El arte de lo natural

24 Sep
Rocas : Cueva del Tesoro

Puede parecer que las ideas de “arte” y “naturaleza” se contraponen. De hecho, durante prolongadas etapas del pensamiento filosófico occidental, se han visto como cosas diferenciadas. Y diferenciadas, quizá, hasta el extremo de verse como opuestas. Sin embargo tal cosa debe ser superada ya que, -a mi entender-, al pensar así estamos ante un modo de visión del mundo erróneo : el hecho de que el ser humano, (e incluso seres que están cerca de ser casi humanos pero no lo son), sea capaz de fabricar objetos producidos por medio de un “artificio” (palabra ésta, “artificio”, de naturaleza compuesta : arte + facere, que es “hecho o fabricado con arte”) no invalida esta otra realidad : las nociones de “arte” y “naturaleza” no sólo no se oponen, sino que se mueven en esferas semánticas que pueden llegar a complementarse.

Pero, atención : no pasemos a los conceptos de “lo natural” frente a “lo artificial”, pues ahí entramos en realidad en otro orden de cosas. Ahí, en verdad, nos movemos en una esfera de nociones diferentes, distintas, esfera no coincidente con aquella otra donde sí puedan contenderse las ideas de “arte” y “naturaleza”. Piensen con detenimiento lo que acabamos de decir, y verán que cuando decimos que una cosa “no es natural”, o que tal o cual conducta u objeto es algo “artificial”, hemos dado un salto mental de una dimensión semántica, a otra muy diferente.

Y piensen más allá de eso : hay algo que podemos llamar “el arte de lo natural”, donde lo que tengamos frente a nosotros, ya sea un objeto, una idea, un paisaje o algún otro modo de ser, contenga en sí tanto lo que se llama “arte” como lo que se puede y debe llamar “naturaleza”. Fíjense en esto : hasta tal punto lo natural puede fundirse con el arte, con las cosas hechas ya por el hombre con un dado sentido artístico, que algo tan natural como una puesta de sol llega a dar lugar a un movimiento pictórico de tan amplias resonancias como es el impresionismo : la contemplación de una puesta de sol (o quien sabe si de centenares de puestas de sol…) hace que en el subjetivismo estético de un pintor nazca, primero un cuadro, y a partir de ahí, todo un movimiento artístico.

Porque, ¿acaso el mismo ser humano, el hombre como especie, no es en sí una amalgama de naturaleza y arte, ambas cosas complementándose mutuamente? ¿Acaso lo feo, lo hermoso, lo digno, lo horrible, lo espantoso, lo sublime…, no son “cosas” que están en nuestra naturaleza antes de estar representadas en obras hechas con tal o cual dosis de arte? Ese cuadro que se llama “Saturno devorando a sus hijos” (y que hay que entender, me digo yo, desde la mitología y en el seno de un determinado movimiento histórico-artístico), ¿es “atractivo” o puede resultar “repulsivo”? Esto, por poner sólo un ejemplo, entre otros muchos más : la misma Crucifixión, sin ir más lejos.

El arte de lo natural es algo así como un don, una cualidad, que puede estar presente o no estarlo, que puede “adornar” la manera de ser de las personas o, por el contrario, estar absolutamente ausente de ellas. Dicho lo mismo de otro modo : la naturalidad es un arte en sí, o puede llegar a serlo.

Y esto que digo tan es así, (creo yo), que puede darse el caso de que algo o alguien “naturalmente feo” llegue a resultar atractivo, en tanto que algo “rebuscada, artificialmente bello”, nos repela íntimamente. Me pregunto si no será que en el fondo de todo late un no sé qué que nos arde adentro, y que nos dice, sin palabras, : “esto, esto sí”, y también :  “esto otro no, no : ¡de ninguna de las maneras!”

8 respuestas a «El arte de lo natural»

  1. Esas rocas, que son naturales, y que están como rotas por obra de elementos naturales también ( : terremotos, la acción marina hace millones de años, etc. ) pueden verse como sábanas puestas a secar, como telas que cuelgan de un invisible tendedero y semejan como una especie de órgano de catedral, en la imaginación de quien pase junto a ellas visitando la Cueva del Tesoro, en el Cantal Alto.

  2. Una tercera vía : tanto lo que llamamos “naturaleza” como lo que llamamos “arte” están ambos en el seno de una realidad superior que los engloba y asume, y por lo tanto no es posible hallar contradicciones entre lo natural y lo artístico. Pensemos en este “triángulo” : A es “Lo real”, y B y C son, respectivamente, naturaleza y arte.

  3. Sólo corregirte lo que supongo es un lapsus ya que me constan tus conocimientos de la lengua francesa, querido Manolo. No fue la contemplación de una puesta de sol la que dio lugar al nacimiento del impresionismo, sino un amanecer el que hace titular a Monet su cuadro “Impresión: soleil levant” y que serviría de pretexto al crítico Luis Leroy para bautizar con el nombre de impresionismo a ese movimiento.

  4. Llevas toda la razón en lo que dices, Pepe. Y me alegra que entres al blog y opines sobre cuanto sea de razón. Si yo no hubiera olvidado el nombre completo del cuadro, ese “levant” me habría orientado pues era imposible cualquier confusión, habida cuenta de que la palabra española “levante” es de por sí bastante explícita.
    Comprenderás también que no vaya ahora yo a caer en la “boutade” de argumentar que todo poniente es un levante y a la inversa, y que para el caso tanto monta monta tanto, pues la impresión de el uno y el otro momento del sol a nuestra vista podría ser semejante.
    Un cordial abrazo y ¡que sigas leyendo estos textos, escritos siempre desde el recuerdo vivo de las cosas un día me fueron activas en la sangre!

  5. Pero aprovechando tu comentario (rectificatorio), que mi memoria te agradece, me pregunto (y, al preguntarme yo, a ti mismo te pregunto también…) : Ese “Sólo corregirte lo que supongo es un lapsus…”, ¿significa que estás de acuerdo con el resto de la argumentación que en este post mantengo? Me refiero ahora a esas matizaciones entre lo que es “naturaleza” y lo que es “arte”, cosas ambas de muy largo recorrido tanto en la teoría filosófica como en determinadas ideas estéticas. Si así fuera, me alegro mucho; y si discreparas, aun cuando lo hicieras en todo o casi todo, también me alegraría : en la variedad está la riqueza de este mundo y de esta vida, creo yo.

  6. Que el arte encierra en sí una forma intrínseca de lo que podemos considerar tanto la naturaleza como el misterio “de lo humano”, es algo que ahora sólo apuntaré y no desarrollaré hasta más adelante. Pero como profesor de historia del arte que fuiste, creo que sabrás que para no pocos de ilustres estudiosos del tema, el cuadro representa no un amanecer sino un atardecer.
    Como bien sabes, Pepe, hay siempre un “más allá” en toda forma de perspectiva posible de las cosas, y Monet no podía ser una excepción. Por mi parte, creo que poco importa qué sea, si sol naciente o sol poniente y lo que cuenta ahora es que el pintor lo definía como una “impresión”. ¿No es cosa suficiente?

  7. Ah, y esto : disculpa ese “de” (que está de más en el anterior comentario), y no entremos en las cosas que quedan un tanto al margen de lo que debe o debería ser lo esencial : los nombres de las cosas les añaden algo a dichas cosas, sean lo que sean, pero ¿logran modificarlas de veras? No hablo ahora de nuestra percepción de las cosas, sino de las cosas mismas. Esas sobras las que Juan Ramón Jiménez escribiera eso de “¡qué quieras están las cosas y que bien se está con ellas!”
    Y como me es habitual citó de memoria, que es la mejor manera de escribir un tanto a lo directo y más llano posible, sin por ello renunciar a la riqueza intrínseca de nuestra lengua española. ¡Salud, Pepe!

  8. Hablaba del /de/ en la secuencia “…no pocos de ilustres estudiosos…” Ese “de” sobra, está de más y es un error mío. Estas cosas pasan por escribir y publicar directamente sin pararse a releer lo escrito. A veces, caigo en ese hondón de la conducta y los actos propios.
    Espero se me disculpe.

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