Buenas noticias de México

3 noviembre, 2018

JOSÉ LUIS G. GÓMEZ

Reencontrarte tras muchos años con un escritor al que respetas, y al que en un mal día hasta admiras, puede impactar tanto o más que descubrir a alguien que bien pudiera ser tu autor favorito -esos galardones suelen ser flor de un día, ¿verdad?-. Eso me ha pasado con Gabriel Zaid (Monterrey, 1934), de quien habían pasado muchos años sin leerle, y con él pocos o muchos siempre son demasiados. Mil palabras (Random House, 2018) me ha devuelto al mundo preciso e irónico de este mexicano incisivo; este hombre es un ingeniero con alma de poeta que goza de una inventiva de la que suelen carecer los enciclopedistas como él. Este libro reúne 60 artículos antes publicados en revistas como Vuelta y letras Libres, que aparecen reescritos aquí como capítulos, y en los que Zaid trata asuntos de lo más variopinto con esa profunda ligereza que es tan suya. Además de divertirme, Zaid me provoca una envidia sana, aunque algo irritante, al observar su inagotable inquietud, curiosidad y vitalismo. Este hombre ya no es un niño, pero sin duda no es un anciano. Otra cosa que favorece a Zaid ante mi mirada es la conexión que encuentro entre su obra y parte de la de Alberto Savinio, otro escritor al que debería volver pronto, muy pronto y seguro que nunca tarde.

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