Cuando el dios es mudo

14 febrero, 2016
Gonzalo Hidalgo Bayal.

Gonzalo Hidalgo Bayal.

El antiguo profesor de Literatura Gonzalo Hidalgo Bayal publica en Tusquets Nemo, una fábula existencial y kafkiana en la línea de Paradoja del interventor, una de sus mejores novelas. En Nemo un enigmático personaje sin nombre acude a vivir a un pueblo remoto con el propósito de no pronunciar nunca más una palabra

ALFONSO VÁZQUEZ

Uno de los personajes de la última novela de Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, Cáceres, 1950) recuerda que fue el astuto Ulises quien primero dijo llamarse Nemo (nadie en latín) para escapar de las garras del cíclope Polifemo. Nemo, el título de la nueva obra de este antiguo profesor de Literatura de Plasencia, recupera las esencias de uno de los libros más conseguidos e impactantes del autor, Paradoja del interventor, con el que se dio a conocer al gran público en 2006 en la editorial Tusquets, donde sigue publicando su obra.
La última creación de Gonzalo Hidalgo Bayal es, a juicio del firmante, una de las mejores de este narrador de voz casi siempre subyugante, un maestro de la introspección y la sobriedad poética con un sello muy particular, de ahí que podamos encontrar con facilidad su huella con sólo leer unas cuantas páginas de sus novelas.

Con Nemo vuelven con fuerza la mirada interior y los escenarios solitarios, sin olvidar la dejadez ferroviaria de las estaciones olvidadas, aunque el foco se traslada en seguida a un pueblo triste y olvidado, un rincón de la España rural del siglo pasado, por las escasas pistas temporales que aporta el autor. Ha anunciado su llegada un hombre misterioso que acude a esta aldea remota a perderse del mundo y que ha tomado una decisión terrible: no pronunciar una palabra, algo que provoca la extrañeza pero también la curiosidad de los lugareños.

Como en Paradoja del interventor, Hidalgo Bayal hace pivotar la novela alrededor de un personaje kafkiano del que, pese a sus innegables limitaciones, sacará enorme partido, al tiempo que otorga la voz del relato a un vecino escribano que será el encargado de describir el impacto que Nemo –pues así ha sido bautizado al no conocer su nombre– tendrá en los habitantes del pueblo.
Dividida en 131 episodios, algunos de ellos breves versos que refuerzan la trama, la narración carece de puntos y aparte y sin embargo, el escritor extremeño hace posible una lectura fluida y con la forma en apariencia sencilla de contar las andanzas de Nemo, pese a los meandros por los que nos conduce la novela, muy pronto entramos de lleno en el atractivo escenario de este pueblo adusto y perdido de la mano de Dios, en el que todavía se escuchan las andanzas de antiguos predicadores y buhoneros, leyendas de princesas perdidas y reyes que mandaron gallardos jóvenes en su busca.

Como en toda novela de Hidalgo Bayal, licenciado en Filología Románica, hay también espacio para los juegos de palabra y las digresiones, aunque no tantos palíndromos como en anteriores ocasiones. Y por encima de todo, el enigmático personaje de Nemo, cuya influencia, su desesperante silencio, empieza a marcar la vida del pueblo. Los mejores capítulos de Nemo son los dedicados a explicar la actitud kafkiana del protagonista, la otra cara de lo que Tusitala, el malogrado escritor Robert Louis Steveson, fue para los nativos de los Mares del Sur, un entusiasta contador de historias, rodeado de un halo divino para los autóctonos, por eso el escribano sostiene que «A nosotros, en cambio, nos ha llegado un dios mudo. Verdad es que le seguimos con todo entusiasmo y la misma fascinación con la que seguían los nativos al contador de historias, que estamos tan hechizados con el silencio de nuestro dios como los nativos con la imaginación del escritor enfermo».

Los niños, alborozados, persiguen a Nemo en sus paseos por los andurriales mientras los adultos lo siguen absortos con la mirada y continúa muy presente en sus vidas. Gonzalo Hidalgo Bayal, como ya hizo en Paradoja del interventor, ha escrito una arrebatadora fábula existencial, una indagación sobre el silencio que vuelve a demostrar que el escritor cacereño es una de las voces más personales y atractivas de la literatura española de nuestro tiempo.

Nemo, de Gonzalo Hidalgo Bayal.

FICHA
Nemo
GONZALO HIDALGO BAYAL
TUSQUETS
18 €

Un hombre que no habla, porque ha decidido no hacerlo, llega a un pueblo muy alejado como si buscara un retiro donde convalecer de no se sabe qué males. Enseguida los lugareños lo bautizan como Nemo. El encargado por tradición de escribir lo ocurrido en el pueblo y los demás asistentes a la bodega especulan sobre el origen de su mudez voluntaria.

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