Hágase la luz

30 Nov

Que no falten luces en esta Navidad (foto: Arciniega)

No es cuestión de costes altos, ni de dejar la Navidad en tinieblas, ni de ahorrar algo en relación al año anterior, ni de gastar menos energía con 200 mil bombillas más. No, es que la crisis obliga a comer primero aunque sea con menos luz. La verja sigue en pie

Se acaban de publicar cifras alarmantes de la pobreza crítica en Málaga. De familias que nunca imaginaron hacer cola para comer de la caridad pública o privada. De personas que duermen en sus coches, porque no tienen más techo sobre sus cabezas, de camas calientes, de habitaciones pateras. Pero el titular nuevo olvida al del periódico de ayer. Hoy toca iluminación de Navidad. A todas luces, parece excesivo gastar 900.000 euros en más de 4 millones de lámparas por muy Led que sean. Aunque la justificación sea alejar el fantasma de la depresión económica e invitar a la gente a pasear de noche bajo el estrellado manto de luz artificial, y comprar algo de esperanza.
      Lo que no verán los paseantes iluminados será la macro valla de la hija del farero. Cuando la iban a colgar, como telón de fondo de la calle Larios, la dejaron en suspenso los dueños del inmueble. No se verá en su gran dimensión, pero el marketing viral de las redes sociales sí ha ‘colgado’ una imagen virtual de la misma. Claro, que el público objetivo de esa concurrida y luciente arteria urbana, que en Navidad abarrota sus esquinas, no van a recibir el mensaje directo, visual de la candidata socialista. Por ahora, tendrá que seguir presente en el foro virtual de Facebook, Twitter, donde su campaña campa a sus anchas.
      Mientras nos iluminan, los malagueños dicen estar preocupados por la suciedad, los atascos y el paro, la inseguridad y la escasez de zonas verdes, en ese orden. Lo han dicho en un sondeo realizado por Merco Ciudad 2010, cuya muestra se basa en encuestas telefónicas y la opinión de 95 expertos en gestión urbanística. Pese a las marcas negras, muchas de ellos insertadas en la historia de la ciudad desde hace demasiados años, como es la limpieza mínimamente aceptable, al parecer imposible de lograr, Málaga tiene puntos positivos en relación a la creación de empresas y a su oferta de mar, sol y diversión generalizada, a pesar de tener las peores playas del Mediterráneo.
      El paro en la ciudad, que alcanza ya los 71.000 desempleados, significa el 18,2 por ciento del total de la población activa (16 a 64 años). Casi la media nacional, aunque por debajo del total de Andalucía que ronda el 30%. La de la UE (eurozona) está alrededor del 10% y Alemania roza ya, en este mes, casi el pleno empleo. Pero Málaga con estas cifras y las que dieron las entidades dedicadas a la atención directa en comidas, ropa, útiles escolares, no refleja en la realidad los datos optimistas de la citada encuesta.
      Tenemos la sensación de que falta algo, no nos engañemos con sondeos cariñosos, amables con la ciudad, que pueden que maquillen la realidad con una perspectiva fácil, sin mirar los vectores que se hunden en lagunas históricas que apestan. Este diario, publicaba el viernes pasado un editorial breve, pero profundo. Ponía el dedo en la llaga: un debate público empobrecido por la ausencia de intelectuales. Gran participación de ideas pobres en un extenso mar de una profundidad irrisoria. Se quejaba el escrito del “vacío lacerante de verdaderos expertos e intelectuales en los centros de decisión”, pues eso puede ser una de las causas de que se tomen tantas decisiones erráticas, que no conducen a ninguna parte, como la de gastar esos casi 150 millones de pesetas (900.000 €) en bombillas navideñas. Puede ser.
      Es cierto que estamos mejor comunicados, por fin; que la universidad empieza a despegar hacia un campus de excelencia, aún por consolidar y que nos considerados a nosotros mismos, como alegres, optimistas y buenas personas; y que tenemos un puñado de museos y salas de cine, aunque los bares siguen siendo abrumadora mayoría, pero aún faltan luces para poder ser la gran ciudad del Sur de Europa. Y no precisamente las que cuelgan de los árboles y las farolas.

