Empacho

14 May

Hemos dejado atrás uno de los fines de semana con más acontecimientos deportivos que recuerdo, el Barça de fútbol se ha proclamado campeón de liga, Fernando Alonso ha ganado el Gran Premio de España de Fórmula 1, Rafa Nadal ha ganado el Madrid Open, el Meridiano Torcal ha ascendido a División de Honor Plata, el Málaga CF sigue redondeando una gran temporada a pesar del final que se le augura, el Unicaja sigue en la pelea por el play-off ACB, el Clínicas Rincón ha finalizado una grandísima temporada pese a no vencer en la final y el Real Madrid no ha vuelto a ganar la Euroliga acumulando demasiados años sin tocar el cielo.

De este empacho de actos, me quedo con la Final a Cuatro, todo el mundo repartíamos bastante la tarta de favoritos, quizá dando menos capacidad de victoria a Olympiacos, señalando en todas las quinielas como gran coco al CSKA de Ettore Messina y dando en la práctica casi las mismas posibilidades a los dos equipos españoles.

En las semifinales, sorpresa y decepción fue el batacazo de los rusos ante el equipo de Giorgos Printezis, que a base de un repertorio básico pero efectivo de mucha cohesión en todos los aspectos manejados por el equipo de Bartzokas sacó del partido a los de Messina, que no tuvo respuesta en ningún momento frente a los helenos que simplemente defendiendo como uno sólo y derrochando agresividad y generosidad en ataque, se plantaron en la final alargando su leyenda de equipo por encima de nombres más o menos sonoros a pesar de contar con el gran Vassilis Spanoulis.

En el partido entre blancos y azulgranas, un artista (Sergio Rodríguez) y uno que merecería ser griego por el juego que desarrolla (Felipe Reyes) certificaron una superioridad que fue mayor de lo que se intuía, en un duelo en que los banquillos tuvieron mayor peso que otras veces para poner a los blancos en la posibilidad de ganar otra Copa de Europa dieciocho años después.

Ciertamente, y mucho más viendo la trayectoria de los de Pablo Laso, era fácil darlos por favoritos, no de manera rotunda, pero analizando plantillas y evaluando todo lo que se había visto era normal pensar que los de El Pireo estaban algo por debajo.

Pero aquí se trata de estar mejor en un fin de semana, de creerte que le puedes al otro y de proponer una forma de hacer las cosas, en la dinámica de locura (apoyada en un arbitraje a ratos surrealista) que llevó a la final a un marcador inverosímil para lo habitual de 100-88, Spanoulis a la cabeza, junto con Law, Hines, Papanikolaou y compañía se recuperaron de un primer cuarto perfecto de los blancos y demostraron que luchando se puede hacer casi de todo, hasta endosar un 90-61 en treinta minutos.

Ahora se hablará del arbitraje, del futuro de la plantilla madridista, incluso algunos pasarán de puntillas por el batacazo de los que no jugaron la final con todas la excusas del mundo, pero lo cierto es que la Euroliga repite campeón teniendo sello de sorpresa en ambas ocasiones, porque tanto en Estambul como en Londres, el equipo que menos vitola de favorito tenía ha sido el que ha superado a demonios propios y ajenos, además rozando todos los problemas económicos imaginables, pero ha quedado claro que tanto en nuestro deporte como en la vida hay mucho sitio para el corazón, que es el que termina haciendo funcionar al resto.

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