Juan A. Fernández Madrigal: “Si no haces arte con miedo, ¿cómo lo haces?”

10 marzo, 2018

FRAN ROMERO

El escritor y profesor de la UMA publica en El Transbordador ‘Flor de hadas en el bolsillo’, un libro intimista que disecciona las cosas pequeñas de la realidad.

El veterano escritor y profesor de la Universidad de Málaga, Juan Antonio Fernández Madrigal (Córdoba, 1970), acaba de publicar su última novela titulada Flor de hadas en el bolsillo en la malagueña Ediciones El Transbordador, con quienes ya trabajó con El tapiz invisible (2016) y Pedro y la pulsera mágica (2017). Este nuevo relato es una obra ecléctica de difícil etiquetado –en este tiempo de etiquetas obligatorias– en el que Madrigal explora esos elementos que damos por conocidos, ya fijados, y que no dejan de estar cargados de la mayor de las irrealidades.

Juan Antonio Fernández Madrigal. F.RR.

Juan Antonio Fernández Madrigal. F.RR.

¿Qué podemos encontrar en Flor de hadas en el bolsillo que no encontremos en el resto de su obra?
Creo que este libro es más intimista, no se centra tanto en la historia, porque son bocetos de cosas pequeñas de la realidad vistas desde un enfoque no real. Trata de los mundos que se esconden en cualquier rincón pequeñito de lo cotidiano. Esto, en el resto de mi producción, no está, porque mis otros relatos son, digámoslo así, más convencionales en cuanto a trama e historia, en el sentido clásico del desarrollo estructural y narrativo. Con Flor de hadas en el bolsillo trato de mirar desde lo real, es decir, lo que vemos de forma diaria, desde un punto de vista que podría ser irreal; igual que como lo puede ver un niño que está descubriendo el mundo, maravillándose de la totalidad. He intentado recuperar esa visión.

¿De dónde surge la novela?
Comencé hace años a escribir en un blog pequeños textos con este enfoque, y cada semana subía un relato corto fijándome en uno de esos destalles, intentando interpretarlo, dándole una pequeña historia centrada en el punto de vista de alguien que lo está explorando por primera vez. Con esa semilla sin hilo fue creciendo algo que sí tenía una historia y el propio narrador, que en un primer momento era yo mismo, comenzó a alzarse con categoría de personaje autónomo. Así empezó a surgir el relato, prácticamente solo, porque no había en su génesis un discurso delimitador.

Esta forma de escribir sin meta fija, ¿es la que suele emplear?
Esta es la forma de escribir que más he usado y con la que me siento más cómodo. Sin mapa, tan sólo con una idea general que comienzo a explorar para ver por dónde sale. Porque de este modo, una vez que le das tiempo a lo que has escrito, lo puedes convertir en otra cosa, y si le falta historia se la puedes proporcionar. Para mí no es necesario que esté todo planificado desde el principio. Y como siempre he escrito de este modo, de un tiempo a esta parte estoy intentando explorar otras formas, estructurando mapas, desarrollando más pormenorizadamente hasta dónde quiero llegar. Pero siempre me he sentido a gusto trabajando con libertad, partiendo desde cero, porque yo comencé escribiendo relatos muy cortos a partir de ideas sencillas.

Los propios relatos le indican hasta dónde tienen que llegar.
Exactamente. Es algo que siempre he pensado. Sé que hay autores que planifican hasta el último detalle de la obra que van a escribir antes de afrontarla, pero creo que el escritor, aunque tenga esta guía, tiene un control muy limitado sobre su relato. Y es limitado porque el arte consiste en buscar en un espacio absolutamente inabarcable en el que el mapa no te sirve de nada si eres fiel a la historia y empiezas a seguir el hilo que los personajes te van dando. Puedes planificar elementos, incluso una gran cantidad de ellos, pero sabes que al final te vas a sorprender mientras escribes.

¿Cómo da por cerrada una obra que arranca así?
En el caso de Flor de hadas en el bolsillo, cuando los detalles a explorar no surgían de forma natural y tenía que forzarme para encontrar esas zonas de irrealidad. Y curiosamente, cuando pasa eso, los textos que surgen son más elaborados; ese fue el momento de dejarlo. Corté en ese punto, los dejé reposar en un cajón y después lo reelaboré.

Al crear de esa forma, ¿no tiene miedo de que finalmente de lo escrito no surja nada?
Claro, pero si no tienes miedo a que te pase eso, si no haces arte con miedo, ¿cómo lo haces? Todos los que escribimos pasamos por ahí, y nos lleva a decir «esto me da mucho miedo, como siga así nunca voy a crear nada», lo que te empuja a aprender elementos de desarrollo y a cerrar estructuras antes de comenzar a escribir. Y no digo que esté mal, creo que también hay que hacer esto porque forma parte del aprendizaje del escritor, pero es que el miedo a la hora de enfrentarte con la página en blanco, como lo pierdas, deja en parte de ser arte.

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