La abstención

23 Nov

Un temblor recorre el cuerpo político. Los expertos sacan cuentas, analizan sondeos, se miran perplejos. La campana de alarma viene de Cataluña, pero amenaza con extenderse como una epidemia contra la que no hay vacuna. La verja sigue en pie

A seis meses de las elecciones municipales, las dudas asaltan a los comités de campaña, que ya ensayan fórmulas mágicas para alejar esa nube negra llamada abstención. La escasa participación no ayuda a ningún candidato. El socialista catalán, abatido por los sondeos y por una previsible desmovilización de sus seguidores, ha declarado que no seguirá en eso de los mítines; por su tono de voz en catalán, ni siquiera en la política territorial. Allí, el tripartito está a la desbandada, sólo les queda recoger banderas nacionalistas y apoyarse en la esquina independentista de un discurso agotado. Los populares crecen, pero comenten tantos errores de marketing vídeo-político, que se siguen quedando en el desván del poder en esa Comunidad.
      En el trasfondo todos saben, pero no se quieren enterar de que el personal está bastante harto de tanta palabra hueca. Conseguir que la gente se levante a votar un domingo se pone cada vez más difícil. Los votantes pasan muy mucho de ir a votar por quienes dicen que los representan, pero que, a la hora de la verdad, no defienden sus intereses, que son simples, se reducen a uno: un puesto de trabajo. La gente es que no ve brotes de ningún color, ni la lucecita al final del túnel, ni que esto vaya para ninguna parte. Y éstos, que pierden el tiempo en gritar en los mítines, que hacen vídeos cutres de lux, que se creen las mentiras repetidas como si fueran verdades, que se piensan que las redes sociales son la panacea electoral, que oyen, pero no escuchan, caminan de espaldas a la realidad.
      El miedo se les ve en el rostro. No votar por ellos, se temen, puede ser en esta ocasión una respuesta masiva. En situaciones extremas, donde la sociedad se enfrenta a una situación inédita, que la desborda, como es esta crisis planetaria, las respuestas tienen que ser, igualmente, originales. Aquí ya no basta con reunirse una mañana para cambiar suelo por dinero, cines por solares, tránsfugas por votos, terrenos por promesas de hospitales, parque por titularidad, palacios por pinturas, puerto por súper y demás artimañas al uso; para el día siguiente decir que no, que a volver a reunirse y así hasta el fin de los tiempos, mientras los espectadores van, con cara de incrédulos arrugados por las mentiras que parecen verdades, a la cola del paro, mientras la UE da dinero a los países en quiebra.
      Es cierto que el problema no es fácil de resolver, que nadie tiene la pócima mágica, ni los americanos la encuentran. Pero hay que mirar hacia dentro y plantearse las preguntas seriamente. Estamos en la zona euro con más alto índice de desempleo, parece un elemento estructural del sistema industrial, económico, financiero español, que al recibir el huracán exterior se derrumbó como un frágil castillo de arena sin cimientos. Pues cojan el toro por los cuernos y cállense durante un buen rato, reúnan a los sabios de verdad, sin mirar el carné del partido y encuentra soluciones, cambien lo que haya que cambiar a fondo, y rápido; porque si no las municipales van a ser un bofetada histórica. En estos casos extremos se recuerda a Sir Winston Churchil, que ofreció a sus ciudadanos ‘sangre, sudor y lágrimas’; le respondieron, aguantaron. El primer ministro ganó la guerra, pero perdió las elecciones.
      La democracia es un juego que puede salir caro a largo plazo, y si no se afinan sus instrumentos de participación se va convirtiendo en una partidocracia, y entonces las naciones terminan en la UVI. Miren los ejemplos de México, tras 100 años de partidocracia, 70 de ellos con el PRI mandando, ahora se ha convertido en un territorio comanche en manos de las mafias de la droga; o Venezuela, democracia desde 1958, pero con tres década corroída por el cáncer de la corrupción, ha devenido en el paradigma del socialismo del siglo XXI, un trasnochado invento para seguir robando el petróleo.

Los malos y Adif

16 Nov

Los sabuesos le muerden los talones a la mafia internacional de la Costa del Sol

Las policías están desbordadas. Persiguen, captura y extraditan a los malos. Pero éstos son escurridizos, profesionales de la huida, que han encontrado en el sol malagueño un refugio casi seguro. Adif nos perdona la vida. La verja sigue en pie

Todos tienen apellidos extranjeros: Tranter, Baxendale, Pitman, Tzolov, Kalashov, entre otros. Sus delitos son variados y parecen protagonistas de una novela negra europea aún por escribir. Violadores de menores, homicidas, narcotraficantes, estafadores, mafiosos de Georgia. Tras muchos, demasiados meses de pesquisas, los investigadores del mal, han dado con algunos y le han colocado las esposas a un centenar de ellos. El sol malagueño delató su sombra de delincuentes internacionales. La operación la firma la Udyco-Costa del Sol.
      Esta redada selectiva tiene el valor, no sólo de limpiar la costa de un nido de peligrosos antisociales, sino la calidad delictiva de las piezas cobradas. Son individuos expertos en el escape, desde poder huir de sus países de origen hasta camuflarse en pequeñas localidades de la Costa del Sol, donde la afluencia de extranjeros es cosa cotidiana. Capaces de cambiar su apariencia mediante el bisturí de la cirugía plástica; de obtener pasaportes falsos, con apariencia de verdad. De pasar desapercibidos como un guiri más de los miles que pululan por playas, piscinas, bares, restaurantes, centros comerciales y hasta colegios para sus hijos. Un paraíso para la jet set de la delincuencia profesional.
      Esto es ‘caza mayor’ dicen los orgullosos polis, y no es para menos, porque la carta que juegan estos ‘malos’ es creer que las fuerzas policiales españolas no hacen bien su trabajo; otros colegas del mal les han contado que son funcionarios vagos y que esta Costa es segura por tanto para ellos. Parece que está dejando de serlo. Con sentido del humor negro, le pusieron ‘Cardhú’ a una operación que peinó los bares, donde había indicios de que los buscados eran habituales de la noche de copas; cogieron a cinco de ellos con el escocés en los labios. Estos policías cuentan con unos valiosos aliados o colaboradores, los ciudadanos de a pie, que han dado la alerta en algunos casos, con la consiguiente detención de los sospechosos.
      El grueso de los capturados son franceses y británicos, aunque los del Este de Europa y los rusos de diferentes localizaciones completan esta legión, que, en muchos casos, se enfrentan a cadenas perpetuas en sus países de origen. Una condena que en España sería mucho más benigna. No en vano, éstos suplican por ser juzgados aquí, sobre todos los rusos, ya que saben que de sus cárceles no saldrán nunca.
      ADIF más es menos. No se puede dejar de preguntar, qué mosca le ha picado al presidente de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), el malagueño Antonio González para ceder los terrenos para el bulevar por encima del soterramiento de las vías del tren AVE, que empecinadamente se negaba a entregar, cosas de la aritmética electoral. Nos cede anticipadamente el suelo -muchas gracias, señor González-, a la espera de que el tribunal dirima la cuestión de la titularidad del suelo. Cualquiera que sea esa decisión judicial, ADIF espera una ‘compensación urbanística’, lo cual significa en lenguaje llano unos terrenos para su aprovechamiento por Renfe. No les basta con todo lo cedido ya por la ciudad: la nueva estación ‘María Zambrano’, centro comercial incluido, núcleo de viviendas y un hotel, que ADIF explota, sino que por ‘ceder’ los terrenos del bulevar, también hay que pagarles más plusvalías. Málaga siempre contra las cuerdas.
      Con esos flecos por anudar, parece que el Ayuntamiento de Málaga se pondrá manos a la obra del bulevar. Eso es lo importante, que se construya, mientras el litigio camina por los lentos senderos de la justicia. Y como casi estamos en Navidad y las elecciones municipales vendrán de la mano de los Reyes Magos, los representantes de las administraciones se sientan a platicar con calma sobre el Parque Benítez, son los milagros electorales que sorprenden, porque cuando se presentan no se sabe bien si son espejismos y, como cándidos espectadores, queremos creer en ellos.

Campaña cibernética

9 Nov
 

En busca de amigos virtuales...todo por un voto

La navegación electoral surca el oleaje digital. El alcalde, digitalizado, entra en la posmodernidad. La candidata, que ya está digitalizada y es posmoderna, aspira a ser un referente a lo Obama. El de IU es discretamente digital. La verja sigue en pie

El alcalde, en apenas tres o cuatro días, supera los 250 amigos en Facebook, la hija del farero, una activista ciberespacial, roza el millar. El representante de la minoría municipal, sin mucho alarde, supera el medio millar. Por amigos, que no se discuta. Pero Málaga no es aún territorio Wifi, ni todos sus votantes están enganchados a las redes sociales, pocos aún faizbokean o tuitean a diario. Las elecciones municipales no es una película Matrix. Esto es Málaga, una capital de desempleados, de gente que hace cola para comer, que duerme en un coche, que sobrevive ni siquiera al día. Sea dicho esto, desde luego, sin menoscabar el poder extensivo de dichas redes y su papel como comunicador selectivo en los targets correspondientes, pero no en todos.
      Aquí se puede utilizar la herramienta que se desee, al final, como vaticinó Marshall McLuhan, ‘el medio es el mensaje’; pero de lo que se trata es llegar a entusiasmar a los votantes para que se levanten ese domingo y vayan a depositar la papeleta, que aún no es digital, ni virtual, sino de papel. Por ahora y aquí, estar es las redes es indispensable, pero no va a dar la victoria a nadie. Estamos en una encrucijada donde el mensaje es más importante que nunca. El riesgo es la abstención.
      Porque el mensaje está deteriorado y los receptores hartitos. Demasiadas promesas, aspiraciones incumplidas que ponen a los malagueños en la tesitura del escepticismo más profundo. Los titulares repiten, incansables las mismas palabras de los políticos: ‘vamos a hacer’, ‘queremos construir’, ‘debemos ponernos de acuerdo’; pero nunca lo consiguen. Al final, la triquiñuela, el drible artero, el bache administrativo, el ahora no hay dinero; abortan o retrasan cualquier idea, proyecto o amago de intención. Tres administraciones condenadas a no ponerse de acuerdo casi nunca, y eso no lo va a cambiar el espacio virtual, ni un millón de amigos.
      Así nos va, cada semana se recuerdan los planes prometidos y no realizados. Málaga es una ciudad por terminar, como la Andalucía, según José Griñán. Aquí, todo puede esperar. La lista es larga, pondremos un etcétera al final, para no alargar esto demasiado. Auditorio, Macro Hospital, Bulevar, sobre el soterramiento del AVE; Puerto, con su verja en pie aún; tren litoral, en un costa de sol y golf; Baños del Carmen; Convento de La Trinidad, sin cuentos; Campamento Benítez, sin concretar todavía; las Torres Repsol, más bajitas, pero sin levantar; el eterno Guadalmedina; Parque Arraijanal, etcétera. La única obra pública con dinero de las tres administraciones que sigue avanzando es el Metro de Málaga, tal vez la excepción que confirma la regla.
      Los demócratas del triunfo de Barack Obama, se apoyaron en los millones de adeptos a las redes, pero, ojo, no descuidaron el contacto cara a cara; el cuerpo a cuerpo de un millón de voluntarios que su partido desparramó de Este a Oeste; de Norte a Sur, para llevar el mensaje del entonces aspirante a la Casa Blanca. Pero en EEUU, los cibernautas son 300 millones de activistas. El uso de Internet es superior al teléfono fijo. El cibercomercio es una práctica tan corriente como la tarjeta, el plastic money. Hay que recordar también a los gurús del cibernetismo malagueño, que barrio adentro, el único Facebook o Twitter que existe se llama cabreo generalizado. Y que Obama, por llevar a cabo sus promesas, está ahora en la picota electoral. ULTIMA HORA: Face-God save the Queen…60.000 amigos, sólo para arrancar.

