Adiós, Tom Wolfe, gracias por todo

19 mayo, 2018

JOSÉ LUIS G. GÓMEZ

Muere Tom Wolfe, quizá el escritor reaccionario que más han leído nuestros progres. Yo nunca he jugado a ser progre, pero sí he sido un lector entusiasta de Wolfe. Su mirada era una mezcla eléctrica de asombro y reproche, y su voz era un grito cargado de signos de exclamación y giros chocantes que a veces sonaban a susurros. Sí, Wolfe fue el comandante en jefe del Nuevo Periodismo, aquel movimiento narrativo tan de los setenta que Umbral decía que recogía la cosa periodística donde la dejó Larra. Pero ser la cabeza visible de todos aquellos buenos periodistas casaba mal con su estricto individualismo. La suya era una guerra solitaria y personal. Enfundado en su uniforme, un impoluto traje blanco con zapatos brillantes, sombrero anticuado y corbatas llamativas, Wolfe arremetió contra todo lo que se le cruzó por delante de sus ojos, unas cuchillas afiladas que diseccionaron la sociedad más opulenta y desquiciada que quizá haya conocido la Humanidad. Él fue el mejor retratista de un fracaso que a veces brilla como algo maravilloso pero que casi siempre se revela como una desfigurada pesadilla social. Sus libros nos ayudaron a entender mejor a América, esos Estados Unidos que tanto odiaban muchos de sus lectores españoles, pero que a todos nos atraen y fascinan. Muere Tom Wolfe, yo le echaré de menos.

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