El Delfín sumergido

14 May

Un Delfín político, puede no estar designado, pero sorprender al dar su salto desde las profundidades más ignotas

 

Al final el sustituto del alcalde podría ser un tal Pérez que nadie esperaba. Un Delfín no deseado, un socialista en vez de un popular. La política es rara

Carlos Pérez Ariza

Descartados los sustitutos del alcalde de Málaga, tantas veces ansiados desde la sede del PP, viene a presentarse un inesperado querubín que jamás ha pertenecido a la corte celestial popular. Un socialista, joven, sorpresivo, opositor, un tímido aspirante que las escaleras socialistas han ascendido a alcaldable. Tiene guasa el asunto. Un regidor incombustible, incansable al desaliento, cómodo en la eternidad del cargo. Ninguno de su partido le fue válido, los que intentaron sombrear su imagen, fueron defenestrados. Querido por los malagueños del común, pese a ser un burgués de la aristocracia local. Un demócrata cristiano posmoderno. Hizo del delfinato una quimera inalcanzable. Y por las raras artes de la política, se le planta un sobrevenido, sin comerlo ni beberlo. Un chico de izquierdas, que pregona el cambio. Un biólogo que se proclama socialdemócrata. Un neocom que edita vídeos progresistas. Un joven que no le hace ascos a llevar corbata. Un representante digital, que se vuelve analógico por esas calles de la ciudad. Un habitante del lejano oeste clase media de Málaga. Un Delfín que nadie imaginó.

Según un sondeo temprano, pergeñado por el PSOE de aquí, Dani Pérez podría gobernar con el apoyo de la otra izquierda, sumando sus posibles 10 ediles más seis de aquellos. Sin descartar a los que podría aportar el Cassá de Ciudadanos. El alcalde, Francisco de la Torre Prados, obtendría nueve, que sumados a las otras derecha se quedaría a las puertas con 15 concejales. Claro, ese escenario, aunque posible, es solo eso: Una encuesta prematura, pues aún quedan dos semanas de vertiginosa campaña. Los estrategas de Pérez, no aparcan el leitmotiv de ‘a votar, que viene la derecha’, invocando a la amenaza fantasma de VOX, que comprobó que las RRSS las mueven también sus enemigos. Es una ley electoral española, ‘cuando la izquierda se moviliza bien, la derecha no gobierna’. Y si esos conservadores van cada uno por su cuenta, menos aún.

Todo está abierto y bien abierto. No se puede dejar de contemplar que el actual alcalde, un veterano negociador, que se crece en la adversidad cuando está contra las cuerdas, también puede aliarse y seguir en su despacho de la Casona del Parque, imitando la fórmula gubernamental andaluza actual. Los sondeos electorales, ya se sabe, se aproximan pero son solo eso. Lleva puesto un amplio conocimiento de la ciudad y de los ciudadanos. Málaga está en un momento de cansancio. Es tiempo de la micro política, la de mirar al barrio donde habitan los votos. De que estén limpios, de que haya silencio, de que llegue la cultura amplia. De orden y concierto. De un compromiso real y permanente con los vecinos. La ciudad del presente, aguarda por su futuro.

La gente de la calle está hasta el gorro de la mega obra del Metro, que no acaba nunca, que tiene en jaque a la principal arteria de la ciudad en su mismo centro urbano. Que se ha eternizado en ‘bajo tierra o superficie’, que no llega aún donde debería haber llegado ya. Los barrios padecen de suciedad endémica, con una empresa de limpieza, que no acaba de constituirse como un ente municipal actualizado a los tiempos empresariales. Conserva demasiados vicios dentro de su estructura, a costos inmensos, para sus pobres resultados. La infraestructura sanitaria adolece de nuevos centros hospitalarios –el Este de la ciudad no tiene uno– y de ampliar los Centros de Salud, no se sabe. Ha mantenido pleitos con Bomberos, que incendian su gestión; la Policía Local patrulla a disgusto. No se detiene la invasión territorial de bares y restaurantes sobre el espacio público. El Guadalmedina, un río con un caudal de ideas, sin solución. Ha hecho mucho en veinte años, sin duda, pero el instante actual requiere de un compromiso mayor con esta capital, que no solo del Sol viven los ciudadanos. Ellos tienen el voto y conocen sus necesidades cercanas.

Aquí también se vota por las europeas. Con el patio local tan bullicioso, esa Europa nos queda lejos. Un centro de poder confederado asediado desde el exterior (presión migratoria, la obsesión del coronel Putin, el esquivo Trump); desde su interior, con el temblor telúrico del Brexit, la economía en terapia intensiva; la carga de socios enfermos crónicos y con los dos gigantes, Alemania y Francia en cuentas casi rojas, anegadas por el escaso crecimiento. Sin dejar de mirar la ola de partidos a la extrema derecha, como respuesta a todas esas circunstancias. Los euroescépticos planean acabar con esta UE, desde sus propias instituciones. El voto europeo va a constituir un Parlamento bien diferente al actual. Nuestra versión independentista también se sentará en el hemiciclo europeísta. La UE puede entrar en estado terminal.

De coronarse como primer edil, Dani Pérez sería el primer dirigente estudiantil de la UMA (sus inicios políticos), que dirija a la ciudad. Su compromiso con la universidad pública es directo. La UCAM no encontrará abrigo en esta capital con terrenos regalados, ha declarado. Al final, sería un Delfín de un barrio popular malagueño. Falta mucho. El mayo municipal acaba de empezar.

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