Deconstructing Philip Roth

5 marzo, 2016
Philip Roth.

Philip Roth.

ENRIQUE BENÍTEZ

Una biografía admirativa y el testimonio de su exmujer desnudan la compleja personalidad del genio de Newark, aportando importantes claves para interpretar muchos elementos de sus obras, con una fuerte carga autobiográfica

En noviembre de 2012 Philip Roth anunció que dejaba de escribir y que se retiraba de la vida pública. En apenas cuatro meses cumpliría 80 años y quizás estaba cansado de esperar un Nobel esquivo. Aquella renuncia sonó a órdago, a protesta, a salida del terreno de juego antes de tiempo. Sus seguidores, casi fanáticos, vieron en aquel anuncio un último gesto de dignidad del padre de Nathan Zuckerman, su alter ego literario, quizás su gran creación.

La compleja personalidad del autor de Pastoral americana es bien retratada desde dos puntos de vista antagónicos. John Updike, en la reseña del libro de Claire Bloom, acuñó la expresión «la biografía de Judas» para comentar el auge de un género testimonial escrito por antiguos amigos o amantes y caracterizado por el ajuste de cuentas. Sin duda fue una clasificación certera.

Toda la vitalidad literaria que sobresale en el testimonio más o menos veraz de la actriz inglesa se convierte en ausencia de ritmo en el libro de la colaboradora del semanario The New Yorker (que, por cierto, nada tiene que ver con Philip Roth). Sin embargo, la lectura simultánea o sucesiva de ambas obras permite conseguir una imagen mucho más ajustada de la tormentosa vida interior de Roth, o de su insuperable habilidad para convertir en personajes de ficción a los verdaderos protagonistas de su vida. Buena parte de las invenciones literarias de Roth son trasuntos de personajes reales, a veces demasiado identificables. Familiares, amigos, rivales, amantes, compañeros de universidad, escritores admirados: no hay casi ningún referente de la vida real de Roth –incluso él mismo– que no haya acabado convertido en personaje principal o secundario de alguna de sus obras.

Si hay una palabra que recorre ambos libros, esa palabra es vulnerabilidad. El conocimiento de la biografía real de Roth es muy útil para descifrar los grandes temas que aborda en sus obras. Del libro de Claudia Roth Pierpoint también sacamos en claro la audacia de un joven escritor llamado a importunar con su aguda observación del entorno inmediato las más sagradas convenciones sociales. Al fin y al cabo la pertenencia a la comunidad judía norteamericana en la postguerra mundial suponía una firme atadura: la más pequeña crítica o perspectiva satírica de un determinado modo de vida, por más que el autor perteneciera a esa comunidad, suponía un ataque frontal a quienes más habían sufrido las atrocidades de una guerra inhumana. Y eso hizo Roth a los 26 años, con diversos relatos que le llevaron al desencuentro con quienes representaban sus más esenciales raíces, los próceres judíos de Newark.

Llama la atención la decisiva vocación de Roth por proponer un punto de vista diferente. Su aguda capacidad de observación y su rebeldía en un momento en el que su propio entorno demandaba respeto. Quizás demasiado. Ese feroz ataque inaugural sufrido sentaría las bases de una susceptible personalidad. La experiencia con una novia primeriza que le mintió –le aseguró que estaba embarazada para seguir con él, a lo que accedió a cambio de que abortara, para descubrir meses más tarde que todo era falso– también explica el papel reservado en las novelas de Roth a los personajes femeninos, casi siempre dominantes y fríos, lo que le ha valido frecuentes acusaciones de misoginia e incluso de machismo. También el miedo de sus personajes a entregarse, a mostrar sus verdaderos sentimientos.

