Pasaporte de Gibraltar

16 Dic

gibraltarMientras escribo estas líneas, en distintos ayuntamientos catalanes votan si los vecinos quieren o no una independencia ajena a España. Aminatu Haidar aún continúa padeciendo el arbitrio y la tortura que le inflige aquel hermano marroquí del Rey de España, según él mismo lo llamó. Dos cooperantes de ONG, catalanes por cierto, se encuentran secuestrados por el terrorismo internacionalista islámico que ha aprendido desde el rapto del atunero vasco, Alakrana, la facilidad con que, ante las órdenes del Ministerio de Defensa, los desarrapados huyen en frágil esquife con euros españoles en los bolsillos. ¿Francia? Bien, gracias. La consultora internacional S&P calificó como negativa la deuda del Estado Español y los banqueros han tenido que desmentir y matizar mucho esos informes para que la bolsa no se hundiera. El presidente Rodríguez Zapatero también gesticuló ante los medios, incluso apretó los puños en alguna ocasión como énfasis para los datos positivos, pero esa lectura como tímida, la mirada huidiza frente a la cámara como de niño que explica suspensos a sus padres, temeroso del bofetón, no convence. El presidente del Gobierno de España es el tipo que uno se llevaría a la isla, si naufragase, pero para que hiciera de Viernes, o se encargase de la búsqueda de los cocos para el almuerzo, pero a mí, al menos, me resulta imposible imaginarlo como el héroe aguerrido que me librase del ataque de caníbales; no lo querría de compañero en una pelea. España no necesita un vergonzante Chávez, ni un trilero Berlusconi, ni una Margaret Thatcher como ama del orfanato, pero los ciudadanos sí necesitan confiar en las capacidades de gestión y en una seguridad de palabras que Zapatero no trasmite. Imagino que sus asesores de imagen y prensa se hallarán en un sinvivir o en un paraíso perpetuo, porque ahí poco hay que hacer. ¡Ay!
El rollito y el buen talante, como de presidente de ONG, lucen mientras no se produzcan problemas. Pero han arreciado, y Defensa, Exteriores, Interior (servicios secretos), Economía y la imagen interna e internacional que este catálogo de horrores dibuja, revela que España navega sin rumbo y, desde luego, bajo los aires de una debilidad manifiesta que me hacen envidiar un pasaporte gibraltareño. Enfrente de estos asuntos oigo la crispación estratégica que Rajoy usa como arma. Un tipo al que tampoco llevaría a la isla porque intentaría usarme como Viernes o venderme a los caníbales, o algo así, que de eso sí tiene pinta. El problema de Zapatero no es de talante, sino de inutilidad según se ve en los resultados. Marruecos recibe ayudas de euros españoles pero no duda en pisotear en nuestro territorio los derechos de una mujer sólo por sus ideas. Los piratas aún disfrutan la juerga, ojalá me inviten que algo pagué. Vista la semana, pido el pasaporte de Gibraltar o de alguna otra independencia española.

Bernardo de Gálvez

8 Dic

samSu nombre silabea un episodio de gloria histórica en América protagonizado por un malagueño de Macharaviaya, a la vez que una de las mayores torpezas de mercadotecnia en esta actual España, Andalucía y Málaga, en crisis. Matucha García publicó un entrevista el sábado anterior en La Opinión, en la que el señor Thomas Genton, consejero cultural de la embajada de EE.UU., destacó el interés que la figura de Bernardo de Gálvez despierta en aquellas tierras; de sus palabras se desprende que aquel aventurero malagueño podría significar un marbete que iluminase nuestra tierra como un punto destacado entre el imaginario colectivo norteamericano, para el que España apenas brilla más que naciones como Lituania, o Hungría, sin que yo quiera ofender a ninguna de las tres. En América corre un chiste sobre españoles. Resumo: Ante un pájaro muy grande que vuela alto, el francés piensa escribir una oda, el italiano realizar una escultura, el alemán diseñaría una máquina que emulase sus cualidades; el español buscaba piedras para abatirlo. Me llevé una sorpresa cuando los taxistas y camareros neoyorquinos no identificaban a Antonio Banderas como malagueño, algunos ni siquiera como español. Julio Iglesias, según me explicaban, tenía pasaporte dominicano, y el último presidente para ellos conocido era Aznar, el de Bush. La imagen de Rodríguez Zapatero se difuminaba entre la nada y la nebulosa. Si a ello sumamos que el español es una lengua desprestigiada de la que el hablante evita su uso en público aunque se trate de la segunda lengua materna que sin duda habita en los hogares de Nueva York, nos daremos cuenta del poco peso y mal equilibrio con que nuestra presencia y cultura se hallan representadas en uno de los centros imprescindibles para que las exportaciones de un país marchen con brío.
Nos hallamos en una profunda crisis que exige el cambio del modelo productivo, pero a la vez pide que el déficit exterior se minimice mediante exportaciones, y no de chinescos productos baratos, sino de calidad y con prestigio. La sociedad americana sabe de Málaga, Andalucía y España lo que hemos querido revelar. Tras el exabrupto unamuniano del que inventen ellos, aún nos encontramos en la ceguera del que nos descubran ellos. En las vinaterías de Manhattan el paseante encuentra sólo un metro cuadrado dedicado a caldos españoles, además de sabor dudoso, frente a las decenas de marcas francesas, italianas, neozelandesas, chilenas, incluso alemanas, o vinos de Long Island. De aceites, quesos o embutidos españoles ni hablemos que eso sí son meras anécdotas en mitad de la vorágine de una verdadera capital del mundo. Una gran producción encargada a Hollywood sobre las gestas de Gálvez, incluso con deslices de época como una bandera roja y amarilla en los barcos, la inauguración de la imprescindible estatua en Washington sufragada por España, con asistencia de los Reyes un cuatro de julio, y una invasión propagandística y publicitaria de productos y curiosidades de Málaga, Andalucía, España bajo pretexto de tan nobles y sólidos y sentimentales vínculos de unión, situarían a nuestras industrias en un mapa en el que ahora no figuran, por ese afán colectivo de perder oportunidades y de creer que el buen paño en el arca se vende, o de que el pájaro que vuela sólo sirve para la cazuela, aunque baje a pedradas.

Corrupción policial

10 Nov

poliVarios agentes locales de Mijas han sido detenidos imputados por diversos delitos. Alivia saber que los propios cuerpos de seguridad desarmen las redes de corrupción que los infectan. Esa podredumbre policial existe. Nada nuevo bajo el sol. El humano conduce sus pasos por caminos poco originales, y al final de esta trama siempre se hallarán idénticos telares donde el paño casi solo se confeccionó, esto es, el ansia de poder, materializada o no en ambición de más dinero, junto con un par más de ingredientes, por ejemplo, que a alguno de los ahora encarcelados le gustara exhibir delante de las novietas coches tunning de una gama en exceso alta para su condición. En estos asuntos también influyen las veleidades artísticas frustradas y, tal vez, delante de novietas y otros allegados, alguno de ellos buscase una posible narración de peripecias más allá de las que acontecen a un honrado custodio del orden. Cuando estas perversiones policiales o judiciales saltan a la luz el lector se queda estupefacto por los pormenores de la trastienda. Quienes se dedican a la escritura de ficción saben que sólo hay que rastrear en el periódico y aderezar los componentes para que una buena novela surja de esos afanes con que el hombre se dedica a emporcar su cómoda existencia.
La policía local, y más la de Mijas, recibe uno de los mayores sueldos de todos los cuerpos funcionariales; si a esto unimos que aquel precioso pueblo, rodeado por urbanizaciones donde la mayoría de sus habitantes busca paz, sol y calma, erige un escenario blanco por su seguridad cotidiana, concluiremos que parece un magnífico destino laboral. Pero aquí llega la condición humana. El poder otorga sensación de inmunidad, incluso de invisibilidad, a quien lo ejerce. Ni importa la paga ni las ventajas del cargo. El humano siempre anhela más de lo que posee. En el vértice positivo de este aserto, figuran los viajes al espacio o el buceo en el conocimiento de los fenómenos; pero en su ángulo negativo se rastrean los imperios gestados sobre la sangre y el dolor, junto a sucesos más chuscos, por vulgares, como los trueques de monedas o cama, por un cruce hacia la otra orilla de la moral sobre cualquier otro afecto. Recordemos la triste estampa que Judas ha legado como corrupto por antonomasia, o Salomé y su madre que buscaron la cabeza del Bautista por despecho. La lección se escribe una vez más, como copia de castigo a alumnos traviesos. Siempre que un humano pueda corromperse tenderá a hacerlo. Habrá que diseñar las estructuras de mando y autovigilancia policiales de modo que esa tentación innata se convierta en labor tan ardua que invoque una dicotomía también se alojada en nuestro ser: ¿Trabajo o sofá? El exceso del primero situará al segundo en la elección preferente y así nos ahorraremos titulares como los que nos esperan en estos próximos días.

Caín

5 Ago

padrinoDemasiados episodios bíblicos han sido mal interpretados a lo largo de la historia. Sus consecuencias escriben páginas de dolor y sangre para la humanidad que se ha apedreado a sí misma cada vez que ha tenido ocasión como si el simple transcurso del tiempo con sus recovecos de enfermedades, catástrofes y miserias no infligiese de por sí bastante daño. Leamos el capítulo de Caín y Abel, por ejemplo. En aquel juicio sumarísimo y sin abogado, Caín sufrió una condena eterna y, según los versículos, Dios puso una marca sobre su piel para que los demás hombres no lo matasen, previsión absurda en un planeta habitado sólo por Adán, Eva y Caín que con aquella muerte condenó a sus padres a que procreasen más allá de lo razonable en una época donde aún no habían aparecido los implantes mamarios, ni las píldoras excitantes de la libido. Me ofrezco como defensor de Caín, el matarife por antonomasia, por delante incluso de los Manson o del director de Mujercitas, el Caín exterminador del 25 por ciento de la población mundial que además, maravillas de la estadística, toda esa cantidad era su hermano. Un asunto turbio. Pido que se reabra la causa por cuestiones morales; la marca que Dios impuso a Caín, según alguna secta seudo-cristiana, se materializó en la negrura de su piel, argumento que esgrimieron los estados sureños como justificante de la esclavitud durante el ominoso siglo XIX norteamericano.
El señor Caín, agricultor de profesión estaba obligado a entregar una parte de la cosecha a Dios que ejercía un servicio en argot llamado de “protección”, con castigos eternos para quien no colaborase. Mi defendido, se enfrentaba a duras condiciones laborales en unos terrenos semidesérticos que apenas entregaban frutos. Sin aperos de labranza, sin aire acondicionado, sin tabaco de mascar ni agua gaseosa, aquella profesión representaba un infierno, agravado por las exigencias de desembolsos continuos para el servicio de protección divino, llamados “sacrificios” de modo eufemístico.
En este contexto, el señor Abel, ganadero de ovicápridos, ofrecía al “Creador”, como también era conocido el cabecilla de las imposiciones, unos animalitos más de su gusto que la dieta mediterránea y vegetariana que mi defendido podía entregar al, también llamado en ciertos ambientes, “Señor de los Cielos”. Resumo lo que sucedió. Los ganados del señor Abel se comían las verduras del señor Caín quien además cada vez sentía una mayor presión del “Gran Jefe” que exigía, según testimonios, patatas para que acompañasen en la mesa (en jerga “altar”) a los ovicápridos entregados por el señor Abel, además de algunos vinos generosos, caprichos de imposible solución para el Señor Caín, pues ni aún se había descubierto América, ni había transcurrido un tiempo suficiente desde la Creación del mundo para que la primera añada de tintos riojanos estuviese lista.
Cuando mi cliente se dirigió para protestar todos estos desafueros al señor Abel, su hermano y único refugio frente a la adversidad que suponía el apodado “Todopoderoso”, la única respuesta que halló fue un pésimo solo de flauta del señor Abel, dueño del ganado que esquilmaba los huertos y coadyuvante de la red de extorsiones por su actitud pasiva y casi cómplice con aquel llamado “Padre Supremo” con quien tan buenas relaciones tenía y que por su intensidad desprenden al fondo un tórrido romance con pasiones inconfesables. Imaginemos la soledad de aquel campesino, contemplemos sus sueños de una existencia próspera destrozados por un matón que lo estrujaba sin escrúpulos y por un hermano, en cierto modo, partícipe de aquella situación y atraído por sus cercanías al poder. No se dirigió a casa a por la escopeta, no, ni a por la piedra con mimo tallada, no, sino que enloquecido golpeó a su hermano con una quijada de burro que a sus pies halló. ¿Puede alguien calcular un instrumento más burdo para el crimen? Extraigan sus conclusiones. Las mías señalan a aquel Caín poseído por un ataque de ansiedad. Su mala fortuna ocasionó que un golpe, destinado antes al miedo que a la herida de su receptor, produjese aquel famoso óbito, sí, pero no como asesino, sino como homicida, cuya actuación queda afectada por una seria atenuante de enajenación mental transitoria, jamás tenida en cuenta, y por otra de desesperación ante una familia mafiosa que urdió una trama para borrar las pruebas de sus implicaciones. Ya saben, el juez es el “Jefe”, en algún documento alias “Padre Supremo”, y las actas y condena se escriben según sus dictados. El tipo desaparece y no queda rastro. ¿Dónde está Caín?

Memoria femenina

4 Ago

mujerYo no me encontraba allí pero estoy casi seguro de lo que el diablo, en forma de serpiente, dijo a Eva para que convenciera a Adán y ambos comiesen del fruto del árbol de la ciencia, y así pecasen. En este episodio bíblico confluyen varios elementos simbólicos que debemos analizar. En primer lugar, Dios se comporta lo mismo que el portero de un after, y los larga del Edén (nombre de antro) con gritos incongruentes sobre lo que les espera y el calcañar de Eva (¿?) y que si Adán estaba sudoroso y era un vago y no iban con ropa adecuada y tal. Por si fuera poco, encarga a un ángel que no entren de nuevo; al margen de la iconografía habitual, yo lo imagino con gafas de sol, cuero negro y Harley, armado de una espada flamígera, o sea, un soplete. Toda esta parafernalia por una manzana indica que Dios sufría una cierta pérdida de contacto con la realidad, definida como esquizofrenia, o un abuso de los psicotrópicos que, como todo el mundo sabe, los pasaban los ángeles como el arriba descrito y que, parece, tenían en Dios un mercado floreciente en ausencia de otras criaturas.
Pero por otra parte, el mito del Pentateuco dibuja un Adán bueno y una Eva mala, dicotomía que sí merece una reflexión seria, dadas las terribles consecuencias que para la mujer este concepto desarrolló a lo largo de la historia humana. Según la poca edad del sujeto, observemos en el patio de cualquier instituto el comportamiento de los jóvenes machos de la especie, esto es, dan patadas a una lata, a una bola de papel, a una pared o a un semejante, pero eso sí, dan patadas. Si Lucífer se hubiese acercado, además en forma de serpiente, se habría comido una patada antes de balbucear la primera palabra, y muchas más después de pronunciarla, ya que cualquier fenómeno de la naturaleza tiende a ser apedreado, pateado, o tiroteado por el varón. Las chicas sin embargo, son más reflexivas y desde temprana edad se sientan y charlan, capacidades locuaces que al macho le brotan años después, cuando ya ha perdido varias cualidades por ausencia de cultivo o ejercicio durante esa dilatada etapa autista en la que sume gran parte de su juventud que, a veces, alcanza una preocupante dilación cronológica incluso más allá de los cuarenta años.
Estos versículos del Génesis no ejemplificaban pues un estado inocente del hombre pervertido por la hembra, como eremitas misóginos e iluminados mediante el abuso de hongos proclamaron durante milenios, sino que señalaban un estado de idiotez varonil, desacompasado con la precoz vivacidad femenina, lo que ocasiona pérdidas de paraísos como la armonía y convivencia en paz. Pongamos un ejemplo. Una cena en que el varón esté callado observando el restaurante, su clientela y el deambular de los camareros. A los tres minutos, la hembra le reprochará su silencio y no sólo eso, sino que mediante ese entrenamiento cerebral que opera desde niña, aludirá a todas las veces que en la última década el varón fue gracioso y dicharachero cuando los acompañaban sus amigos. Hechos que el hombre no recuerda, por supuesto. Si en su currículum además figura algún comportamiento rijoso con alguna señora de buen ver durante alguna ocasión, en este momento saldrá a relucir. Todo este discurso, bajo la presión que de nuevo significa una total ausencia de memoria sobre tal desmán acaecido hace lustros.
Como vemos, la Biblia alerta sobre esa precisa memoria femenina y su don para destruir situaciones agradables con la absoluta sorpresa del hombre sumido en la amnesia, el cual con la conciencia sucia por ignorancia se muestra proclive a complacer a la hembra en todo lo que pida con tal de que aquel ejercicio de tortura psicológica acabe de una vez. Por eso Adán comió del fruto. Lo único que el demonio sugirió a Eva fue la posibilidad de que Adán se olvidase de cualquier aniversario de algo que hubiera acontecido durante aquellos breves días en la existencia.