La caída de WhatsApp, conversatorios y TÚ

12 May
Portada del último número de la revista Time de 2006.

Portada del último número de la revista Time de 2006.

La semana pasada se cayó WhatsApp. Los servicios de la popular aplicación de mensajería , propiedad de Facebook, quedaron suspendidos en numerosos puntos del mundo, según indicaban usuarios asustados y páginas de monitoreo de redes sociales. Europa, América, África…, sumidas en un lechoso silencio que nos obligaba a lanzarnos desahuciados a un precipicio de soledad. Por un momento, tuvimos que volver a hablar, a usar la palabra dicha, a prescindir del emoji…
Ya lo dijo Charles Darwing cuando dijo, o escribió, quién sabe: “no es más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive; es aquel que es más adaptable al cambio”.
Ayer mismo se iba la luz de casa. Durante intervalos, estuvimos varias horas a oscuras. Jugamos a poner velas, a vivir en el Edad Media, a hacer de la necesidad virtud con nuestras hijas, mientras fingíamos una extraña ceguera inquietante. No sabemos vivir sin todas las necesidades creadas que nos rodean.
La imprenta, el teléfono, el cine, a tele, ahora internet… Crecimos en un mundo en el que los medios que eran buenos para generar conversaciones, no lo eran para crear grupos; un mundo en que los medios que eran buenos para crear grupos, no lo eran para generar conversaciones. Internet, y todas sus aplicaciones, es el primer medio que ofrece la posibilidad de generar y soportar mensajes globales a grupos y, al mismo tiempo, crear conversaciones uno a uno.
Mientras los medios tradicionales tratan de converger al mundo global, internet, con todo su ejército de redes sociales, se convierte en el canal de transmisión de los medios tradicionales. Los ciudadanos vemos, escuchamos o leemos este contenido, y ahora también podemos agruparnos y comentarlo. Cada persona se convierte en un nuevo medio de comunicación en sí mismo, en una marca, un coypright…
En 2006, la revista Time elegía al personaje del año. En una original portada, con una pantalla de ordenador, y dentro de la pantalla un gran YOU. Debajo, a modo de subtítulo: “Yes, you. You control the information age. Welcome to your world”. De esta manera, la revista estadounidense distinguía a millones de internautas por su influencia en la era global de la información, destacando la importancia de los seres humanos, que crean y usan la red, a la hora de “fundar y estructurar la nueva democracia digital”.
Todo ha cambiado. Facebook, Whatsapp, Twitter, Youtube, Instagram, Spotify…, nada de esto existía hace quince años y hoy resulta indispensable. Nos quitan Whatsapp y saltan las alarmas; se va la luz y somos ciegos inválidos; la lejana posibilidad de una caída global de la red nos hace caer en un pánico frío y una crisis histórica.
Conforme la red ha crecido, también lo ha hecho nuestra dependencia. Si se cayese internet dejaríamos de comunicarnos por redes, el sistema financiero mundial sufriría efectos devastadores. Casi ningún negocio quedaría al margen. El derrumbamiento del sistema económico sería el primer paso de la crisis que los gobiernos mundiales tendrían que sobrellevar. Apologético, ¿verdad?
Pasada la medianoche de España comenzaron a enviar y recibirse mensajes de forma intermitente, sin llegar a poder entablar conversación entre usuarios. A partir de la una de la madrugada española, las cuatro de la tarde hora local del Pacífico, WhatsApp se había reestablecido por completo. Algunos mensajes se perdieron para siempre como lágrimas en la lluvia, otros seres humanos maravillosos descubrieron el arte del conversatorio y aún lo disfrutan haciéndose el amor con sus deliciosas palabras en la intimidad de sus salones.

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