Roth irrumpe en la vida de Claire Bloom casi por casualidad. Ella está superando un horrendo matrimonio y él la admiraba desde sus tiempos de actriz junto a Charles Chaplin. Es 1975. Convivirían durante casi 17 años, con muchos momentos felices y carreras casi acompasadas. El libro de Claire Bloom es muy británico, bien adjetivado, tiene ritmo, es divertido si uno sabe lo que está leyendo y clarifica diversos rasgos que cualquier lector atento de Roth puede apreciar en sus obras de ficción: una desmesurada necesidad de orden; un enorme nivel de autoexigencia; la compleja relación con el universo femenino; pero también una gran dosis de amabilidad y compasión para con los demás. Al fin y al cabo es muy difícil detectar qué hay de realidad y qué hay de ficción en las novelas de Philip Roth, con amigos enmascarados y viejas amantes resucitadas, no siempre con el disfraz adecuado y suficiente como para evitar la confusión.

La propia Claire Bloom no sale muy bien parada en el libro que ella misma escribe. Reconoce con frialdad que a la hora de elegir entre Roth y su hija eligió a su marido, y también pone de manifiesto con distante naturalidad que la carrera de una actriz está siempre muy por encima de cualquier esclavitud familiar o emocional. En algunos pasajes Bloom reconoce el apoyo de Roth a su carrera, a sus trabajos –escribió para ella relatos y guiones–, a sus composiciones dramáticas, al conocimiento profundo de los personajes que debía interpretar. Lástima que toda esa preciosa experiencia en común quede sepultada por el rencor de la pérdida y de la ruptura. Algunos párrafos revelan que si bien Roth podría ser sin duda un acompañante complejo, Claire Bloom no se quedaba muy atrás.

Si algo bueno tuvo el libro de Bloom (publicado en 1996, y sólo hace un año en España) fue la sensación de traición que sufrió Roth y los ataques públicos a los que fue sometido, lo que le llevaría a escribir uno de sus mejores libros, Me casé con un comunista. Las delaciones y el instinto de supervivencia que marcaron los años de «la caza de brujas» y esa íntima convicción de haber sido traicionado por quien fuera su mujer durante los años más fructíferos de una descomunal carrera, confluyeron en un libro hipnótico que disecciona los oscuros entresijos del ser humano, sometido a vivencias inesperadas y a situaciones donde la moral personal juega un papel decisivo. Otra de las constantes de una obra inmensa, no siempre bien acogida por la crítica, pero sin duda original, auténtica, valiente y compleja.

Otra visión

Hay mucho más en el libro de Claudia Roth Pierpoint: sus referencias y amistades, su compromiso con Checoslovaquia, la amistad con Ivan Klima o Vaclav Havel. El libro se comienza a elaborar después de la renuncia de Roth a seguir escribiendo, lo que le confiere libertad y perspectiva. Sobran citas de las reseñas de los muchos libros de Roth, y los análisis de la autora son superficiales, a pesar de la preciosa oportunidad de haber conversado con el autor. Sin embargo, entre tanta información siempre hay destellos, hallazgos útiles, claves que permiten interpretar un libro determinado, conocer la voluntad puntual del autor. Y se agradece este esfuerzo por dotar de sentido una obra que desde su inicio aspiró a ser novedosa, incisiva y transcendente. Con tantas claves leer de nuevo a Roth será como hacerlo por primera vez. Un regalo para la inteligencia, un desafío, una sorpresa.

Roth desencadenado, de Claudia Roth Pierpoint.

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Roth desencadenado, de Claudia Roth Pierpoint.
CLAUDIA ROTH PIERPOINT
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24,90 €

Biografía del escritor norteamericano Philip Roth.

Adiós a una casa de muñecas, de Claire Bloom.

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Adiós a la casa de muñecas
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Esta figura inició su carrera de un modo fulgurante: con sólo diecinueve años Charles Chaplin la eligió como protagonista de una de sus obras maestras, Candilejas, y a los veinte era portada de la revista Time y realizaba sesiones de fotos para Vogue y Vanity Fair. La traumática separación de su último marido, el escritor Philip Roth, la llevó a escribir estas memorias crudamente sinceras, demoledoramente incisivas, donde la actriz y la mujer muestran sus experiencias a corazón abierto para afirmar con lucidez: «Ahora mi futuro me pertenece de veras».

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