Biografía de adagios

8 abril, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

 

Un hombre metido en años que pone sus pensamientos al aire, y con pan. Un hombre con patria de escritor pero que también es de la misma isla de todos los hombres que hemos crecido como lectores en voz alta, desde los clásicos al abrazo de Camus, ventana hacia la urgencia de salir a la calle, tomar la palabra, hablar con confianza con el corazón y sus sombras, y amar a los hombres por encima de las ideas. Nos regala Aramburu, a él y a nosotros, éste Autorretrato sin mí entre Rembrandt, Renoir y Vermeer, en el que apreciar los claroscuros, la psicología, el detalle, las emociones y su actitud, las raíces de familia, lo cotidiano y lo expresionista desde ese bosque donde la madurez se distancia y mira. Lo mismo que, al ritmo de sus pasos, deshoja la vida y sus pulsos, los seres diversos que no fue, o que sí, porque es austero y leve en comunicarse este escritor como hombre que arde un día ante una adolescencia de cincuenta años –a los dos se les ruboriza la voz, lo deseos que no se desnudaron- y se pregunta sobre las bifurcaciones del destino y el sobresalto del sueño en las horas más indefensas de la noche. Ese hombre al que no se nombra Aramburu, y transmite la sensación de que siempre anda hacia adentro, enciende en este libro de horas la lámpara de la memoria, se interpela si existe un campo azul detrás del tiempo; rememora los infantiles pájaros de la música en los dedos al piano de su hija, y escucha el silencio, lo escucha, mientras su tapa permanece cerrada. Se desliza su prosa, suave la poda y la posa, igual que esa memoria de Aramburu sobre su lenguaje, como si cada uno lo único que quisiese fuese mirar al otro, sin palabras y en sigilo respirarse mutuamente, detener la imaginación por escrito, dejar que se les haga tarde a uno en la habitación del otro.

Hay en la lectura de sí mismo, y a la altura del costado de todos aquellos en él o en los que nosotros podríamos identificarnos, algún que otro reproche de soslayo, un instante de ayer o de mañana en el espejo, con ese antojo introspectivo del escritor que parece andar como quién siempre está cruzando un puente; unas veces de tiempo y de fatigas, otras de placeres apacibles, y algunas del olvido que cosquillea por dentro. Sucede lo similar con las nostalgias y usos del hombre, de todos los hombres que son un patchwork, el suyo propio y el de Aramburu también un alfil del ajedrez cuyas reglas le enseñó su tío Basilio Nebreda. Nunca falta en la familia o la vecindad del rebelde ese maestro que instruye a leer los lomos de los libros; a medir el tamaño proporcionado de la escritura en la mano; la perfección irregular de la manzana donde cada mañana amanece su mundo.

Tiene mucho de poesía este álbum de fotografías escritas –serenas en su mayoría, a pesar de contener algún que otro invierno oscuro y el recuerdo de unas esperanzas hechas añicos y recogidas con palabras-. Hacer cuerpo de uno, desvelarlo como si fuese una maleta de tiempo abierta y que deshacer ordenadamente encima de la cama, exige sensibilidad, templanza y honestidad. Requiere igualmente una posición que le permita al escritor desarmarse y armarse en un libro, limpio y sencillo, que podría haber sido el trabajado libro rechazado de un joven escritor sin patria. Tal vez del mismo Aramburu que en este Breviario, a ratos exquisitos y en ocasiones intimista in blue escucha a un saxofonista callejero; evoca todos los viajes posibles en una cama; la temperatura exacta del amor; el misterio y la magia de la metáfora en Lorca. Y esa, esa, bellísima estampa que tiembla acerca del destino del cero y de la ternura a bordo de una ambulancia, la inocencia en blanco, la angustia en persecución, rumbo a lo humano del hombre.

Pan, tiempo, pecho al descubierto, la vida en ese punto donde casi todo está horneado, al igual que la literatura en la que un escritor sólo busca sentirse a gusto, la infancia por la mañana, los adagios de la intimidad, su tendencia a atardecer, y en paz reconocerse Aramburu.

FICHA
Autorretrato sin mí
FERNANDO ARAMBURU
TUSQUETS
18 €

 

No hay comentarios

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: