Cena de Navidad

19 Dic

Estas navidades regresan las estimaciones de voto a las conversaciones de sobremesa y las posibilidades de que se nos indigeste el pavo aumentan. El pavo es el muchacho nuevo que se ha traído la sobrina Yenifer a cenar y que no habla mucho pero parece preocuparse a medida que el vino desata el artículo 20 de la Constitución sobre la mesa -bendita ley mordaza- y no la pavita que nos comeremos durante la velada. Que tampoco será la que nos alimente, sino la que devoraremos sin piedad, por ser la invitada muy joven del hermano mayor, moderno de repente, que ha decidido, en plena crisis de los 50, separarse de su esposa veinticinco años después de que le advirtiésemos de que no le convenía porque no encajaba bien en la familia, justo cuando empezaba a encajar mejor en la familia. Aunque ningún extraño encaja nunca del todo bien en ninguna familia y menos si le faltan veinticinco años para alcanzar la edad necesaria para parecer la pareja nueva del hermano viejo, que no encajará bien en la familia por parecer hija suya, aunque le advirtamos de ello durante los próximos veinticinco años y aunque, esté operada, según sospecha mamá. Nosotros no somos de pavos en Navidad, básicamente. Preferimos el corderito. Que es como llamamos al chico francés, de Orán, que acompaña a Carmencita, la hija de la otra hermana, y que si no nos hubiese contado que estudió en París y que reside actualmente en Bruselas, donde trabaja Carmencita hasta que pueda regresar a España con un buen empleo acorde a sus estudios, pensaríamos que era morito, y no europeo. Que no es que en las casas malagueñas de bien tengamos casi nada atávico en contra de los moritos, pero mejor nos caerá quien sea, cuanto más cerca de Antequera sea. Por lo del sol. Nada que ver con el racismo. De todas formas, mamá, que es la que más se relaja con el vino navideño, no dejará de insistirle entre plato y plato sobre si sus padres también son de Orán, o si esa ciudad está al Norte o al Sur de Burdeos, que es donde ella estuvo una vez con papá, cuando era joven y guarda un gratísimo recuerdo. Papá no se acuerda de nada y por eso parece ser el único que disfruta de la reunión con inocencia o sabiduría. Ni le interesa la política. De hecho, sigue votando al PSOE, así que imaginen. Sí, todavía al PSOE, en serio. Y llegamos al pulpo. Siempre hay un pulpo en la mesa cuando el vino se lleva la vergüenza. Un sobón al que soportar. En nuestro caso, es el padre de Yenifer, que no ha terminado de encajar en la familia, aunque aconsejásemos a Carmen grande hace dieze años que no lo dejase por el qué dirán. Hoy le ha tocado a un lado la pava, pobrecita, y al otro, la amiga ruda que se ha traído la hermana mediana de la casa, de cuyo nombre no quiero acordarme. Siempre hay una hermana con la que no te hablas en las familias tradicionales malagueñas. Por una herencia o por neurología incompatible. Puede ser también por desavenencias con su marido, pero en este caso, sigue soltera. Siempre hay una hermana soltera, ojito derecho y pelota oficial de la madre en cada hogar. La amiga íntima de mi hermana mediana es todo lo íntima que se puede ser y un poquito más y todos lo sabemos en casa menos mamá, que se niega a aceptarlo, por más años que lleven cariñosamente viviendo juntas. Y no es que en nuestra familia tengamos casi nada en contra de la homosexualidad, que quede claro. A nosotros, mientras no nos toque de cerca, que cada uno haga lo que quiera con su vida. Pero nada de esto que he descrito es novedoso. Lo cuento mientras las mujeres se levantan a recoger la mesa y los hombres hablamos de política ultimando nuestras copas de vino. No porque seamos machistas en casa sino porque nuestras mujeres son serviciales y abnegadas debido a su buena educación. Lo nuevo y que quería contarles antes de liarme, es que mi tío Juan, el hermano de mi padre, al que acogemos con todo el cariño en Navidad, ha reconocido, llegado el postre, que vota a Vox. ¡A Vox! ¡Habrase visto! ¿De dónde habrá sacado esas ideas?

Feliz Rondo Veneziano

28 Nov

Este fin de semana se nos han juntado dos celebraciones, la democrática del domingo y la realmente importante, la del encendido chiribitero de Porras y sus pocas lucecitas Ximénez, que como todos sabemos, se producirá el viernes.

Empezando por el evento del día 30, por orden de relevancia, tenía muchas ganas de hablarles de la gran selección musical que nos acompañará durante el mayor espectáculo del mundo navideño, que sucede en nuestro ombligo precisamente, y que incluirá una colaboración del hijo de Bárcenas (Willy Taburete) junto a un componente de Café Quijano y los alumnos de un colegio de Alicante como primer gran éxito que bailar en familia bajo las arcadas, y que se ha colado entre otras tres lindezas tradicionales nuestras, que también sonarán, por supuesto, tras nuestros video-selfies en Adviento -habrá que abrigarse-. Así, disfrutaremos además, de un rondo veneziano, perdonen mi mala memoria, creo que con subtítulo zodiacal, y otro rondo más, este de Música Fantasía, también veneziano, y también con zeta, como la del zorro, supongo que en clara alusión y homenaje a nuestro actor malagueño más internacional, Juanma Lara, alias el astuto. Y el pinchadiscos Ximénez pondrá el colofón con un cuarto villancico, también flamenco como los anteriores, que canta, o compone, o ambas cosas, un señor que se llama Charlo, o algo parecido. Estupendo. No nos lo perderemos. Ni aunque queramos, podremos. Serán cuarenta noches con sus cuarenta ladrones sonando tres veces diarias de seis a nueve y media de la tarde, en medio del colapso de tráfico y gentío. Impozible perdérzelo, que diría un veneziano. Por echar en falta, ya puestos, dado el cariz musical de la fiesta, sin ánimo de parecer demasiado apegado al jolgorio, yo añadiría un quinto malo, que sí los hay. Ese que también ustedes han pensado, el Polvorrón, de Letizia Zabater, ¿qué pasa? ¿No se trataba de salir en el telediario? Pobre alcalde de Vigo, intentando competir con Doña Teresa. Hasta en un árbol nos van a meter, por lo que he leído.

Sea como fuere, volverán a copiarnos en Nueva York, y si nunca nos han copiado de verdad allí, ellos se lo habrán perdido, porque somos los mejores de la Navidad luminosa, por obra y gracia, sobre todo la gracia, de nuestra superconcejala de asuntos mundanos y callejeros, edil que coordina todo el Área de Sostenibilidad de la Autoestima y Dignificación de los Umbrales de la Pobreza, y que tanto está haciendo por mantenernos el orgullo malaguita intacto y a flor de piel, por no darnos un respiro en sus tablas de gimnasia festivalizantes, arrejuntándonos a todos, perdón, apretujándonos, a la misma hora y en el mismo sitio, porque juntos, nos sentimos más fuertes e importantes, bien de muchos, consuelo de Porras. Las asociaciones de vecinos del centro, mientras, seguirán quejándose de los bares y sus terrazas, supongo, antes de llevar a sus nietos a que vean el atasquito lumínico de Calle Larios con sus mesnadas ingentes de reyes magos incluidos, paseando con panderetas sus despedidas de soltero.

Y la otra cita es el domingo. A esta campaña electoral no le he dedicado mucho tiempo, sinceramente. Que gane el que tenga que hacerlo. Puestos a elegir, prefiero que lo haga el que tenga un concepto más alto de sí mismo, sobre todo para que no defraude a la persona más importante de su vida. A mí, mientras no haya ningún candidato racista como Salvini, que hable por ejemplo, como hizo en agosto, de los corderos que matan los musulmanes en sus casas, cualquiera me parecerá bueno para dedicarle algunas líneas a partir del día 3, entre villancicos y rondos venezianos.

Franco ha muerto

21 Nov

Ayer, entre el truculento crimen cachopero y la renuncia del juez Marchena a ser señalado ni un segundo más, se nos colaba una y otra vez la noticia de la misa funeral del menos muerto de los fallecidos españoles. Ay, Arias Navarro, qué equivocado estabas.

Ayer, al Valle de los Caídos asistieron 400 cristianos a dar el do de pecho preconstitucional. Muchos, si los comparamos con los que acudieron a rezar hace un lustro ante la misma tumba. Muy pocos, si nos atenemos a la importancia del auge, ¡arriba!, que se empeñan en inculcarnos como noticia destacada, los medios que suponen que tendrá que serlo alguna vez, por tanto manoseo político, desde los restos.

Pero, afortunadamente, el 20 de noviembre de ayer pudo asomarse todavía a nuestra casa como una mera anécdota del telediario, como el recordatorio de un retuit de lo que sucediera alguna vez, en algún vagón de metro valenciano, durante el traslado de un grupo de personas con un megáfono cantante, donde, seguramente, lo más destacable fuese comprobar que varios de los que intentaban seguir a pleno pulmón el sonido magnetofónico del cara al sol, ni siquiera acertaban con la letra, por más chapitas alegóricas que llevasen, y lo más extraño, que no fuese tan sorprendente que todos ellos se hubiesen puesto de acuerdo en profesar la misma ideología ínfima en estadísticas, sino que además de eso, ninguno tuviese oído musical alguno, como para conseguir afinar ni una sola nota de la escala gregoriana. Nunca había escuchado aquel himno así, tan humano. Definitivamente, supongo que restará puntos pretender ser franquista y humano.

El resurgimiento de los andares de pato no es tal. En la misa de ayer dedicada al recuerdo del dictador, los corresponsales le ofrecían el micro a los asistentes que parecían de peor humor, por si declaraban algún despropósito más proselitista de lo habitual, capaz de asustarnos o removernos. En vano. Nada sucedió más comprometido que oír un insulto en la discusión de un recreo, o “Gibraltar español” con la media tinta de Casado. El reiterado discurso de los que salían del Mausoleo franquista se parecía a los improperios que dedicaban a la presentadora del programa “Equipo de Investigación” de la Sexta, Gloria Serra, cuando decidió desubicarse en medio del recorrido previsto por una manifestación contraria a la aplicación de ley de memoria histórica, para grabar una entradilla casual. Poco más se supo de franquistas ayer, a no ser por el que agradeció la construcción de pantanos, o la que exigió la beatificación del de la gracia divina, o por las tres activistas de Femen, que fueron bien agarradas por la policía, como se las sujeta siempre por llevar pintadas frases de titiriteras en el pecho, como que el fascismo legal es la vergüenza nacional.

No ha calado el divisor, menos mal. Siguen siendo cuatro los que añoran al tirano. Lo lastimoso es que uno de esos cuatro pueda ser nuevo, que lo haya descubierto ahora, y que juegue a banalizarlo. Me pregunto si habrá valido de algo situar en el centro del debate unos restos, teniendo un dividendo aún tan grande por restituir. Me molesta la presencia, la resurrección, el tejemaneje del personaje en mi salón. Al que le podía haber llegado el turno en su momento. Hace 40 años, o el año que viene. Sin prisas. Sin símbolos. Sin la Almudena. Cuando tengamos un presidente que no presuma de no gastar un euro en cerrar de una vez por todas, las viejas heridas por reconciliar que nos aguardan en los archivos, en las sentencias injustas y en las cunetas, vencerá la democracia y por fin, desaparecerán esos y todos los demás restos del franquismo.

Pequeñitos pero ratones

23 Oct

Llevo desde que amanecí haciendo gimnasia porque me he notado más pequeñito que otras veces. Singularmente, he percibido reducciones más significativas de tamaño en algunas partes muy apreciadas de mi cuerpo. Así que me he puesto un vídeo de internet y permanezco atento a su liturgia, ya que pretendo reproducir ciertos estiramientos guiados por una amable señorita, aunque con cuidado de no excederme en la osadía, pues debo reconocer que hacía bastante tiempo que no intentaba mantener algunas posiciones tan abiertamente -de piernas- juveniles. He conseguido que el reproductor de vídeo fluya a cámara lenta, no sabría explicarles cómo, y ahora sí que me aproximo un poquito, sin exagerar, a lo que me exige la atleta de youtube que haga con mi cuerpo inflexible. Pero su otrora dulce voz se ha tornado, a quince frames por segundo, grave, de ultratumba y, como soy miedica, no consigo concentrarme en el exorcismo, digo en los ejercicios. Además de que tan despacito en los giros, me siento más oriental de lo que puedo, como Kung Fu o los Reyes Magos, como a punto de sorprender con la técnica de la grulla o un sirtaki, y no sé, tampoco, si voy a resistir mucho más con estos short deportivos puestos -mentiría si los llamase pantalones cortos, por minúsculos y apretados-, cortándome la respiración y remetiéndose entre líneas cada vez que me agacho.

Pequeñísimo. Afirmaría que me siento liliputiense si albergara esperanzas de estar equivocado. Pero después de lo ocurrido esta semana, no digo que me siento, sino que soy de Liliput. Con banderitas nacionalistas de donde uno quiera en sus balcones, qué inocentes somos los pobres -de aquí, de Cataluña o de Sebastopol- pero, en realidad, todos, incluyendo a los que presumen de pertenecer a la clase alta, o a la media, o a la burguesía acomodada, o a la que está en vías de acomodo, o a la que será incómoda para siempre, sin excepciones, somos, sin saberlo, hormiguitas protestonas del mismísimo Centro Histórico de Liliput.

De Liliput. Con mi pasaporte español en la boca viajaría por el mundo, pensaba, sin miedo, porque Europa, mi país, la democracia, el Estado de Derecho… me garantizarían la libertad allá dónde fuese. Pero, ay, dios mío, que nos pillen confesados criticando a un reyezuelo de cualquier territorio aliado rarito y rico. Que no nos torturen, ni nos descuarticen en ninguna embajada, porque nadie movería un dedo por nosotros ni aclamando a la constitución del 78. Más allá del eje del mal, con Corea la pérfida, Irán, Cuba o Venezuela, absolutamente bombardeables por los aliados, están nuestros amigos poderosos, con la misma impunidad que inmunidad tienen sus petrodólares en los bancos suizos. Los de Liliput miramos hacia otro lado y pasamos página, por los barcos y el empleo en Cádiz y porque si se enfadaran nuestros multibillonarios dictadores buenos con nosotros, sus aliados y defensores de la justicia internacional podríamos despertar al Gulliver que llevan dentro, ese más despiadado que el de Swift y que crucifica a disidentes o arroja a homosexuales desde las azoteas de los rascacielos. Nos podrían pisotear cerrándonos el grifo y padeceríamos otra crisis devastadora, de incalculables consecuencias. Soy el increíble hombre menguante, harto de hacer gimnasia. Pequeñito pero ratón.

Me dejo de tonterías que ocurran en desiertos lejanos. No miramos allá y listo. En España es distinto. Aquí no importa que seas poderoso o pobre desgraciado, Banco o escarabajo en plena metamorfosis. Dentro de nuestras fronteras, somos iguales en derechos. Tenemos las leyes, las instituciones democráticas, el gobierno que elegimos para que nos sirva y nos defienda. Tenemos los tribunales, vaya, hay Supremo. Hay Tribunal Supremo en Liliput.

A ver si recupero el vídeo, que ya lo había apagado.

¿Dónde estará la gaviota?

16 Oct

La política se ha polarizado en España en los últimos tiempos. La crisis económica, la irrupción de Podemos y que se hiciese pública la fortuna de la familia Pujol, serían tres importante detonantes en una larga lista de causalidades. Las crisis económicas producen primero indignación pero, en cuanto las oficinas de queja del Estado del bienestar se derrumban, irrumpe el miedo insuperable atávico, que deja desiertas las colas y en el suelo, arrugadas, las reclamaciones redactadas cuidadosamente. Cuanto más profundo es el terror a un futuro incierto, antes se alumbran los movimientos patrióticos, nacionalistas y xenófobos que ofrecen cobijo y autoestima, hasta la exaltación o la extenuación, según asome el carácter de cada pobre ser humano al que engullan. Surgen los populismos contra los poderosos, que dirigen los poderosos que pueden financiarlo, o contra los más débiles del lugar, que dirigen los mismos poderosos que, claro está, pueden financiarlo. Al final se pelean los pobres entre ellos, defendiendo una tela que los justifique, o un himno, o unas siglas, o una Historia heroica inventada, y ganan los de siempre, los que han permanecido en la colina sin despeinarse hasta que se ha acabado la batalla y regresan cansados a su castillo, donde se desprenderán con agua caliente de los vítores que les han dedicado, orgullosos, sus heridos en el camino.

En nuestro caso, al principio estalló la indignación. Se hacía insoportable la podredumbre repentina a la que nos veíamos sometidos por extraños términos financieros que no sabíamos que guardábamos en casa. Entre primas de riesgo, hipotecas basura, desempleo y desahucios, se perdieron las esperanzas, que estaban entre los papeles de arriba. A la vez, se destapaban cada día nuevos casos de corrupción política y Podemos surgió prometiendo que nos libraría de la explotación de “la Casta”. Venganza social antes que bienestar económico. Así arrancó la polarización que movió al PSOE más al centro, como supuesta casta asustada, y al PP a su propia derecha, como clavo ardiendo al que agarrarse ante sus problemas judiciales. Podemos fue mano de santo para el ventilador asustaviejos del PP, por su transversalidad carraspeante, y Ciudadanos le dio una patada a la parte en que sus Estatutos lo declaraban partido Social Demócrata, viendo la coyuntura. Todos los partidos se movieron un paso a la derecha para arrinconar a los nuevos radicales peligrosos, del Irán bolivariano, al otro lado del ring.

Y de ahí a Pujol. La que se ha liado. Para desviar la atención del supuesto desfalco de familia, CiU amagó con sentimientos patrióticos catalanistas hasta desaparecer. Los que no eran independentistas, ahora lo son más que nadie porque si no se los comen, por traidores. Y se sacan las banderas hasta retorcerlas. Lo que no ha conseguido el populismo de un líder de extrema derecha en España, lo ha conseguido la defensa de un supuesto robo continuado en la Cataluña del 3 por ciento. Los nuevos populares han encontrado su rumbo en los balcones. Los poquitos militantes de la extrema derecha que quedaban se han convertido en defensores de la patria, la tradición, la Historia, casi en héroes de los autobuses fletados a tierra infiel, para quitar las esteladas de la vista democrática de los paupérrimos españoles. Que siguen siendo pobres, pero orgullosos y entretenidos.

Vox, Ciudadanos, el PP, luchan por la hegemonía de la bandera española y la derecha. La polarización de la política ha logrado que donde todos los partidos querían estar hace un año, en el Centro, se haya quedado vacío. Nadie quiere ahora ese espacio. Conmigo o contra mí. Orgulloso de la España imperial, o de extrema izquierda. Apruebas mis presupuestos, o de extrema derecha.

La política española se ha convertido en un dónut, con himno nacional, vivas a España y Reyes Católicos en los discursos. Ya no hay gaviota, ni música latina, en los mítines del PP y eso me asusta. ¿Quién me iba a decir a mí, que los iba a echar de menos?