Crónicas de Literatura

28 julio, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

El escritor como iniciación y tema. Desde Los monederos falsos de Gide hasta El retrato del artista adolescente de Joyce, y tantos otros libros en los que el personaje principal es el escritor, del autor que nos narra de su mundo y sobre él a través de un protagonista aderezado con todos los ingredientes de su formación. Fitzgerald, Cortázar, Borges, Handke, Nabokov, Gombrowicz o Faulkner. Las voces, todas las voces, de las que uno nace a la literatura y la explora, sabiendo que ha de ir haciendo suyos los influjos y soltando amarras con el padre y los tíos si lo que se pretende es crecer y tener una voz propia que nos distinga. Hay en esa iniciación otro personaje formativo que es la ciudad. El tejido al que se pertenece y el espejo donde mirarse para construir el universo en el que templar a conciencia la búsqueda y el deseo, la identidad y los sueños. De nuevo los maestros como brújulas de un territorio que va de la Roma de Pavese al Buenos Aires de Bioy Casares, a la Barcelona de Mendoza y Marsé, al Nueva York de Paul Auster o la Lisboa de Saramago. Sirva de prólogo este mapa de la sentimentalidad literaria para presentar una novela de abordaje literario, con esos tópicos que le laten dentro pero con suficiente ambición de lenguaje y capacidad narrativa como para hablar de lo que nos cuenta Fantasmas de la ciudad de Aitor Romero Ortega, publicado por Candaya con ilusionante apuesta.

Nos abre el viaje a través de diferentes relatos que se hilvanan y fragmentan entre sí, como sombras y ecos, posibilidades de capítulos y cromos urbanos con una poética sobre la soledad, el destino, la huida, la identidad y la obsesión, ese escritor que regresa clandestinamente y extranjero a su ciudad y en ella encuentra al fantasma de Gràcia que le narra acerca de ella como artefacto literario y colmena de secretos y de ilustres históricos de paso como aquel León Trostki que anduvo cinco días por ella sin intuir el aliento próximo de su muerte. Un relato que se nos descubre en medio de las vidas de célebres jugadores de ajedrez como Enmanuel Lasker, Fisher, Max Eywe o Alexander Alekhine contra el que Trotski mantuvo un jaque de alfiles, lo mismo que hizo en política. Un episodio que el narrador escritor, lo mismo que hará sucesivamente con otros relatos, va enmadejando en nudos con ojo con otros asuntos como su pasión por los libros de viejo, el viaje del Montserrat que llevaba a bordo a Arthur Cravan retado en boxeo por Jack Johnson en la Monumental, y en cuyo pasaje va también Verónica Volkow, nieta de la víctima política de Ramón Mercader. Hay otras historias de ecos kafkianos y del antes citado Auster sobre aeropuertos en los que viajeros atrapados no llegan a una boda a tiempo pero sí al encuentro consigo mismos y lo que de verdad desean. Y hermosas baladas literarias como las de Naima, la chica que huye de ser una balada de John Coltrane y recorre diferentes ciudades del amor, por las que la va persiguiendo la melodía en las manos al piano de Tete Montoliú y ese acoso como de Lovecraft estrechándole la libertad de ser ella. Quizás el relato más hermoso y mejor de estos fantasmas de ciudad entre los que también brilla el joven en busca de la Roma y los últimos días de Cesare Pavese y su nunca se está solo del todo. A esa buena altura se encuentra la historia de los puentes de Bosnia que busca una joven fotógrafa a la que su amante le enseña por qué los Balcanes son el desagüe de Europa, y el del escritor que nos convocó al principio y aprovecha las vacaciones en soledad para enfrentarse al Gran esfuerzo de vencer el bloqueo en blanco y escribir la novela del éxito definitivo y por la que ya ha cobrado un anticipo. Consigue Aitor Romero conducirnos a gusto en su manera literaria de perseguir los personajes que le inspiran y hace suyos con cierto equilibrio descompensado entre ficción, vida, itinerario biográfico y crónica narrativa en ocasiones con atmósferas melancólicas en las que de fondo silba una música y sus héroes maduran y se reconcilian.

FICHA
Fantasmas de la ciudad
AITOR ROMERO ORTEGA
CANDAYA
16 €

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