Cincuenta años después de Yoknapatawpha

12 junio, 2012

Faulkner es, pese a su complejidad, uno de los autores más influyentes del siglo XX.

LUIS M. ALONSO

Se cumplirán pronto cincuenta años de ello. The New York Times, que no había sido excesivamente generoso en las críticas de sus novelas, despidió a William Faulkner con un desabrido obituario: «Mostró en sus escritos una obsesión con el asesinato, la violación, el incesto, el suicidio, la avaricia y la depravación general que no existe en ninguna parte, sino en la mente del autor».

William Cuthbert Faulkner, uno de los más famosos narradores del siglo XX, nació el 25 de septiembre de 1897 en New Albany, Mississippi. Su padre era Murray Charles Faulkner y su madre Maud (Butler) Faulkner. Vivió la mayor parte de su vida en el condado de Oxford, donde asistió a la High School, que abandonó antes de graduarse. Murió el 6 de julio de 1962 de una oclusión coronaria, después de haber sufrido una caída cuando galopaba a caballo, de la que jamás se recuperó.

Por el medio, Faulkner escribió algunas de las grandes novelas del siglo XX con el Viejo Sur como lugar de inspiración y un espacio que él mismo había imaginado: Yoknapatawpha. Allí permaneció casi toda su vida, salvo el tiempo que estuvo en la Royal Flying Corps y en Hollywood escribiendo guiones para películas que jamás le colmaron y, al contrario, le llevaron a creer que lo único que hacía en California era perder el tiempo que podía dedicar a la literatura. De aquello sacó en limpio su relación extramarital con Meta Carpenter, la secretaria y script de Howard Hawks.

Una de sus compañías más fieles fue el alcohol, con el que mantuvo una curiosa relación que él mismo consideraba literaria. Hasta el punto de intentar convencer a quienes le rodeaban que sin su botella de Old Crow no hubieran existido El ruido y la furia, Luz de agosto o Santuario, ni siquiera otras ensoñaciones más turbias y como ¡Absalón, Absalón! o Mientras agonizo. «La civilización comienza con la destilación», dijo una vez. Su afición por la bebida rivalizaba con las de sus otros dos compañeros de tríada literaria, Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Incluso con la de James Joyce. A diferencia de ellos, sin embargo, a Faulkner le gustaba beber mientras escribía. En 1937, su traductor francés, Maurice Edgar Coindreau, estaba tratando de descifrar una de esas frases barrocas que otra autora sureña, Flannery O’Connor, decía evitar para que su pequeño bote no se empantanase. Se la mostró al escritor, que inmediatamente rompió a reír: «No tengo absolutamente idea de lo que quería expresar», respondió Faulkner. «Verá, escribo por la noche y el whisky mantiene en mi cabeza tantas ideas que luego soy incapaz de recordarlas a la mañana siguiente».

Entre los biógrafos existe diferente grado de compresión sobre el alcoholismo de Faulkner. Joseph Blotner pasa de puntillas por el asunto, no intenta entender la adicción, se limita a dejar constancia de los estragos que produjo en él. Para Frederick R. Karl, la bebida es esencial tanto para mantener a salvo su rebeldía como en su obra. «Si quitáramos el alcohol, es muy probable que no existiera el escritor y probablemente tampoco habría una persona definida». Jay Parini sostiene que había un propósito terapéutico en el alcoholismo. Bebía, según él, para limpiar las telarañas y poner el reloj a cero.

El vino y el brandy no eran los espirituosos favoritos de Faulkner. Le gustaba el whisky. Su bebida preferida era el julepe de menta. Este combinado consistía, según su versión, en una mezcla de whisky bourbon con una cucharada de azúcar, una rama o dos de menta triturada y hielo. Le gustaba beberlo en una taza de metal helado. La palabra «julepe» apareció por primera vez en el siglo XIV para describir una bebida de jarabe utilizado en farmacia. Faulkner era el primero en creer en la eficacia medicinal del alcohol. Sirviese el whisky para confundirlo o no en sus párrafos más oscuros, Faulkner es el único escritor con vocación de pelmazo que a veces recompensa el titánico esfuerzo que supone penetrar en su mundo. Cuando se le preguntó en aquella entrevista del Paris Review qué debían hacer aquellos que no entendían lo que escribía incluso después de leerlo dos y tres veces, se limitó a responder: «Que lo lean cuatro». Y siguió embotellando sus ideas en Old Crow.

FICHA
El ruido y la furia
WILLIAM FAULKNER
ALFAGUARA
18,50 €

El ruido y la furia es una obra maestra de la literatura. Relata la degeneración progresiva de la familia Compson, sus secretos y las relaciones de amor y odio que la sostienen y la destruyen. Por primera vez, William Faulkner introduce el monólogo interior y revela los diferentes puntos de vista de sus personajes: Benjy, deficiente mental, castrado por sus propios parientes; Quentin, poseído por un amor incestuoso e incapaz de controlar los celos, y Jason, monstruo de maldad y sadismo. El libro se cierra con un apéndice que descubrirá al lector los entresijos de esta saga familiar de Jefferson, Mississippi, conectándola con otros personajes de Yoknapatawpha.

FICHA
Luz de agosto
WILLIAM FAULKNER
ALFAGUARA
21,50 €

En Luz de agosto aparecen retratados algunos de los personajes más memorables de Faulkner: la cándida e intrépida Lena Grove en busca del padre de su hijo; el reverendo Gal Hightower -atormentado por constante visiones de soldados de caballería confederados- y Joe Christmas, un misterioso vagabundo consumido por los orígenes raciales de sus antepasados. Faulkner, además de haber sido el innovador de una forma de narrar que ha influido poderosamente en las generaciones que le han continuado, fue el cronista de los más notables hechos, costumbres y personajes de su tierra.

FICHA
Mientras agonizo
WILLIAM FAULKNER
ANAGRAMA
9 €

Ésta es la versión definitiva de Mientras agonizo, fijada en 1985, a partir de las galeradas originales, compulsadas con el manuscrito autógrafo y la copia mecanografiada por el propio autor. Es la quinta novela de Faulkner, y uno de los libros por los que sentía más aprecio. Lo escribió en seis frenéticas semanas, de madrugada, mientras trabajaba como bombero y vigilante nocturno. Relata la peripecia de una familia de blancos pobres, los Bundren, que recorren los parajes rurales del Sur con el cadáver de la esposa y madre en un ataúd para enterrarla en una parcela de su propiedad.

FICHA
Santuario
WILLIAM FAULKNER
ALFAGUARA
17,50 €

Lee Goodwin es acusado de asesinato. El escenario del crimen es una casa oculta entre los árboles que alberga una destilería ilegal. Allí viven, entre otros, Ruby, una mujer que ha renunciado a todo por Lee, y Popeye, un sádico gánster marcado por una infancia terrible. El abogado Horace Benbow lucha para que Goodwin no sea juzgado por ser quien es, sino por los actos de los que le acusan. Para ello necesita la ayuda de Temple Drake, una adolescente que siente una extraña atracción por el peligro. Pero Temple ha desaparecido. Santuario fue la obra que dio a conocer a William Faulkner al gran público.

FICHA
¡Absalón, Absalón!
WILLIAM FAULKNER
LA OTRA ORILLA
29 €

Es la nueva traducción y postfacio de Miguel Martínez-Lage, la mejor conseguida de esta obra en español. Faulkner, en una carta dirigida a Harrison Smith -el editor en 1929 de El ruido y la furia– fechada en 1934, explica: «… Tengo un título para ella que me gusta, dicho sea de paso, ¡Absalón, Absalón!: la historia de un hombre que quiso tener un hijo a fuerza de orgullo, que tuvo demasiados, y al que sus hijos destruyeron». Este germen de su obra lo terminó Faulkner en Mississippi el 31 de enero de 1936. «Es una historia torturada y una tortura escribirla», le espetaría a su editor y amigo Ben Cerf. Faulkner siguió pensando la novela incluso después de haberla terminado.

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