Relatore Traditore

12 Feb

Atrapado entre el Govern catalán y las protestas contra el ‘relator’, Sánchez da un giro de 180º para lograr que le aprueben sus presupuestos

 

A sorpresa por día, ahora tenemos al ‘relator’. Ha originado una hecatombe dentro y fuera del socialismo. El gobierno rompe con los secesionistas

Carlos Pérez Ariza

Otra imposición de los que menean el ‘procés’. Sus posiciones inamovibles (independencia sí o sí) colocan en suspenso la mesa del diálogo. Este ‘relator’, que tendrá que ser un ‘figura’ de renombre (hay ya candidatos), es propuesta por la Generalitat en tal mesa de partidos (donde no están todos los partidos). La confusión está servida. Si se entiende que es una especie de notario, para que dé cumplida fe de lo que allí se habla, bastaría con grabar y transcribir. Un taquígrafo, tal como se hace en las sesiones parlamentarias. Llevar ese diálogo al Congreso de los Diputados es lo que piden voces dentro y fuera del PSOE. Señalan que podría convertirse en un mediador. Un observador-analista participante, tentado a inclinar los debates hacia los independentistas. La palabreja ha incendiado el patio político del reino más aún de lo que ya está.

El relator, según DRAE, es, evidentemente, el que relata; es decir el que cuenta lo que escucha. Podemos recordar el antiguo adagio: ‘Traduttore, traditore’ (Traductor, traidor) al transcribir de un idioma a otro; pero también, en este caso, el de poder relatar, según convenga. Se aplica a quien relata los parlamentos en un congreso o asamblea. En un tribunal al letrado que relata los autos pendientes. Es habitual hablar de un relator en los ámbitos de la diplomacia y el derecho internacional. Es, precisamente a lo que aspira el gobierno catalán, empeñado en su objetivo principal: Internacionalizar su salida de España.

Así iban las cargas, hasta que se torcieron. La ola de protestas, desde dentro del PSOE y de todas las fuerzas políticas de la derecha en sus horizontes callejeros; ha obligado al gobierno de España a darle un portazo al diálogo con los secesionistas. La relación directa entre la urgente necesidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y el diálogo con el Govern es evidente. Ellos piden referéndum, Pedro Sánchez necesita tener amarradas las cuentas para seguir gobernando desde su precaria minoría. A los catalanes les conviene que siga, no vaya a ser que unas elecciones pongan en La Moncloa a la derecha ampliada cuya bandera es la unidad de España. Los independentistas tienen ahora la pelota en su tejado. Si no apoyan los PGE, empujan al gobierno a convocar elecciones una opción de alto riesgo. ¿Quién desata el nudo catalán? No hay ‘relator’ que lo pueda narrar.

El Govern sigue en lo mismo: Una mesa de partidos con un ‘mediador internacional’, que proyecte sus intenciones de Estado a Estado. El Gobierno español se niega, pues sería reconocerlos como una nación independiente. Frente al ultimátum de Pedro Sánchez, los secesionistas no se mueven. La vicepresidenta, Carmen Calvo, insiste en quitarle hierro al término. Lo ha definido como un simple ayudante, convocador, coordinador de esa mesa. Uno para tomar notas de las discusiones, un relator de congresos, ha dicho la buena señora. En fin, un notario al uso. Aunque se prefiere a un catalán que conozca el territorio, y que hable el idioma local, por supuesto. La portavoz del Govern, Elsa Artadi, está alegre con esa figura.

Con el telón de fondo del juicio por sedición, alzamiento, golpe al Estado de derecho español, que comienza hoy mismo y prevé un largo ejercicio de tres meses al menos, las fuerzas políticas se agitan a su aire. Podemos, el socio más abultado de Sánchez, no cree que un ‘relator’ vaya a poner en peligro la democracia, con ellos mismos es suficiente para hacerla zozobrar. La derecha en bloque se ha concentrado, desbordando Colón en Madrid, por un terreno que conocen poco. Una moción de censura popular, dicen. Acusan a Sánchez de traidor a la patria. Parecen recordar aquello de ‘Roma traditoribus non praemiat’ (Roma no paga traidores).

Los barones socialistas y sus voces de la experiencia, Alfonso Guerra y Felipe González desprecian a ese posible mediador. Alertan sobre las inasumibles pretensiones de Quim Torra (autodeterminación), ‘que calcinará a la democracia’. La exbaronesa Susana Díaz, guarda prudente silencio. VOX, que crece soterradamente al pairo del asunto catalán (mucha gente teme por la unión de España), ha puesto a sonar alarmas en la izquierda. El bendito ‘relator’ más parece una cesión graciosa, una bajada de pantalones, ante la presión que no cesa de Torra y sus independentistas: los presos, los huidos y las bandas violentas que agitan las calles catalanas.

El asunto Cataluña, mecha que encendió la moción de censura sanchista, apoyada por la bancada nacionalista, los anticapitalistas y todos contra Rajoy/PP, ahora se miran en el espejo enrejado de aquellos socios circunstanciales, que piden su paga en secesión. Con su libro (incluida ‘relatora’) ‘Manual de resistencia’, el presidente legitimado por el Congreso, tiene que pagar esas facturas sin retraso y sin protestar. Resiste, sí. No le queda otra ante el dilema de una convocatoria electoral muy incierta para su proyecto. El procés lo catapultó y ahora puede que lo tumbe. La Moncloa bien vale una misa en catalán. No hemos visto nada aún, Sancho, que está España para coger palco debajo de un olivo. ¡Vaya reino!

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