Acinipo, Roma en la Serranía

Acinipo, Roma en la Serranía

La provincia cuenta en su patrimonio arqueológico con la antigua ciudad romana, que todavía mantiene en pie gran parte de su espectacular teatro. El yacimiento, con mucho por descubrir, es rico también en vestigios del Neolítico

LUCAS MARTÍN

No existían las cabezas laureadas. Tampoco los cantos de Orfeo, ni la incómoda recaudación de impuestos. Todos los elementos que más tarde distinguirían al yacimiento, el teatro, la silueta de las termas, no formaban parte ni siquiera del esquema fantasioso de uno de tantos futuros posibles, desterrado de las corrientes naturales de la imaginación por una distancia excesiva de siglos y, sobre todo, de costumbres. Que la meseta fuera uno de los pocos sitios en los que se escuchaba la voz del hombre no era ninguna garantía de que aquel lugar se convertiría en uno de esos puntos elegidos para la continuidad en los que se van superponiendo las épocas y las civilizaciones.

La historia abunda en este tipo de exabruptos. Y Málaga no es una exepción, con numerosos paisajes que desempeñaron un papel importante y que acabarían poco después morosamente desconectados, reducidos a leyendas y a herrumbre. La propia ciudad de Acinipo, en su día mucho más relevante que la cercana Ronda, sucumbiría hasta quedar deshabitada, aunque, en este caso, no sin antes concatenar un largo periodo de esplendor, que con apenas una interrupción de 150 años, serviría para unir al Neolítico con la desaparición del mundo clásico.

Acinipo, con su teatro monumental levantado en la roca, es mucho más que un testimonio lujoso de la vida romana. Su existencia, de la que todavía queda mucho por descubrir, documenta de manera excepcional los acontecimientos que rotularon en esta tierra el tránsito centenario hacia las primeras sociedades: los campamentos tribales estacionales, los poblados, la cultura autóctona, el intercambio con los fenicios. Una secuencia a la que se une el éxito de Roma, que transformaría el asentamiento en un topónimo ampliamente reseñado y conocido. Hasta el punto de aparecer entre los escritos de Ptolomeo y de Plinio El Viejo.

Los romanos, en cualquier caso, no eligieron Acinipo por casualidad. La razón tiene que ver con la política. Y más aún con la fórmula de aterrizaje escogida en esta parte de la península, más vinculada al diálogo y la negociación con las élites que a la fuerza bruta. Si se optó por esta tierra es porque era aquí donde residía el poder. Desde varios siglos antes. Y por unas causas que, esta vez sí, están directamente emparentadas con la selección natural y la lucha por la supervivencia.

Los primeros habitantes de Acinipo, en sus rutas en busca de recursos, no pensaron en el rincón por motivos muy diferentes a los que lo hubiera hecho cualquier otra ser vivo. Aquel espolón tenía todo lo que podían necesitar: una tierra con recursos, un acuífero. Y una altura, de alrededor de mil metros, que permitía controlar desde lejos el conjunto del territorio. Unas condiciones que hicieron que los asentamientos, con el aumento de la población, fueran cada vez más estables. Había, sin duda, un lugar que defender. Por más que durante algo más de un siglo la población se trasladara a una zona cercana, que dio pie al yacimiento de Silla del Moro. José Manuel Castaño, responsable del Museo Municipal de Ronda, explica la complejidad de este salto en la frondosa línea del tiempo de Acinipo, que pudo obedecer a algún tipo de necesidad puntual de protección.

La Pieza del Museo de Málaga

Acinipo acuñó su propia moneda en bronce para las transacciones de pequeño valor, mientras que para operaciones de mayor calado se utilizaba moneda de oro y plata, emitida en Roma. Los símbolos de grabados en las monedas de Acinipo evocaban las fuentes de riqueza de la ciudad: el trigo y la vid. El texto llevaba el nombre de la ciudad en una cara y en la otra figura el nombre un magistrado, L(ucius) FOLCE(ius), que ostenta el cargo de edil, encargado posiblemente de la acuñación de estas emisiones. Estas monedas se fechan en el siglo I a.C. El Museo Municipal de Ronda cuenta con una selección de este tipo de monedas, además de  otras piezas correspondientes a las emisiones que se hacían en otras ciudades y que presumiblemente también eran utilizadas en Acinipo como valor de cambio.  

