Malditos bastardos

9 julio, 2012

ENRIQUE BENÍTEZ

Arnošt Lustig

Arnošt Lustig

La literatura del Holocausto configura, por ella misma, todo un subgénero literario. Y al decir subgénero no estamos utilizando una palabra peyorativa: el exterminio industrial de seis millones de personas, cuya única culpa fue su pertenencia a la familia de los descendientes de Israel, ha dado lugar a muy abundante y excelente literatura. Quizás fue Primo Levi el primigenio, el primero que se atrevió a poner negro sobre blanco sus crudas experiencias, su sentimiento de culpabilidad por haber sobrevivido. Todos los que tuvieron la desgracia de pasar por el universo concentracionario repiten en sus novelas y memorias que murieron los mejores. Nadie puede escapar al peso de la supervivencia, ni siquiera los más pillos o los más cínicos. Lo demostró Claude Lanzmann en Shoah. La culpa permanece. El dolor está ahí, escondido, dispuesto a salir a la superficie a poco que se indague o se escarbe.

Levy, Imre Kertesz, Jorge Semprún, Elie Wesel. La lista es interminable. Con obras maestras, de lectura imprescindible por su contenido moral y su calidad literaria. Con novelas menores pero dotadas del aura de lo auténtico. Con ficciones oportunistas, con medianías sin más interés que su contribución a la memoria. Con diarios estremecedores, con testimonios inolvidables de la brutalidad cotidiana y de la banalidad del mal. El Holocausto es el gran acontecimiento histórico de la humanidad: un pueblo cegado por un liderazgo enfermo decide exterminar a otro sin más, como si la obediencia debida fuese una excusa, o un motivo, o ambas cosas a la vez. No hay nada comparable en el correr de los tiempos, por mucho que algunos defensores de algunas causas justas pretendan equiparar esta mancha inhumana de la Historia de la Humanidad con cualquier episodio moderno de represión y violencia. No, no es lo mismo, nunca podrá ser lo mismo, y basta con leer algunos libros, como Una oración por Katerina Horovitzová para comprenderlo.

Un grupo de adinerados judíos de origen americano, capturados en Italia en 1943, espera su destino en algún lugar del este de Europa. Han sido detenidos y separados del resto de compañeros por su patrimonio: alguien ha urdido un plan para canjearlos por algunos prisioneros alemanes de alto valor (oficiales de alto rango) y, de paso, vaciar sus bolsillos y sus cuentas en Suiza. Cuentas en francos suizos de oro, esa moneda internacional que está en la base de la prosperidad del siempre neutral y opaco paraíso helvético, donde los negocios son negocios, sean cuales sean, procedan de donde procedan. Al frente del grupo está Herman Cohen. Y al llegar al andén en el que se producirá la bifurcación inevitable de caminos (el de los ricos hacia la vida, el del resto de ocupantes de ese tren hacia la muerte), Cohen salva in extremis a una joven y bella muchacha judía, Katerina Herevitzová, de sólo diecinueve años, prendado de su belleza, luminosa entre la multitud agonizante.

Katerina se une al grupo de potentados, sin saber que en menos de una hora la eficacia de la bien engrasada maquinaria del exterminio habrá eliminado a toda su familia. Su presencia introduce un matiz inesperado en las relaciones que se establecen entre los afortunados (nunca mejor dicho) judíos, los propios alemanes y un siniestro personaje, el señor Bedrich Brenske, traductor y enlace entre los judíos y el oficial alemán al mando de la operación de canje. Arnošt Lustig, el desconocido autor de esta opresiva y dramática novela, escribe una obra en tres capítulos: casi como una obra de teatro. El primero de ellos transcurre íntegramente en la sinagoga del pueblo donde se ubica el campo de exterminio del que parecen haber escapado nuestros protagonistas. La sensación de asfixia es absoluta. Y no sólo por la violencia de la situación, por la negociación asimétrica entre los captores y sus prisioneros: a cada nueva hornada asesina, el campo y todo lo que le rodea se inunda de una asquerosa miasma, de una atmósfera en la que se presienten restos adiposos y cartílagos humanos. Una nube tóxica llena de muerte, inevitable, pegajosa, vomitiva.

La concepción del desarrollo de los acontecimientos es precisa. El drama se adivina desde el inicio. Pero la rara salvación de la joven y bella judía, bailarina, inocente, virginal, introduce un elemento de sorpresa en una trama cuyo desenlace sería demasiado obvio sin su presencia. Porque todos desean a la joven doncella: el oficial alemán, el intermediario checo, los soldados del campo, los prisioneros. Todos, y por supuesto su rescatador, Herman Cohen, que incluso oficia una ceremonia de boda para incluirla en su pasaporte y poder así sacarla del infierno.
Emotiva y rigurosa, basada en hechos reales, narrada en tiempo real –la acción transcurre en apenas 24 horas–, con toda la fuerza dramática de una opresiva obra de teatro, hay que elogiar sin escatimar palabras la tarea editorial de Impedimenta y de Enrique Redel, rescatando y poniendo a disposición de los lectores españoles no «otra novela sobre el Holocausto».

Porque estamos ante una obra de tremenda eficacia en su descripción del sádico ambiente de los campos, de la ausencia de escrúpulos de muchos de quienes se vieron involucrados en aquel asesinato masivo y del natural instinto de supervivencia de la especie humana. Una novela diferente, teatral y áspera, excepcionalmente inquietante.

FICHA
Una oración por Katerina Horovitzová
ARNOST LUSTIG
IMPEDIMENTA
16,95 €

Una oración por Kateřina Horovitzová describe el trágico destino de un grupo de acaudalados hombres de negocios judeoamericanos, de paso en un campo de concentración polaco dirigido por un retorcido oficial de las SS. Los prisioneros reciben la promesa de que podrán ser liberados gracias a un intercambio por prisioneros alemanes, pero su repatriación solo se producirá si son ellos corren con los gastos del periplo. A pesar de saber que están siendo utilizados, deciden confiar en el persuasivo responsable del campo.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: