Pandemia

14 Dic

Una enfermedad que se transmite a las personas. Una investigación contrarreloj y una amenaza mundial, ingredientes de Pandemia

Recién salida a su venta, Thilliez ha vuelto a ejercer de maestro de la novela negra con Pandemia (Planeta). Si hace poco desde estas líneas comentábamos su novela Latidos, hoy llegamos hasta otra novela de la saga de Sharko y sus compañeros.

La obra narra las posibilidades y probabilidades de una pandemia que amenace a toda la humanidad. Tras la muerte de unos cisnes veremos como un virus gripal pasa de las aves a los hombres con una facilidad exponencial. El campo científico, en el que tantas veces se ha apoyado el autor para hacernos llegar la maldad humana toma en este relato un protagonismo que sólo puede transmitirnos alguien como Thilliez, para que la carga no se haga pesada en el lector y sea motivo e incentivo de seguir leyendo.

Junto al Instituto Pasteur francés un tema que ya ha aparecido en otras novelas suyas: el de tráfico de órganos, problema actual que aunque está muy controlado aún tiene una serie de lagunas negras y terroríficas en lugares como América del Sur y la India.

Los protagonistas a los que nos tiene habituados, Sharko y Lucie, junto con Nicolás y Camille serán objeto y objetivo de este argumento. Es cierto que Lucie ha pasado a un segundo plano tras su maternidad y en Pandemia tampoco la veremos al cien por cien, pero la figura de Sharko ocupa el espacio sin dejar vacíos en la trama. Camille, a quien conocimos en Latidostambién tiene un papel relevante en la historia aunque no exactamente como nos imaginamos al abrir las primeras páginas del libro.

Lo cierto es que los personajes siguen mostrando la misma fuerza que en ediciones anteriores y no hace falta que nos perfile prácticamente nada más, pues los conocemos como la palma de nuestra mano, sabemos qué están dispuestos a hacer para controlar las situaciones y dónde están sus límites. Con semejante equipaje se hace especialmente fácil acometer una lectura donde la trama se hace dueña de toda la fuerza de la novela.

Así, absolutamente sumidos en una trama de tintes apocalípticos pero ciertamente creíbles, apoyados sobre unos personajes tan fuertes y consagrados, se disfruta de una lectura de una novela negra pero con matices científicos muy interesantes que se ramifican en pequeñas subtramas para completar el mapa.

Recuerdo cuánto me impactó la primera novela de Thilliez. Pero de todas las que han seguido ninguna llegó a la cota de impresión de la primera. Hasta Pandemia. Atribuía ese impacto a ser la primera que leí y la primera vez que Thilliez llegó a mis manos, pero lo cierto es que en su último libro sigue teniendo la misma fuerza y la misma capacidad de sorprender que en el primero. Hay momentos en la trama que dado el enfoque del narrador no conoces otra perspectiva que la del protagonista y la sucesión de hechos se escapan al lector lo que le sume en una especie de ceguera que no le permite advertir o adivinar por dónde seguirá la solución. Eso hace de esta novela una de las mejores escritas por el autor: la habilidad que ha tenido en mantener la tensión y la agilidad con una historia científica sin que se haga densa o difícil.

Dos giros en la consecución de la historia sacarán más de un suspiro al lector que verá cómo todo se desmorona a su alrededor sin encontrar una salida.

Pandemia no puede leerse sin antes leer su inmediata, Latidos, porque entonces se perderá el profundo calado de la trama. Cuando acabas el libro te das cuenta de que realmente Thilliez desde el primer volumen de las historias de Sharko lo tenía todo muy premeditado. La perfección del círculo se cumple cuando miras el conjunto de estas novelas en su total aunque individualmente sean realmente exquisitas.

Los seguidores de Sharko y Lucie van a disfrutar muchísimo con esta nueva edición. Es un libro de lectura tremendamente rápida sin llegar a ser un guión como en el caso de algunas novelas negras. La exactitud y precisión de los detalles son para analizar por lo destacado del autor. Y recuerden, si aún no conocen a Sharko, este es el momento y este es el objetivo porque si no se perderían una saga de la altura de Chandler y su detective Marlowe y eso que las comparaciones siempre son odiosas.

Latidos

14 Nov

Ha vuelto Thilliez como maestro del género negro y hábil autor de thrillers. Ha vuelto para volver a sorprendernos con el manejo de dos historias paralelas y donde la base científica y documentativa a la que nos tiene acostumbrados nos muestre un Sharko más humanizado junto a Lucie y una nueva protagonista, Camille.

Camille es una joven policía que sufre una dolencia de corazón y ha recibido un trasplante del que se está recuperando aunque ella note que su cuerpo rechaza ese nuevo corazón. Pesadillas prácticamente a diario la encaminan a investigar de quién es el corazón trasplantado y en esa investigación particular se cruzará con Sharko.

Nuestro detective está investigando unos casos realmente espeluznantes que se han asociado a un hecho sucedido tras una tormenta: un árbol se cae y deja al aire todas sus raíces y un zulo donde se encuentra una mujer ciega, de etnia gitana, atrapada y secuestrada.

Como hemos comentado anteriormente la base científica sobre la que trabaja esta vez nuestro autor son los trasplantes de órganos. A través de Camille conoceremos profundamente el tema y a partir de esta angustia que vive la policía en sus carnes viviremos las tensiones a las que nos tiene acostumbradas el escritor que por esta vez humaniza a nuestros queridos Sharko y Lucie, menos traumatizados, más pausados y exteriorizando sentimientos, hechos que precisamente no estaban entre sus virtudes.

Con la prosa sencilla y fluida a la que nos tiene acostumbrados Thilliez, un vocabulario más actual que en anteriores novelas, narración en tercera persona, diálogos más equilibrados, el autor crea una trama cada vez más profunda y oscura con unos personajes que aun manteniendo una continuidad psicológica están cargados de matices y son sólidos y especiales. Empatizan con el lector de tal manera que los horrores vividos anteriormente lo mismo que duelen van siendo olvidados por nuevos sucesos que copan sus vidas y que las llenan de nueva luz y futuro.

El final, sorprendente, deja por primera vez una puerta tan abierta que sospecho que será el origen del siguiente volumen. Es la primera vez que el autor deja un fleco suelto y de forma tan obvia.
Resumiendo, si has seguido la saga de Sharko o a Thilliez desde los inicios no hace falta que atrape tu atención para su lectura: caerás. Si aún no conoces a ninguno de los dos…déjame decirte que se te está acumulando el trabajo, no deberías perderte este autor y su saga, cuya altura podría medirse ya a la de los grandes detectives y cuyas acciones y temática no te dejarán nunca indiferente por su realidad, firmeza y contundencia.

Te veré bajo el hielo

14 Oct

Robert Bryndza arranca una saga policial con Te veré bajo el hielo, novela publicada en España por la editorial Roca y que tiene como protagonista a la inspectora Erika Foster

Con esta novela comienza una saga de prometedores casos policiales con Erika Foster como protagonista. Una inspectora que como en casi todos los thrillers viene marcada por el pasado pero al cual ha sabido sobreponerse y se ha convertido en una mujer fuerte y luchadora. La historia comienza sin preámbulos en las primeras páginas, directamente estaremos inmersos en la aparición de un cadáver bajo un lago de hielo. Una chica que nos mira desde su congelación. Las circunstancias se complican cuando el equipo de Foster averigua que la joven es la hija de un reputado político de la cámara de los lores. La investigación encontrará muchos obstáculos para su desarrollo porque la poderosa familia influyente de la fallecida hará todo lo posible para evitar todos los detalles aunque poco a poco comenzarán a conocerse la vida y los secretos más escabrosos de la joven que llevarán a Erika a relacionarlos con otros casos de jóvenes desaparecidas.

El autor de la novela refleja dos estratos de la sociedad de una forma muy marcada, por un lado el mundo político y su connivencia con el poder cuyas ramas llegan al intento del control de la información no solo a nivel periodístico sino también al esclarecimiento policial. Por otro lado seremos testigos de los suburbios, la llamada escoria de la sociedad, tramas de prostitución, red ilegal de mujeres para su comercio, alcohol, drogas y mafias.

La protagonista tiene a su alrededor una serie de personajes secundarios cuyos rasgos son fácilmente identificativos y hacen que se produzca cierta empatía o antipatía con ellos, en cuanto a los demonios personales que marcan a Erika es de suponer que aunque el autor los explica hallaremos más detalles si continúa esta posible saga policiaca.
Un thriller policíaco que no baja el ritmo en ningún momento y cuyo bombardeo de información para manejar todos los datos se hace de forma secuencial y ordenada, lo que hará del disfrute de más de un lector.

Narrada en tercera persona por un narrador omnisciente conoceremos todos y cada uno de los pensamientos y opiniones de los personajes con los que se hilvana la obra, incluido los pensamientos del asesino a quien no conoceremos hasta el final. Con una prosa ágil y rápida, llena de diálogos se consiguen encajar todas las piezas del puzle y acabar descubriendo el misterio.
Recomendado para los amantes de los thrillers policíacos, para una lectura fresca y rápida de cara al verano y las vacaciones y para todos los que gustan comenzar una serie de novelas autoconclusivas que forman parte de un conjunto. fronteras por todos sus flancos. En cuanto al español castellano, Dorren advierte una particularidad en la que posiblemente no caigamos pero sí lo hacen frecuentemente nuestros interlocutores de otras lenguas: somos metralletas parlantes. Pronunciamos las sílabas a una velocidad mayor que otros. Una media de 7,82 sílabas por segundo, frente a las 6,17 de los anglohablantes o las 5,97 de los alemanes. Un kalashnikov dispara diez tiros por segundo, recuerda Dorren.

Qué sabe nadie

4 Abr

Te echo de menos. Significaste mucho para mí e incluso en algunos momentos fuiste esencial en mi vida pero por causas que no vienen al caso, nos abandonamos. Bueno, lo cierto es que la cita ya no era en el sitio adecuado –ni las formas tampoco- y te dejé. Te dejé porque no quería vivir lo mismo que los demás y decidí que prefería guardar mi mejor recuerdo que estropearlo con algo que sin duda sería peor. De ese amor incondicional a la más grande de las ignorancias sólo hubo un paso y casi puedo decir que te olvidé. Todo lo que representabas para mí se convirtió en puro dolor y angustia. Aquello no podía ni ser sano y te guardé aún más adentro, en zonas oscuras para condenarte al mayor de los silencios. Ha pasado bastante tiempo ya o por lo menos el suficiente para decirte que me sorprendo pensando en ti de vez en cuando, con ganas de volver a verte, de volver a sentirte y a fin de cuentas de reencontrarnos a pesar de que las circunstancias no han cambiado. Quizá ahora sea cuando el dolor ha dejado paso a los buenos recuerdos que sólo puedo eso, recordarlos, con tres o cuatro personas ¡pero qué personas! Los míos. Los que lucharon con un batallón. Como te decía, te echo de menos, me falta dejar de sentir el aire bajo tuya, me falta el anonimato, me falta revestirme, ajustarme el esparto y ver el mundo desde otro prisma. Me falta tu silencio, tu modestia y tu recogimiento. ¡Pero si incluso siento envidia sana de los que lo practican con la suya!. Llegan días en que veré muchas como tú, algunas más cercanas a mí que otras y sé que este año, volveré a echarte de menos, como el pasado y como el anterior. Espero que algún día volvamos a reencontrarnos, es la esperanza que tengo –bien que me enseñaste que tu verde no podía ser sino otra cosa que esperanza- pero mientras seguiré vistiendo de negro en recuerdo de aquel amor que te tuve y que te tengo que hace que aún te respete más si cabe. Negro y verde. Mi túnica.

Gracias

28 Mar

Antes si quiera de haber pisado la calle como corporación nazarena, la hermandad de la Sentencia escribía en una red social su agradecimiento a las más de 900 personas que formarán parte de su cortejo. Se cuestiona en la calle la falta de portadores, hemos tenido en este periódico la reflexión de Juan García Torres, presidente de la Asociación Cultural Daffari, afirmando que el relevo generacional en estos tiene un futuro estancado, algo que ya había escuchado entre amigos cercanos. Sabemos, oímos y leemos que faltan nazarenos y aunque patrimonialmente no hay duda de que se ha crecido en la Semana Santa, falta o empieza a faltar lo más importante: los cofrades y creyentes que asuman formar parte de las procesiones. No voy a analizar estos hechos aquí, quiero fijar la atención en esos mínimos gestos que forman parte de –al menos– la educación básica y que son un refuerzo positivo para quienes los hacen. Me refiero al simple hecho de dar las gracias. Un gesto simple y básico, educativo, al que si se le imprime el sentimiento verdadero hace que se convierta en algo muy especial. En el tratamiento de las cofradías a sus hermanos hay muchas fórmulas: desde los ´saluda´ del hermano mayor hasta los abrazos entre hermanos. Las cartas de agradecimiento personales se reciben cuando el favor otorgado a la cofradía es muy específico y hasta casi exclusivo, ya que el desuso ha hecho que las cartas por correo ordinario sean escasas. La imagen que proyecta una hermandad agradeciendo a sus componentes un hecho repercute ciertamente en la propia cofradía con buen fin. La maestría es hacerlo como si cada uno de ellos fuera único e intransferible –que lo son– y hacerles sentir lo más importante de todo el concepto cofrade: una individualidad que necesita de un conjunto para conformar la Hermandad. Es una manera de decir como aquella canción de Luz Casal: sin ti no soy nada. Algo que en la vorágine de la vida cofrade y sobre todo en Cuaresma se suele olvidar. Es de bien nacido ser agradecido?