Antojos y deleites

16 junio, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

Schubert suena en el lenguaje. Sobre todo en el de Manuel Longares que le afina el oído a las palabras para que unas y otras van engarzándose en una sinfonía literaria con la música del maestro de fondo. La novena para una ciudad pentagrama con calle –oboe, Gorgorito, Anacrusa-y que suena entre la política y la pasión rivalizada por Corchea y Septimino. El cuarteto sobre el amor en desmayo entre la templada flautista Armonía Mínguez y el pianista corchea Angelín. El quinteto acerca de la parodia en éxtasis de una tertulia por la que pulula la sinestesia de la cultura. Color, mucho color en el aire de las melodías, en la seducción indignante de El Bolero de Ravel, en la manera con la que Wagner cabalga la música y en lo carnavalesco de una historia muy valleinclanesca, con silbidos de sainete y picaresca, con la que Manuel Longares crea lenguaje desde la lengua castellana y lo transforma en notas musicales de un divertido concierto narrativo en duelo con la sentimentalidad de fondo. Y es también, sin duda, y con pictórico acierto, un bodegón de la vida de provincias de otros siglos insertados todavía en el actual que se ocupa en muchos lugares de la geografía socio cultural española.

tiene sentimentales un oído y una voz con alma clásica, esa que a lo largo de la cuerda y el viento de su historia, ha traducido a la elegancia de cada instrumento el amor, la pasión, los celos, la muerte, el romanticismo, la epopeya, las maneras de estar en el mundo y explicarlo a través del arte, de la música, claro está en ese caso, y del lenguaje. Ese con el que los buenos escritores, como Longares de quién les hablo, tejen daguerrotipos de brillante humor y esperpento, de simbólico análisis o espejo de la naturaleza humana y de escarpelo para diseccionar el perenne espíritu burgués de las ciudades que se sueñan por encima de sus posibilidades. Lleva tiempo Longares, sencillo, tímido, brillante y grande, maestro aún más en Sentimentales del virtuosismo barroco y la capacidad para inventar vocablos, regalándonos ese su don narrativo, pulcro y polícromo, entre la orfebrería lenta y minuciosa y la humana mirada cervantina a la altura del corazón y los ojos de sus criaturas, contándonos de su Madrid galdosiano a través de la música. La zarzuela de Romanticismo, el género chico de Soldaditos de Pavía o La vida de la letra, y ahora esta última novela de violas, chelos, violines, trompetas y fagotes, casi metamorfosis de los personajes que las representan mediante sus peripecias.

tres partes dividen el concierto narrativo con el que el escritor enfrenta a los Septiminos y Corcheas -conjurados alrededor de un piano Steinway en el que tocó Rubinstein, y aficionados a observar cómo la orquesta toma posesión de la escena- en un pueblo gobernado por el coronel don Rodrigo. En Nosotros abre su relato la ciudad bajo control político y con sus sombras clandestinas de resistencia, paradoja de España resuelta en un combate dodecafónico divertido y moral en su fondo. Es la segunda parte Tú y yo, la composición más lírica por su atmósfera sentimental, el juego entre su pareja protagonista y la mayor funcionalidad de la música como piel de lo que se narra. Y cierra con un burlesco Ellos, donde la parodia representa la fuerza de la escritura y el eje de lo que con ella cuenta para cerrar ese pequeño universo frente al que asiste el lector ensimismado ante hilarantes escenas como el atragantamiento del gordo Gandarias con un caramelo de menta, o la huida de una firma notarial para aliviar una urgencia erótica.

es importante resaltar, además de las peripecias y duelos entre los vanguardistas y los filarmónicos que van y vienen entre Betho, Wag, Shosta, Schum, Tchaiko, Cho, Dvorak o Tosca, del que se dice que dirigió en el pueblo un concierto, como denominan a sus maestros, el papel de sus estupendos personajes. Basilio Santindrián, Aniceto Consuegra, Campodón y sus aerofagia, el gordo Gandarias, Méndez, Custodio de Abolengo, Sandalio Escapes, doña Tecla, y el narrador con sobaco de fritanga y otros seres estrafalarios de esta fábula de antojos y deleites con la que Longares nos ofrece música para el lenguaje y la risa.

FICHA
Sentimentales
MANUEL LONGARES
GALAXIA GUTENBERG
18,90

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