Éxito

11 Jun

Winston Churchill dijo «el éxito es la capacidad de ir en fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo» y fue esta actitud la que definió su manera de hacer política, su modelo de liderazgo conservador fuerte y su defensa a ultranza de Gran Bretaña como nación en tiempos difíciles y en los que se ganó una guerra, se perdió el Imperio y se luchaba por mantener una posición sólida dentro del mundo pero con una clara equidistancia británica respecto a Europa. Hay una tradición de líderes tenaces y con fuerte personalidad que pasan desde Margaret Thatcher a Gordon Brown que reconocemos en estas palabras. De algún modo, esta definición de éxito como un alguien que no gana nunca todo absolutamente, sino que más bien pierde algo pero persevera, es lo que define lo que sucede en la política y es lo que les ha sucedido a Theresa May y a Jeremy Corbyn en las elecciones británicas del pasado jueves 8 de mayo.

El brexit fue una decisión equivocada impulsada por James Cameron forzado por un partido dividido y forzado a contentar a los sectores más euroescépticos. Una estrategia defensiva que reclamaba más soberanía frente a Europa y, entre otras cosas, buscar, en teoría, respuestas mejores para Gran Bretaña para el empleo, la inmigración y al terrorismo. Fue una victoria pírrica del voto de la gente mayor, antiestablishment y de los que les había ido peor. Theresa May convocó las elecciones, precisamente, para obtener una mayoría absoluta y poder negociar el brexit con más libertad. Alcanzó 318 escaños, 12 menos de los que tenían. May ha ganado las elecciones con claridad pero las ha perdido, políticamente hablando. Las convocó para asentar su posición frente a un rival debilitado y no lo ha conseguido, sin embargo, su resultado electoral ha sido magnífico: el partido conservador logró 5,5 puntos más respecto del resultado de 2015, es decir, 2,3 millones de votos más que los obtenidos entonces por David Cameron. En el otro lado, los laboristas obtuvieron 261, 29 más que en las elecciones de 2015. De esta forma, la primera ministra quedó por debajo de la mayoría absoluta (326 diputados) a tan sólo diez días del comienzo de las negociaciones del brexit.

Los conservadores necesitan ahora el apoyo de un segundo partido, bien sea para formar una coalición o bien para constituir un Gobierno tory en minoría. A pesar del incremento sustancial de los laboristas, no parece que Jeremy Corbyn pueda gobernar solamente con el apoyo de los Liberal Demócratas y el Partido Nacionalista Escocés. Técnicamente los conservadores han ganado las elecciones, pero el resultado es, indudablemente, un fracaso para Theresa May. La primera ministra basó la campaña en su capacidad para llevar a cabo el mejor Brexit posible para los británicos, pero ahora no sólo está en peligro su futuro, sino también su visión sobre el proceso de ruptura con la UE.

Theresa May jugó a ser la nueva Margaret Thatcher del siglo XXI y lo que le espera es un liderazgo difícil en esta legislatura. Por otro lado, Jeremy Corbyn se ganó el voto de muchos jóvenes e hizo una campaña con su giro a la izquierda y no hablando del Brexit si no de políticas sociales y de combatir la desigualdad. En realidad, la campaña se polarizó entre May, una líder que reclamaba su fortaleza para negociar libremente en Europa, en teoría un Brexit duro, pero no definido en campaña y un Corbyn que cambió por un relato más social. Aquí jugó un voto antiestablishment en contra de las élites, en este caso en contra de May que animó a favor de Corbyn el voto de los jóvenes y de los que votaron por la permanencia en el referéndum del Brexit.

El futuro es difícil de predecir pero es obvio, que el camino de la derecha radical, Trump y May, con todas sus diferencias, con su defensa del nacionalismo a ultranza en un mundo global está perdiendo fuelle. Lo está haciendo en todas las elecciones desde las austríacas hasta las británicas. En este caso, parece que Theresa May a pocos días de las negociaciones con el Brexit, a pesar de una victoria importante y con este resultado, va a poder negociar con mucha menos firmeza y autoridad la posición británica de lo que ella deseaba. Su posición es delicada también dentro de su partido. Por otro lado, el magnífico resultado de Corbyn parece consolidarle en un partido que va aceptando su giro a la izquierda y también en la sociedad. Sin embargo, su éxito electoral no puede ocultar su ambigüedad con Europa y las soluciones de un programa socialdemócrata clásico. Su popularidad actual esconde una política con límites. En los tiempos actuales, Corbyn puede convertirse en un líder de transición para una renovación profunda de ideas y programas que necesita el nuevo laborismo o también puede ser el líder que provoque una escisión en el partido. El giro a la izquierda y la autenticidad son dos virtudes a favor de Corbyn pero no son suficientes para llevar a cabo la renovación que la izquierda necesita. Como dijo también Churchill, «el problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes». En la nuestra también. A ver si lo consiguen.

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