Bernardo Atxaga y el paisaje infinito de la memoria

24 octubre, 2014
Bernardo Atxaga es  el representante más genuino y singular  de  la literatura vasca en euskera. l. o.

Bernardo Atxaga es el representante más genuino y singular de la literatura vasca en euskera.

JAVIER GARCÍA RECIO

Bernardo Atxaga vuelve con Días de Nevada, una historia puzle, como lo fue en su día la mítica Obabakoak. En ella encontramos a un autor recreándose en su estilo más personal, en su ejercicio mas libre de narrar y ello con el peso de 25 años de trabajo que hacen que la literatura de Atxaga haya madurado, se ha hecho más rica y más compleja.

Bernardo Atxaga es uno de los escritores más originales, más geniales en la utilización de un estilo singular, carismático y definitorio; al pairo de gustos o modas de mercado. El estilo Atxaga es el de un narrador que se siente libre e impelido de utilizar el tono y el género que más le apetece, cambiándolo, alterándolo a cada golpe de visión cerebral. Por ello, su diversidad  narrativa  es extraordinaria, dueño de una imaginación heterogénea de la que puede sacar historias con solo tirar de los hilos de la misma.

Ahora 25 años después de publicar su mítica Obabakoak, Atxaga recupera la estructura del puzle de recuerdos que utilizó en esa novela para componer Días de Nevada, un libro inclasificable, al modo identitario de Atxaga, en el que este escritor se adentra, como el mismo ha definido con maestría, en «el paisaje infinito de la memoria».

El relato corto, la crónica mundana, el diario y lo onírico se funden en esta obra, que es fruto de la experiencia de casi un año que pasó en Estados Unidos pero también del inmenso poder de evocación que tiene este escritor. Días de Nevada es la historia de un escritor que viaja a Nevada (EEUU) durante un largo año (de agosto de 2007 a junio de 2008). El libro toma en un primer momento el sesgo de un diario que el autor lleva día a día consignando la fecha, pero a mitad de la obra, el narrador se adentra en la creación de una ficción casi policial.

El paisaje de Nevada, tan diferente a sus tierras del País Vasco, comenzó a sugerirle al escritor nada más llegar multitud de impresiones y evocaciones que, fiel a su costumbre, Atxaga comenzó a anotar. Anotó cientos de nota. El autor llegó a escribir 180 relatos o fragmentos distintos y que corrigió y seleccionó hasta quedarse con los 140 que aparecen en el libro en castellano. Pero ese viaje le lleva a otra travesía interior hacia un lugar muy diferente, el personal de ese escritor, al País Vasco natal que siempre ha sido el eje vertebrador de la vida y la obra de Bernardo Atxaga.

La libertad estilística o la pluralidad de ideas, la diversidad de elementos que pone de manifiesto Atxaga no impiden una concepción unitaria de todo el texto, la que la ensambla y la completa como obra ambiciosa y perdurable.

Hay cuatro ejes que conforman la estructura de Días de Nevada: el paisaje humano y natural del oeste del país, como el impacto que le causó el desierto; la atenta mirada a todo lo que ocurre en la sociedad norteamericana; el miedo descontrolado que la violencia de la sociedad norteamericana produce a que pueda pasar algo malo a sus hijas, producto de las violaciones que se produjeron en Reno mientras estuvieron allí, y el cuarto es la evocación de la muerte, como los capítulos emotivos sobre la muerte del padre y de la madre o cuando evoca la de un primo suyo que era autista y que falleció a los quince años tras ingerir trozos de hierro y clavos.

Esto último permiten a Atxaga ahondar en datos y vivencias familiares, como cuando habla de su madre, que, a pesar de haber crecido en una familia muy pobre, pudo estudiar y llegar a ser maestra, aunque en 1936 la guerra se encargaría de poner fin a su sueño de ir a la universidad; o cuando la visión de un grupo de unos caballos salvajes en Nevada le hizo recordar una historia de su infancia relacionada con un caballo que se electrocutó en su pueblo debido a un cable que andaba suelto, y querían echarle la culpa a su padre;  suceso que le da pie a contar, por primera vez, la relación «un tanto oscura» de su padre con el abuelo del escritor.

Junto a ello, relatos que tienen a Euskadi y a su infancia como elementos principales, como sus inicios juveniles en el acercamiento a la mujer, o la historia del boxeador  Paulino Uzkudun, su periplo en tierras americanas y su regreso a España para abrazarse al credo franquista que lo utilizó de forma miserable. Es quizá el mejor relato incrustado en esta obra. Días de Nevada, como lo fue en su día Obabakoak, nos muestra a un autor recreándose en su estilo más personal, en su ejercicio más libre de narrar y ello con el peso de 25 años de trabajo literario hacen que la literatura de Atxaga haya madurado, se ha hecho más rica y más compleja.

Días de Nevada, de Bernardo Atxaga

FICHA
Días de Nevada
BERNARDO ATXAGA
ALFAGUARA
20,70€

Días de Nevada es una historia hecha de historias, a modo de caja china, que nos muestra cómo cada experiencia que vivimos, cada vínculo creado entre las personas más allá de las distancias temporales y espaciales, cada emoción que nos impacta, cada amenaza que combatimos permanece indeleble. Y nos convierte en lo que somos.

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