Una semana dentro de un maldito agujero

19 Ene
El agujero por el que cayó el pequeño Julen.

El agujero por el que cayó el pequeño Julen.

Quién puede por un momento ponerse en el lugar del otro, en el lugar exacto, allí donde no hay nada, dónde solo está uno enfrentándose a la vida… Cómo intentar, siquiera, entender algo de lo que pasa cuando estás al límite, en un precipicio, sobre un boquete, agarrándote al fino hilo de humo de la esperanza, cuando cada minuto es un universo que dejamos atrás, cuando no hay respuestas, cuando tu hijo se te escapa de los dedos y le pierdes por un maldito agujero en la tierra… Quién puede ni siquiera imaginar algo así.

El lunes viene Natalia Roig a la radio. Natalia, que es una genial actriz, una Lina Morgan que actúa como quien respira, haciéndolo todo fácil, Natalia digo también presenta programas en la tele. Su último trabajo ha sido en Canal Sur. Al preguntarle por el arte de presentar me dice: “me encanta presentar; ser presentadora es ser tu mejor versión”. Me quedo con eso, me quedo con tener la capacidad de ser “tu mejor versión”, al menos, un rato al día. No es poco.

Seguimos sin noticias de Julen. Me cuentan mis compañeros enviados hasta allí, Jorge Ramos, Tony Vertedor, José Luis García…, las últimas horas y yo les pregunto por las sensaciones que han tenido al estar cerca del agujero, de la familia, de la nada, de la leve agarradera de la esperanza. Pienso en el pequeño, en sus padres, en todos los que están sufriendo por esta maldita carambola del maldito destino. Pienso que lo difícil en esta vida no es actuar sino ser buen mimo.

Pasan los días. Se conocen detalles, opiniones, confesiones dolorosas de la familia y de los amigos. Julen allí dentro, en ese tubo dentro de la tierra, solo, frío, muy solo. Qué pena. A veces, ves la tele, o haces tú la tele, y todo parece una película. Otras veces, sientes la realidad, tal y como es, desnuda, huesuda y fea, y duele demasiado. “Cojamos aliento, aún queda”, insisto.

El miércoles, al terminar el día, vengo a la piscina. Aquí mientras nado pienso en esta columna y ordeno un poco la semana. Me gusta nadar, llegar al límite de mis fuerzas en largos baños terapéuticos, relajantes y, al borde de una hipotética hipoxia, pensar que Dios existe, y que existe en todas las cosas, incluso en la marca blanca del Mercadona, en las posibilidades matemáticas de que las cosas salgan bien, y saber que al volver a casa estarán mis niñas esperándome para jugar.

Un día más y no sabemos nada. Dicen que “no será cuestión de horas sino de días”. Hay que pensar en sacar al pequeño, como sea, por favor. Resulta insoportable el paso del tiempo, resulta muy doloroso. Un dolor seco, sin eco, como el de Munch, un dolor del alma que no se quita, un dolor que solo se sufre, simplemente, sin atenuantes, como debe ser.

Jueves. Entrevisto a Joseantonio Trujillo. Al Doctor Trujillo le admiro mucho. Acaba de publicar un libro “Trujillismo, Columnas con Arte”, una compilación de algunas de sus estocadas en el Diario SUR. En otra ocasión, escribiré sobre él y su obra. Necesito tiempo y distancia. Jugamos a echarnos unos párrafos encima, proyectamos otros juegos, conversamos, hablamos de Umbral y Tom Wolfe, de la necesidad de un periodismo literario, de Manuel Alcántara, nuestro maestro, de la izquierda, de Málaga, de nuestra Andalucía y termino pensando: “yo quiero de mayor quiero ser como Trujillo”.

Siento una insoportable necesidad de respirar otro aire. El mundo está en vilo por el pequeño Julen. Cayó hace casi una semana a un pozo seco y aún no le han podido sacar de allí. Al terminar esta columna, no sabemos nada nuevo, que sigue en ello, que no desfallecen, una horas más sobre la cuenta atrás: qué angustia, vivir así, esos padres, estos días, sobre dudas infinitas bajo un árbol sin ramas, qué desesperación, qué tortura, qué ausencia de alivio… Pienso que la más básica necesidad del ser humano es entender y ser entendido. Lo intento, no puedo y lo siento. A esta hora, sobre esta madrugada de sábado, cuando vuelve amanecer, sin más noticias que las que tenemos, no entiendo nada, sigo sin entender nada. “Cojo aire, coge aire, Julen, otra bocanada, es posible”, me digo.

 

(Con todo mi respeto, cariño y ánimo para la familia, y mi admiración por todos aquellos que están trabajando en el rescate).

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