Doce votos sin piedad

8 Ene

VOX, una piedra en el camino hacia el ansiado gobierno de la derecha en Andalucía

 

Lo de pactar no tiene costumbre por estas latitudes. Aunque Valls se empeñe. Ahí va Sánchez atrapado a largo plazo. Matrimonios avenidos con los dientes apretados

Carlos Pérez Ariza

Aquí parece que a las derechas le sucede lo mismo que a las izquierdas. Ponerse de acuerdo en lo básico para gobernar suele ser más que difícil. Andalucía está pasando por esa prueba de fuego. Quieren comenzar el cambio de paradigma político, pero se han encontrado con un inesperado invitado llamado VOX. No lo quieren en su mesa (PP/Ciudadanos), aunque no pueden empezar la comida sin ellos. No le invitaron a confeccionar el menú, incluso lo han señalado como poco apetecible en el nuevo banquete andaluz. No querían mezclarse con unos ingredientes posiblemente tóxicos para los espectadores y lectores de titulares adversos. El dilema está servido. El pacto de gobierno está firmado sin VOX. Ahora, los dos socios, para facilitar la investidura y que los fogones enciendan, necesitan esos doce votos. Los de VOX levantan la voz. Pueden contar con ellos, con algunas puntualizaciones a ese menú de brillo y esplendor del cambio. El más notorio ha sido y es el referido a introducir modificaciones en la ley de protección a las mujeres. Una piedra en el camino que puede trancar la proclamación del nuevo gobierno de Andalucía.

El fantasma ‘que viene la derechona’ se agita por toda España. Tras el estado catatónico de las izquierdas ante el derrumbe socialista andaluz, se alza ahora contra el relato de ese VOX ‘facha’, que quiere ‘poner orden’ en la forma de enfocar la penalización a los hombres desde la óptica de género femenino. El mensaje es simple y directo, fácil de entender: éstos de VOX son unos machistas redomados. Ellos se defienden exponiendo sus puntos de vista en relación a blindar la presunción de inocencia y hablan de un enfoque intrafamiliar, donde entra las posibles agresiones de mujeres a hombres y niños. Todo esto pasa por la asignación presupuestaria, que permita poner en vigor tales leyes contra la violencia de género. En un próximo gobierno, presidido por Juanma Moreno Bonilla, se podría aplicar, poniendo el dinero suficiente; meterla en un cajón para un estudio experto o derogarla. Esta última opción no parece factible. Originaría una avalancha de protestas con una opinión publicada muy adversa. Se gobierna con la prensa.

Desde el verano 2018 a esta fecha, la Junta ha puesto 50 millones/euros para ejecutar tales medidas. Está claro que sin la dotación presupuestaria no se podrían aplicar y se incumpliría una norma del Estado. Eso podría dar pie a la aplicación del artículo 155, acción a la que ya se ha referido el presidente Pedro Sánchez. Estos vericuetos legales los conoce VOX. Por tanto, parece que su órdago va más hacia obligar a sentarse a los firmantes del pacto (PP/Cs), y recordarles que necesitan a los doce diputados que juraron sus cargos por España. Más parece un regaño por no haber contado con ellos en esa mesa inicial de negociación, sabiendo que su apoyo es crucial para posibilitar el nuevo gobierno. La otra opción, de no contar con VOX, es convocar a nuevas elecciones. El PSOE espera en la barrera de sombra a que eso suceda. Seguramente podrían movilizar a sus votantes ante la amenaza de esa ‘derecha añeja’. Javier Ortega Smith (VOX) lo ha dicho firmemente: “Es mejor volver a las urnas que defraudar a los andaluces con unas expectativas de cambio falsas”. Tal vez piense y crea que sus 400.000 votos puedan multiplicarse. No parece que antepongan echar al PSOE primero y después negociar en el ajedrez parlamentario. Manuel Valls (aspirante a la alcaldía de Barcelona) invoca un macro pacto constitucionalista, sin VOX. Ese cordón antipopulista no funcionó en Francia. Marine Le Pen ríe en francés.

En este pugilato derechista, el PP se muestra dispuesto a negociar sin que se le impongan camisas de fuerza. Cs no quiere ni oír hablar de VOX. José Manuel Villegas (Cs.) repite que su compromiso es con las 90 medidas principales acordadas con el PP. Otra cosa será después la ‘geometría variable’ en el parlamento andaluz. Lo que parecía un camino por la florida campiña andaluza, se ha tornado en un tifón que puede dar al traste por el ansía de gobernar una mudanza política.

El PP más ducho en pactos y negociaciones se ha sacado un AS de la manga. Ofrece a VOX ampliar las ayudas a todas las víctimas que sufran violencia doméstica por parte de mujeres: niños, hombres, ancianos. Es una oferta que sitúan fuera del pacto con Cs, y que afinarían tras la investidura. Esperan así rebajar el cabreo de VOX. Esta clave puede desbloquear el apoyo de VOX. Son y serán un socio molesto en esos bancos andaluces.

Doce diputados sin piedad. Miran a una España unida. Los articula la amenaza separatista de catalanes y vascos. Reaccionan contra la forma laxa de administrar justicia. Ven como impresentable que los tíos de ‘la manada’, sigan en libertad con cargos. Que no se aplique la prisión permanente revisable en casos de violación y asesinato. Les indigna que el dinero público se despilfarre. No entienden que haya gente acosada por ir a los toros o que coja el monte a cazar. En fin, por esas razones y algunas otras más, recabaron 400 mil votos en Andalucía. Así, sin comerlo ni beberlo. O tal vez sea que hay muchos españoles que piensan como ellos.

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