Ciao madame ceniza

6 febrero, 2012
AGOTA KRISTOF

AGOTA KRISTOF

LUCAS MARTÍN

Una vez leí a Agota Kristof decir que con Thomas Bernhard no se podía aguantar la risa. La frase, dicha por ella, parece un arrebato casi impúdico. Repitamos: Kristof, la escritora más violenta, amoratada y espiritualmente desecha de la literatura del siglo XX se desternillaba, desopilaba y carcajeaba con el temperamento estilístico de Bernhard, el hombre, el cascarrabias, el mito. Lo hacía de una forma natural, espontánea, como todos lo hacemos, sin el menor ánimo de convertir la experiencia en un western de tipos demacrados y destruidos. Kristof se reía con Bernhard porque todos nos reímos con este último, aunque quizá sin sospechar que su propia obra, burbujeante de sangre y de tibias, también sugería un efecto imprevisto; el de animar a la vida, aunque esto siga siendo moralmente enfermizo.

A la señora Kristof no le gustaba mucho saberse recibida entre bebidas tropicales y atributos festivos. Es más, se desentendía completamente de cualquier tipo de recepción y de lo que se supone que ilustra el lugar del escritor, tan codiciado en este mundo de poses y de tertulias. Lo que sí sostenía es que su obra no era ninguna broma, incluso, que tenía poco de afectación, de lo que de un modo henchido y retórico se considera literatura. Nunca, señalaba, releía sus libros. Sencillamente porque le estragaban, despedazaban y trituraban como perros hambrientos. Sobre todo, la trilogía Claus y Lucas (El Aleph), justamente la que provoca más entusiasmo, si es que esto, como todo, no resulta frívolo.

Cuando leí por primera vez a Kristof, en uno de esos accesos de proselitismo y comunión con los demás que vigorizan la lectura, como si el lector no estuviera, en el fondo, solo, ni siquiera con los libros, me dio por regalar sus novelas. Lo hice un poco a lo bonzo, sin reparar en las diferencias semánticas y de apego por la vida que existen entre un aprendiz de estrella del rock y una mujer encinta. No hubo quejas, sólo fervor, incluido en esta última. ¿Es el lector una alimaña, un sabueso, un tipo sin escrúpulos? En el caso de Kristof, la cosa es más bien cuestión de estilo. En la lectura de la obra de Agota hay un deslumbramiento estético, un principio de conmoción abrumadora entre tanta violencia e inteligencia macerada en un mismo cubilete, de temple más bien frío. Su prosa es despiadada, seca, infantil. De ahí que la perversión sea tan recurrente. Fraseo corto, inocente, musicalidad de vértigo, citada con los pájaros y con los abismos.

Muchos creen que su escritura se debe al escaso dominio del francés que acreditaba cuando empezó a publicar libros. La escritora huyó de la represión soviética, atravesó la frontera a pie con su marido y su hija recién nacida, vivió como viven los perros que además son extranjeros y son chuchos, reventada en una fábrica en la que se distraía componiendo poemas mentalmente, harta de casi todo, superviviente de sí misma.

Kristof tenía un francés desconsoladamente vivo, hecho a navajazos, a golpes de brillo. Decía que su tendencia natural era el laconismo. Es difícil no creerla, aunque hubiera trabajado con el húngaro. Su experiencia vital está recogida en La analfabeta (Ediciones Obelisco), una de sus frecuentes idas y venidas del mundo de la literatura con la que sorprendía a sus lectores, siempre pendientes de la magnitud de su retiro. Kristof sonó para el Nobel, influyó decisivamente a toda una generación de escritores– el más evidente Gonçalo Tavares–, escribió cuantitativamente poco, se detuvo cuando consideró que ya todo estaba dicho. Incluso hubiera bastado con la trilogía, una obra monumental, acaso la más descarnada de todos los títulos que afrontan la Segunda Guerra Mundial, a la que ni siquiera cita. Es imposible no pensar en ella en su casa de Neuchâtel, sentada frente a una manta inglesa y con la tele encendida, con el murmullo de todos los fuegos, de todos los espíritus.

FICHA

Claus y Lucas
AGOTA KRISTOF
EL ALEPH
24,95 € Estas tres novelas han confirmado la reputación de Agota Kristof como uno de los exponentes más provocadores de la narrativa europea. Con la simplicidad sórdida de un cuento de hadas, esta trilogía nos explica la historia de dos hermanos gemelos, Claus y Lucas, condicionados por un vínculo agonizante, que es una alegoría de las fuerzas que han separado a Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
FICHA

La analfabeta
AGOTA KRISTOF
EDICIONES OBELISCO
6 € Una obra autobiográfica que sintetiza en once fragmentos, los momentos fundamentales de una existencia apasionada. Unas páginas que han sido definidas por la crítica como «un regalo para el intelecto». Un trayecto vital que describe primero a una joven que devora libros en húngaro para luego dar la palabra a una escritora reconocida en otro idioma, el francés.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: