«Cuando se abona con dinero lo que más crece es la basura»

30 abril, 2012

Carlos Giménez es uno de los grandes autores de cómic españoles y renovador del género.

JUAN CARLOS HIDALGO

En su forma de hablar, gesticular y mirar, con la voz quebrada por los excesos del tiempo, este hombre con las ideas muy claras, destila pasión por la profesión a la que ha dedicado su vida. A mediados de los años setenta, Carlos Giménez, con las tablas de la profesión ya superadas, da un salto cualitativo, inesperado y arriesgado, sorprendiendo a público y profesionales. Por un lado desarrolla y pone en práctica una técnica narrativa sobria y llena de hallazgos, y por otro, su temática se decanta por la crítica social, los recuerdos personales y las adaptaciones de obras de ficción. La vertiente de anécdotas biográficas nos lleva con la serie Paracuellos hasta el Madrid de los años 40 y 50, donde un niño llamado Pablito pasa por varios colegios de Auxilio Social. En estos tristes lugares Pablito pasa hambre, hace amigos y encuentra el camino que marcaría su vida, un camino lleno de dibujos que ha permanecido en su corazón hasta nuestros días.

–Las nuevas generaciones no conocen los colegios de Auxilio Social, en los que usted pasó de los seis a los catorce años.

–Los colegios de auxilio eran una cadena de hogares, una red de internados que estaban por toda España para recoger a los niños que habían quedado en malas condiciones por la Guerra Civil. Eran colegios de corte falangista-religioso, donde pretendían hacer de los niños de entonces hombres mitad monjes mitad soldados.

–¿Llegaron a lograrlo en algún caso?

–Si funcionaron todos como en mi caso, no lo creo (risas). Era una educación donde la cultura no era lo más importante, sino sacar niños dóciles, muy católicos. Había colegios para todas las edades, desde niños recién nacidos hasta para hombres de 30 años, donde salían ya para casarse.

–Ha dicho alguna vez que los tebeos eran importantes en estos colegios de Auxilio Social.

–Los tebeos en mi vida han sido siempre muy importantes. Pero esto no hubiera sido así de no ser porque en estos colegios no había nada, no había juguetes, no había balones, ni cuadros en las paredes, ni esculturas, nada que motivara a un niño con afición al dibujo. Sólo había tebeos, así que ya entonces, inevitablemente, comencé a hacerlos.

–Su obra se publica primero en Francia, un país donde se le da verdadera importancia a todo lo relacionado con la cultura. ¿Cree que si hubiese nacido en otro país estaría mejor reconocido socialmente?

–Sí, inevitablemente si yo hubiera sido un dibujante de tebeos en EEUU habría tenido una gran difusión internacional. Pero también es cierto que, posiblemente, no hubiese contado las historias que he contado o no habrían tenido el eco suficiente. Yo he aprendido a aceptar que soy lo que soy, producto de donde vengo, de donde estoy y de mi forma de hacer y comprender las cosas.

–Tiene dos registros de dibujo claramente definidos: el realista y el caricaturista. Pero hace años que parece haberse decantado únicamente por la caricatura.

–Según me voy haciendo mayor el dibujo realista me cuesta más trabajo. Incluso en Paracuellos, una serie a caballo entre el dibujo cómico y el serio, hay algo que me lleva a caricaturizarlo, porque lo domino mejor. En un mundo donde los tebeos como tal están desapareciendo y la rentabilidad de los trabajos es mínima, pues tiendo a hacer cosas que me resultan más sencillas.

–Hablando de lo mal que está el mundo de los tebeos ¿Qué futuro le ve al medio?

–Para ponerlo todo muy mal no hace falta hablar del futuro, con ver el presente es suficiente: en estos momentos en España no hay ninguna revista de cómics, la mayoría de los grandes profesionales lo han dejado o están trabajando para editores franceses o italianos.

–Ha dicho alguna vez que no le preocupa tanto ser buen dibujante como que sus historias sean interesantes. ¿Reivindica con este planteamiento una falta de artesanos que cumplan con la función de entretener?

–Yo no me he planteado tanto si es entretener o si tiene que ser o no artesano, lo que yo creo que hay en este momento es una falta de gente con ganas de enfrentarse a la realidad. Una gran parte de los intelectuales están mediatizados. Estamos viviendo una época muy de ser fiel al amo, muy preocupados por la audiencia, con lo cual no importa hacer basura. Yo echo mucho de menos aquella época en que los autores tenían cosas que decir y ganas de decirlas, no les importaba arriesgar algo para conseguir ser ellos mismos.

–¿Cree que la sociedad actual, la sociedad del confort, está falta de ilusiones?

–Yo no llamaría a este momento social en España del confort, yo lo llamaría la sociedad de la basura. Porque el mismo confort se tenía en épocas en las que teníamos menos basura. Cuando se abona con dinero lo que más crece es la basura. Se confunden los términos, audiencia y dinero no son sinónimos de calidad. Esa falta de gourmet a la hora de paladear los medios de comunicación es la que hace que estemos comiendo basura. Llegamos a etiquetar la basura: si es mierda etiqueta negra, es mejor que la mierda normal (risas).

–En Selecciones Ilustradas había un grupo de grandes artistas. ¿Qué ha sido de ellos, eran simplemente artistas muy cualificados que vieron en el cómic una forma de ganarse la vida?

–No. Estos hombres, llegamos a ser hasta doscientos dibujantes, no han dejado de ser artistas, de tener talento ni de trabajar. No se les ve porque no han encontrado donde seguir publicando.

–Pero usted ha seguido ahí, al pié del cañón, trabajando sin parar.

–Eso no es porque yo sea más listo o más bueno, sino todo lo contrario, porque yo soy menos listo: todos ellos han podido, cuando el cómic les ha abandonado, saltar a otros medios, porque sabían escribir novelas, hacer publicidad, dibujos animados, manejar ordenadores, pintar muy bien. Yo, inevitablemente, sólo podía hacer lo único que sabía… y lo único que quería.

FICHA
Todo 36-39. Malos tiempos
CARLOS GIMÉNEZ
DEBOLSILLO
14,95 €

Malos tiempos deja de lado a los héroes y los generales, a los caudillos y a los políticos, para centrarse en la vida cotidiana de las gentes, las pobres gentes, que en las ciudades y los campos de España sufrían el miedo a la muerte al amanecer, mientras que en Madrid, como en tantos otros lugares, el hambre y el frío, la falta de medicinas y de ropa, y los bombardeos se cobraban su cuota de vidas y destrucción. Temas tan duros y complejos como el rencor, el hambre, el miedo, el sacrificio o la amistad cobran, a manos de Carlos Giménez, un tratamiento transparente y honesto que les devuelve con creces toda su universalidad.

FICHA
Todo Paracuellos
CARLOS GIMÉNEZ
DEBOLSILLO
17,90 €

El lector tiene en sus manos la edición en un solo volumen de Paracuellos, la serie de historietas que Carlos Giménez realizó entre 1977 y 2003. Por estas páginas se pasean los huérfanos que dejó la Guerra Civil, con sus chascarrillos, sus juegos y sus héroes de cómic; los falangistas que les inculcaban «el espíritu nacional», las madres separadas de sus hijos, el hambre y la soledad. Una autobiografía en viñetas que habla sobre la represión que el franquismo ejerció en unas cuantas generaciones de españoles a través de los hogares de la Obra Nacional de Auxilio Social.

FICHA
Todo Barrio
CARLOS GIMÉNEZ
DEBOLSILLO
16,95 €

Es la continuación de la obra más famosa de Giménez, la serie Paracuellos: el protagonista sale del hogar del Auxilio Social con doce años y vuelve a casa, al barrio de Lavapiés, donde deberá adaptarse a una nueva vida: la relación con la familia, el primer trabajo, la llegada a la pubertad y los desconcertantes cambios que ha sufrido el barrio en diez años. Una obra imprescindible que cierra el ciclo biográfico de la infancia del autor, acaso el más grande cronista de la historia reciente de España.

FICHA
Todo Los Profesionales
CARLOS GIMÉNEZ
DEBOLSILLO
19,95 €

Cuando el joven Pablo García llega a Barcelona, lo hace con la carpeta bajo el brazo y un sueño por cumplir: convertirse en dibujante de cómics profesional. Corre la década de los sesenta, la ciudad es un hervidero de talento y expectación. Es el lugar perfecto para el aprendizaje del oficio, para la educación sentimental. En las páginas de este volumen, que recoge los cinco álbumes de Los profesionales y las historias de Rambla arriba, rambla abajo, un puñado de jóvenes (y no tan jóvenes) dibujantes se abre paso a la vida en un mundo de luces y miserias, en un país atenazado entre la dictadura y el deseo de libertad.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: