Las máscaras del poder

8 septiembre, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

EN LAS PRIMERAS PÁGINAS DEL LIBRO se nos advierte de que la novela que tenemos entre las manos no será de intriga, ni que se trata de ir desenredando una trama negra en busca de criminales o misterios. Tampoco se trata de un relato que busca sacarle los colores a las política y sus senderos de corrupción. El autor, Santiago Gamboa, pretende que Plegarias nocturnas sea una historia de amor. Pero el amor es muy amplio y en su nombre pueden hacerse tantas cosas… Y tantas cosas se exigen y se justifican en su nombre que uno ha de esforzarse en desbrozar intenciones, reflexiones, ficción y realidades. La historia está protagonizada por dos hermanos, Manuel y Juana, que aman de forma muy diferente. El relato comienza en una cárcel de Bangkok, cuando un diplomático colombiano –Santiago Gamboa ha tenido cargos diplomáticos– tiene que ocuparse del caso de un joven compatriota que ha sido encarcelado bajo la acusación de tráfico de drogas. Aquí comienza la parte más jugosa de la novela, la más interesante, la que va desgranando, en primera persona, la historia de Miguel y cómo ha llegado hasta allí.

SOMOS LA GENTE QUIENES VAMOS haciendo los países y el mundo, en buena medida, es una creación del hombre. Pero ese paisaje humano, familiar y social, nos condiciona en extremo, sobre todo en la niñez y adolescencia. Un país corrupto, violento y mentiroso como la Colombia de Uribe que Gamboa nos presenta, ha de dejar una marca indeleble sobre sus habitantes. En los adultos, como en el caso de los padres de Manuel y Juana, los anula, potencia sus mayores defectos, los vuelve tristes, malos y temerosos. En los jóvenes, despierta el ansia incontenible de huir. La historia de amor que nos promete la novela, tendría que ser el relato de esa marcha, de lo que Juana hace para preparar la fuga de su hermano y de lo que Manuel está dispuesto a pasar. El muchacho cumple con su parte del trato y, cual fiel cronista, nos va describiendo cómo es la vida en Colombia, las relaciones sociales, la política percibida desde la calle… Nos va contando la evolución personal de su padre y el terremoto familiar que supone, un día, la desaparición de la hermana mayor. Una historia plagada de personajes  condenados al desencuentro, criaturas hijas de un tiempo y de un lugar que tuvieron que buscar en el amor fraterno un refugio para una vida que les asfixiaba y cuyo desenlace no es en absoluto grato.

UNA INTENSA Y EN OCASIONES CRUDA novela de incomprensiones, de amores desaforados, de seres que se engañan a sí mismos y que van engañando a cuantos encuentran a su paso y quedan seducidos por su encanto. Sus mejores valores, aquellos que hacen estimable su lectura, son la excelente fluidez narrativa de Santiago Gamboa y el juego polifónico con el que el narrador se desdobla en la voz de los personajes, en la voz del pueblo e incluso en la voz de los lectores que viajan por el interior de una trama, enrarecida a propósito y hostil en su aliento, que profundiza sin concesiones en el origen de una violencia (narcotráfico, terrorismo, las manipulaciones, mentiras y secretos con los que la política somete los sueños civiles) que no no es ajena porque en realidad se esconde en nuestro corazón, en las máscaras del poder y de una sociedad que favorecen el clasicismo, la segregación por el color de la piel y el dinero, la envidia; todos los males de la condición humana y de los que nunca terminamos de aprender para no tener que postrarnos y rezar plegarias por la libertad, por los sueños, por una vida mejor y más justa..

FICHA
Plegarias nocturnas
SANTIAGO GAMBOA
MONDADORI
18,90 €

Manuel, un estudiante de filosofía colombiano, es acusado de tráfico de drogas y retenido en una cárcel de Bangkok. A pesar de que puede enfrentarse a la pena de muerte si no se declara culpable, su principal inquietud es volver a ver a su hermana, desaparecida en Colombia años antes. Su historia conmueve al cónsul colombiano en Nueva Delhi, que a partir de ese momento se embarcará en una búsqueda con el objetivo de reunir a los dos hermanos…

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