Mercedes Monmany: La cometa de la vida

11 enero, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

No sabemos si al viento le gusta leer más allá de la cebada. Si ojea las hojas de los árboles, entre las líneas de las ramas, y del mar las olas y sus garabatos en la arena; en busca el viento de historias de tierra firme y de aventuras azules a las que empuja a favor y también en contra. Tampoco sabemos si por un instante leyó la postal holandesa de Etty Hillsesum. Un pájaro que la joven judía, camino de Auschwitz, soltó por la ventana del tren un septiembre de 1943 liberando así una esperanza: «Me esperaréis, ¿verdad?» Lo cuenta con extrema sensibilidad y pluma triste, comprometida con el interior de lo que narra y desgaja reflexivamente Mercedes Monmany en un estupendo ensayo narrativo, Ya sabes que volveré, en cuyas páginas duelen igualmente las últimas vidas de las compañeras de la muerte de Etty Hillesum, como Iréne Némirovski y la poeta Gertrud Kolmar. Dos autoras reconocidas entonces, una novelista –célebre después por su Suite francesa, y una poeta en parentesco con Walter Benjamin y considerada la Dickinson de su época.

Tres mujeres en la eclosión de la vida y del talento –lo dejan terriblemente emocional y claro en sus obras pespuntadas, al igual que el diario de Ana Frank, presente también en el libro- que junto a la primera supieron transformar el miedo, el dolor, la castración de la dignidad, la amenaza negra de un final en humo blanco en literatura del alma, en un ejemplo del valor humano, de la integridad del corazón y la capacidad del alma para sobrevivir intelectual y espiritualmente por encima del fuego, todos los fuegos. «Si llegase a sobrevivir a esta etapa, surgiré como un ser más sabio y profundo. Mas si sucumbo, moriré como un ser más sabio y profundo». Treinta años, y no sé cuánta fragilidad de peso físico y sufrimiento en la mirada, tienen estas palabras, con ecos de sus lecturas cómplices de San Agustín y de Rilke, trazadas por Hillssum en el diario que empezó a escribir en Westerbork, un campo prólogo antes del horror definitivo de Auschwitz. Una mujer de la que Monmany destaca su pensamiento místico y su modernidad femenina, y cuyas últimas palabras son el colofón a un mantra que las tres repiten: vida, sol, luz. Vocablos con alas para sobrevolar por encima de las cloacas del terror nazi en las que ellas demuestran que escribir es una forma de combate, otra resistencia en la clandestinidad. Aunque una escriba sobre la experiencia de lo vivido, otra como Némirovsky acerca de la sociedad judía de la época y Kolmar interpretando la tragedia desde el simbolismo poético.

La literatura del holocausto también dejó durante años a las mujeres en la sombra. No sólo el arte oculta su talento bajo el dominio patriarcal de la cultura. Primo Levy, Paul Celan, Imre Kertész, Aharon Appelfed, lo mismo que en menor medida pero con interés también Jorge Semprún, escogieron la literatura autobiográfica y la autobiografía novelada para contar el exterminio del hombre como medida de todas las cosas. «El campo de concentración sólo es imaginable como literatura, no como realidad» dijo Kertész. A ninguno de ellos tienen que envidiar estas tres mujeres, principalmente, rescatadas por Mercedes Monmany, que no solamente permanecen fuertes junto a sus familiares, y a su esposo como el caso de Némirovski, si no que es más detallista en lo transcendental su mirada, más determinante en su optimismo, en su raíz moral y en su fuerza después del trabajo como condena, del hambre, del drama que les rodea, frente a la actitud más amarga y resentida e incluso derrotista de los autores masculinos citados, más doblegados y oscuros quizá en su lucha que ellas y su luminosa convicción vital hasta el último momento. Un rastro colectivo de las tres protagonistas, y de Ana Frank y Hélene Berr que murió en Bergen-Belsen meses antes de que lo hiciese también allí Ana Frank, entre otros nombres con los que Mercedes Monmany indaga en la barbarie y en el genocidio, reivindica a estas escritoras de talento y lucidez, fallecidas a los 29, 48 y 39 años, contribuyendo a enriquecer nuestra cultura sobre el horror y a mantener viva la memoria contra cualquier eco de persecución y el odio como verdugo.

 

FICHA
Ya sabes que volveré
MERCEDES MONMANY
GALAXIA GUTENBERG
17 €

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