La cultura, idiotas

2 Nov

De las derrotas hay que sacar lecciones aprendidas. La primera es aceptarlas. La segunda es corregir los errores. Si la vapuleada Fundación sirve para enderezar el rumbo, mantenerla, si no borren el logo. La verja sigue en pie

A ver si logramos convertir a esta ciudad en una capital cultural aunque sea sin título

La función de las instituciones llamadas culturales, públicas o privadas, es facilitar a los creadores sus iniciativas y proponer, ellas mismas, proyectos de envergadura cultural. Eso en Málaga brilla por su ausencia. Aquí, tales instancias se limitan a lo que marca la agenda de las citas artísticas, casi siempre sin pena ni gloria. Una de las pocas iniciativas con proyección, hace ya trece años, ha sido el Festival de Málaga de Cine Español, que ha devenido en una alfombra roja para adolescentes. Con un programa de películas de segunda división, de telefilms arrugados por presupuestos basados en las prebendas de la administración central. Un proyecto que no se ha desarrollado, hacia una ciudad del cine, por ejemplo, que crearía empleo, sino que ha involucionado. A partir de esto, nada que reseñar. Un festival de teatro pobre, una temporada de ópera mínima, una Filarmónica constreñida, unos museos, que no levanta pasión, ni siquiera ese Picasso soportado por dinero público abundante; un Instituto del libro, que se remite a editar publicaciones, sin otras ambiciones. En definitiva, cultura para las élites. Sólo la Feria de agosto, se podría calificar como un acto cultural de masas, pero sólo porque se le da a los más jóvenes la posibilidad de hacer botellón sin multarles. Hay allí una caseta, que, desde hace cuatro años, se llena a reventar, la del cante y la copla. Si hay público, ¿por qué no promover ese programa todo el año? Un asco de panorama cultural.
Pero entonces, ¿no hay cultura? No, sí hay creadores a todos los niveles. Lo que no hay es comunicación verdadera entre ellos y las administraciones. Sin mecenas no habría surgido el Renacimiento, pero los dux o el Vaticano no tenían una oficina cultural del Estado. Por eso, la pretensión de mantener una Fundación Cultural (sin el 2016 ya) con todas las instituciones públicas tendría sentido si se convocan en ella las voluntades de los artistas, todos, para crear una verdadera ciudad cultural, más allá de fechas señeras, cosa que no se hizo a fondo en esta oportunidad perdida. Si se deja esa Fundación para repetir el esquema de funcionamiento de consejerías o concejalías culturales al uso, incluido el Ciedes, en manos de burócratas de la administración, de paracaidistas de la foto-risa, de foráneos de la estrella fugaz, jubilados sin ideas bajo su sombrero o eficaces administradores del papeleo, mejor cerrarla y correr un estúpido velo sobre ese amago de querer ser lo que aún no somos.
Esta ciudad lo que necesita es apoyar a los creadores, no pelearse con ellos. Es proponer ambiciosas reuniones de la cultura popular, que convoquen a un público europeo hacia una verdadera capital cultural del Mediterráneo, no porque nos hayan dado ese título, sino porque en verdad lo seamos. Es propagar la cultura a cada uno de los barrios de la capital, sacar las actividades artísticas de los templos consagrados. Lleven un concierto de cámara a una placita de la Carretera de Cádiz, se sorprenderán. Es utilizar bien y mejor las infraestructuras que tenemos y crear nuevas abiertas, no tantos cenáculos para especialistas. Una ciudad sin un teatro de conciertos, con un teatro romano sin uso, enmarañado en una rehabilitación de tercera, que no ha sido capaz de concluirla. Con sólo tres salas de teatro; con un castillo y una alcazaba sin actividades musicales o teatrales. Sin una programación escénica ambiciosa para niños y jóvenes en una ciudad abundante de esa población, que será el público de mañana. Cultura al aire libre, en una Málaga subtropical. Es que no se les ocurre nada, sólo pensando en salir en la foto del día, está bueno ya.
Es la hora de convertir esa derrota anunciada en una verdadera carrera por convertir a Málaga en una capital permanente de la cultura. Pero con políticos así, que se apoyan en aficionados y no cambian la marcha con ese piñón fijo decimonónico, la cuestión no es fácil. Es la hora también de que los creadores se pongan en su sitio y exijan que se les escuche, que esa llamada democracia participativa, tan posmoderna, tan chic en declaraciones de ruedas de prensa, se haga realidad en ese sector olvidado.