están solos con su ilusión, intentando con todas sus fuerzas huir de «esa deplorable construcción auxiliar que es la realidad».

Hessel tenía sangre judía, como Benjamin. Se encontraba perdido en un mundo que había cambiado de la noche a la mañana con la guerra. Tuvo que refugiarse en la traducción de los clásicos, apuntalar, como fuese la arquitectura de su vida, los fundamentos de su lengua. Y por eso escribía libros como este, para desoír al flautista Clemens, su filosofía inútil de que Todo acaba en facturas, tanto las luchas del alma como las guerras mundiales.

Berlín secreto, de Franz Hessel

FICHA
Berlín secreto
FRANZ HESSEL
ERRATA NATURAE
14,90€

Todas las mujeres de esta novela adoran a Wendelin, el joven atento y vagamente enamoradizo que va de diván en diván. El desearía fugarse con Karola.

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