Las causas son difusas. Pero lo que está claro es que cuando llegaron los romanos, en torno al siglo I, la ciudad ya había recuperado plenamente su pulso. Entre los restos encontrados, destacan las cabañas circulares, pero también otro tipo de construcciones que evidencian la influencia oriental. El contacto con los fenicios dotó de una nueva dimensión a la vida de Acinipo, con entrada de técnicas y productos y la apertura de un mercado para su famoso grano que iba mucho más allá de los límites de la comarca. Los romanos lo entendieron al instante. Y, con el respeto de la clase dirigente local, fueron consolidando rápidamente sus símbolos culturales. Con un ritmo mucho más acelerado que su vecina Ronda, aquella tierra se convertiría pronto en una ciudad próspera, completamente latinizada. Y con privilegios como el hecho de poder acuñar su propia moneda, que hacía referencia en el diseño a la agricultura típica de la zona.

En ese predio hoy sin apenas movimiento, a veinte kilómetros tan solo de las caprichosas colgaduras del Tajo, hubo un lugar en el que los romanos hacían vida sin renunciar a los rasgos más definitorios de su organización territorial y urbana. Un teatro cuyo aforo podría incluso rebasar las 2.000 personas, las termas, el foro.

Castaño, director, junto a Bartolomé Nieto, de algunas de las últimas excavaciones, ensalza la riqueza del yacimiento, con sus luces y sus sombras, tan apasionantes en la medida que representan ecuaciones casi vírgenes, con mucho terreno aún por despejar. Una de las incógnitas sigue siendo el emplazamiento del foro, que en los ochenta fue encajado por Rafael Puertas en unas coordenadas aproximadas que saltarían por los aires veinte años después. Y, además, de manera inapelable, a través de la pala de Castaño, que daría en ese mismo punto con una nueva sorpresa: una casa de la época, con restos de un altar.

La aparición de la domus, el último hallazgo de Acinipo, supone la constatación de la riqueza de un mundo que se mantuvo activo, aunque fuera ya sin cohesión, hasta, como mínimo, el siglo VI. Con cambios y repliegues que, con la ciudad romana como centro, son muchos más ricos que lo que se desprenden de la contemplación del teatro y sus murallas suspendidas. El especialista pasa revista a algunas imágenes históricas que forman ya parte del retablo conocido de la meseta: el poblado fortificado, la vida avanzada bajo Roma, a partir del siglo II, cuando fueron cerrados la mayoría de los edificios públicos, la fábrica de vidrio sobre el suelo que poco antes había asistido a representaciones latinas. Alrededor de quince hectáreas paralelas a Ronda, la ciudad viva y muerta de la Bética, de Plinio.

Del Neolítico a la vanguardia con el uso de los drones

Completa a simple vista el relato de los tiempos, de sus agudas metamorfosis. Una especie de pájaro metalizado, provisto con una cámara, surcando por encima de un espacio en el que vibraron la ciudad romana, el hombre prehistórico, los primeros poblados fortificados. Aunque, en este caso, con una misión clara y científica que trascendía el juego de los símbolos y de las metáforas. En 2016, Acinipo fue objeto de una investigación pionera; un trabajo que desarrollado por la empresa arqueológica Nerea y Tibudrones, y con la colaboración de la Junta de Andalucía, tenía como objetivo evaluar la aportación de los drones al estudio de la arqueología. Según cuenta Daniel Florido, de Nerea, los resultados fueron excelentes: gracias al material gráfico recogido por los aviones, los investigadores, entre los que se encuentra el arqueólogo de la Consejería de Cultura Eduardo García Alfonso, tuvieron acceso a la composición detallada de los edificios y de la geografía del terreno. Florido habla con entusiasmo de la experiencia y del conjunto del yacimiento. «Se trata de una historia a recuperar, que ilustra de forma singular la romanización, un relato milenario que gracias al impulso del Museo Municipal de Ronda y el futuro planeamiento basado en el convenio del 2004  puede situar a Acinipo, como uno de los grandes puntos arqueológicos de referencia en el futuro de la provincia», razona. 

 

 

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