Del hombre y el bufón

17 enero, 2014
El escritor Samuel Beckett (1906-1989)

El escritor Samuel Beckett (1906-1989)

LUCAS MARTÍN

La editorial Confluencias publica por primera vez en español la versión inglesa de Mercier y Camier. Un texto traducido por el propio autor que llevaba más de cuatro décadas sin verse por las librerías del mundo hispanohablante y que anticipa y repasa al Beckett anterior y posterior a la trilogía. Descarga divertidísima y desesperada; quizá su canto más irlandés.

En 1946, poco después del final de la guerra, en la que sirvió como voluntario de la Cruz Roja, Samuel Beckett andaba, como casi siempre, en plena búsqueda, aunque esta vez con su propia lengua averiada y lamiéndose las heridas del espíritu con la saña del perro en las últimas que en el fondo siempre fue; por un lado, la experiencia del horror empezaba a filtrarse en su concepción ya de por sí expectorante y relativista de las cosas, y por el otro, su estilo, que había dado hasta ese momento hallazgos notables como Murphy o Sueño con mujeres que ni fu ni fa (traducida recientemente por mi añorado Miguel Martínez-Lage y José Francisco Fernández), no acababa de soltarse definitivamente de las amarras experimentales de su primera juventud, todavía muy influida por Joyce, al que sirvió como discípulo y secretario en París

Quizá por eso, a la vuelta de las trincheras, con la memoria todavía repleta de obuses y cadáveres, Beckett se dispuso a dar un vuelco histórico a su producción y confirmar el salto al francés. En gran parte para ganar distancia consigo mismo, pero también para evitar la eufonía y los malabarismos de corrido a los que era tan propenso en su idioma natural. El resultado fue Mercier y Camier, una novela, brillante como toda su producción –el día que alguien me traiga una medianía la guardaré como si fuera una piedra de jade encontrada en una cueva de lobos–, en la que paradójicamente se retuerce en una dicción extraña para llegar más que nunca a su piedra de toque inicial; la ciudad de Dublín y la herencia de la literatura irlandesa, con todos sus ecos mitológicos e, incluso, el pulso deliberadamente juguetón de Flann O’Brien –resulta asombrosa la referencia a las bicicletas, que comparte en el tono con El tercer policía, publicada casi en la misma época que la novela de Beckett–.

En Mercier y Camier hay de fondo esa cosa tan irlandesa de seres hechos polvo que tiran chinas al cielo desde un acantilado mientras beben una cerveza e imaginan que inventan otro mundo igualmente desgastado, pero con muchos más diablos y zancadillas de interés. Aunque, por supuesto, sin dejar de ser una pieza radicalmente Beckett, con lo que eso implica de punto de inflexión; la novela, publicada por Confluencias, el sello pilotado desde Málaga por el poeta y traductor Carlos Pranger, es al mismo tiempo premonitoria y retrospectiva dentro de la producción del escritor. Beckett conserva en sus páginas su primer aire de potro salvaje y saltarín, pero también las señas de identidad de toda su literatura posterior. Desde el gusto por los espacios circulares y opresivos, casi recortables de cualquier tipo de lazo geográfico, por más que se intuyan al fondo las torres sucias del Trinity College de Dublín, a la obsesión por seres de sueños malparidos, esperando, como todos, no se sabe muy bien qué. Incluso, aparece esa visión del sexo lleno de enfermedad y de pulso zarrapastroso y en cuclillas contra la muerte, como de azote de sábanas amarillas, que tanto ensalzará en algunos pasajes de sus obras principales.

Escrita justo antes de emprender su monumental trilogía, Mercier y Camier, se vio obligada a dormir durante décadas en un cajón. Beckett, que en esa época acumulaba rechazos editoriales, no se volvió a ocupar del manuscrito hasta 1970, cuando su editor, animado por la concesión del Nobel, empezó a pedirle inéditos con verdadera hambre de titán. Entonces el escritor se sentó frente a la novela y la tradujo en inglés, además de aplicarle un tratamiento de corte y acrisolamiento que dio pie a otra versión. Es precisamente este texto el que llega por primera vez en español, de la mano también de José Francisco Fernández –la novela en francés fue traducida por Félix de Azúa hace más de cuatro décadas–.

La edición Confluencias, que se acompaña de las ilustraciones del propio autor, permite ahondar en ese otro Beckett situado entre la plasticidad y la sátira más explícita y los avances de prosa de caracol que asomarían a partir de la trilogía. ¿Humor? Sí, pero con un pie hundido irremediablemente en el vacío. Y con la procesión de hombres marginales –quién en el fondo y con el corazón desbocado no lo es– que se mueven entre la anomia, la violencia y la miseria física y espiritual. Suban al travelogue de Mercier y Camier, y su viaje de petate ajado alrededor de sí mismos y de la ciudad. El hombre y Beckett en estado puro, encendido, alocado, prometeico, burlón.

Mercier y Camier, de Samuel Beckett

FICHA
Mercier y Camier
SAMUEL BECKETT
CONFLUENCIAS
15 €

Novela olvidada en un cajón durante décadas, Mercier y Camier (1946) fue la primera obra que Beckett escribió en francés, y estilísticamente anticipa a su afamada trilogía. Tras recibir el Premio Nobel en 1969, su editor le pidió que le entregara algo que publicar de inmediato, y esa fue la oportunidad para que este viaje delirante de dos vagabundos saliera a la luz. No sería hasta 1974 que el propio Beckett tradujera al inglés el texto.

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