Anatomía de la virtud

10 febrero, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

LA NOVELA HISTÓRICA ESTÁ DE MODA. ¿Qué tendrá el pasado con sus enigmas mundanos y espirituales y la reconstrucción de costumbres para que a los lectores les guste tanto este género? ¿Será porque se unen el viaje en el tiempo y la lectura?, ¿porque es una fórmula amena de aprender Historia? Algo habrá ya que no dejan de publicarse libros cuyos argumentos acontecen en Roma, Egipto, el Renacimiento y el Siglo de Oro. Una de las últimas novelas que recupera el pasado es El códice purpúreo, editado por Paréntesis y en el que Herminia Luque indaga en el siglo IV d. C. poco tratado por la literatura, a pesar de ser una interesante época en la que coinciden el final del esplendor del Imperio Romano y el auge del cristianismo. Un siglo en el que el papiro es sustituido por el pergamino y, en cierto modo, se populariza el género epistolar, los dos elementos con los que la autora trama una historia que refleja el momento donde el cristianismo se consolidó como estructura de poder y vector cultural frente a la agonía del paganismo y el enfrentamiento entre el cristianismo primitivo y la ortodoxia del nuevo cristianismo.

ESTE TEMA LE PERMITE DESGLOSAR A HERMINIA LUQUE las excelencias de la virtud, la diversidad de pecados, el influjo de los relatos de mártires como modelos de vida, así como la contaminación de la herejía en la interpretación de las vías que enriquecen la espiritualidad, los claroscuros del adoctrinamiento en la santidad, la naturaleza del alma y los peligros que la asechan. Lo hace a través de una trama de doce cartas cruzadas que reconstruyen la vida y la muerte de Ávita, una joven virgen fallecida por excesivo ayuno y a la que un obispo pretende rentabilizar como símbolo religioso, mientras que su madre la llora. De su vida, del vacío que deja, de las huellas de su pasado y de la telaraña de personajes que desmenuzan los sucesos que rodean su vocación de mártir y su muerte, el lector irá sabiendo a través del puzzle epistolar que van cruzándose su madre, una amiga de la misma, el obispo, un taquígrafo al servicio de la madre y la antigua nodriza de esta joven. Cartas construidas con las características de un género y de una época que encierran un carácter teórico-doctrinal y que conllevan un serio homenaje a la riqueza lírica y simbólica del lenguaje epistolar, cuya estructura y estilo hace suyos con perfección, soltura y minuciosa ambientación expresiva.

A ESTE ARGUMENTO, HERMINIA LUQUE LE CONTRAPONE otra historia interior ya que, conforme se van cruzando los diálogos de las cartas, van apareciendo las sombras de un thriller escenificado por los ángulos oscuros de la vida de Ávita, por los numerosos intereses secretos que mueven a los personajes y que van iluminando la historia de la joven y del resto de protagonistas. De este modo sugiere un suspense sostenido por intrigas y engaños, por delitos confesados, por máscaras afectivas y comportamientos centrados en la culpa, en la venganza, e incluso en un crimen inducido. La novela aborda igualmente otras emociones como el dolor, la pérdida, el deseo, el matrimonio, los peligros del afán de conocimiento y de perfección y la educación de las hijas, desgranados con fidelidad a la época que enmarca el relato, aplicando el detallismo escénico de las crónicas, que en ocasiones no rechaza el juego de la parodia a la hora de dar cuenta de los hábitos vinculados con la gastronomía, el cuidado del cuerpo e incluso de las reformas de viviendas. El resultado es una historia en la que la autora consigue equilibrar, en un mismo plano, lo mundano y lo espiritual, la religión y la investigación, el cuerpo y el alma de esta novela que no les dejará indiferentes.

FICHA

El códice purpúreo
HERMINIA LUQUE
PARÉNTESIS
14 €

¿Qué puede llevar a una joven a privarse de alimento hasta la muerte? En el siglo IV d. C. las causas no pueden ser sino de índole religiosa. Veremos así cómo Ávita, la joven fallecida, es considerada una mártir y su tumba va a ser convertida en un lugar de culto. Pero las cosas no son nunca sencillas.

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